Casas prestadas

por Fer Población

Deespués de las fiestas navideñas creo que muchos de vosotros habréis pasado unos días en casa de vuestros padres… y es curioso las cosas que te vienen a la mente, los recuerdos que recuperas cuando vuelves al hogar paterno aunque sólo sea por un par de días. Una de las primeras cosas que me ha llamado la atención es que es imprescindible hacer noche en la casa de tus progenitores para que afloren estas sensaciones. No vale limitarse a ir a comer, o de visita, no, hay que entrar en la rutina, en l dinámica del día.

Lo primero que te llama la atención es que la nevera de tu madre es mejor que la tuya. Puede que te acabes de gastar una pasta en una nevera de diseño con conexión a internet y que hasta te prepara gin tonics sola (con lo dificil que se ha vuelto preparar un gin tonig), pero la madre tu madre es mejor. No hay discusión. Y es que si en la tuya hay jamón york, en la suya es de patita negra, si en la tuya hay cerveza, en la suya champagne, si en la tuya hay paté la piara, en la suya mi cuit… la suya es mejor sin duda. Y todo esto pensando que eres una persona organizada que tiene algo en la nevera que pase del típico limón negro y el yogur caducado, que puede que sea mucho suponer.

Y claro, como su nevere es mejor te das cuenta que cualquier hora es buena para comer. Las comidas se van superponiendo unas con otras hasta que se entremezclan y se confunden. Desayuno, almuerzo, aperitivo, comida, merienda y cena pueden llegar a fundirse en una sola comida que dura doce horas, de diez de la mañana a diez de la noche.

Más complicado es el tema de dormir. Duermes cuando tu madre quiere. No importa que tengas ya 34 años (los mios), que estés de vacaciones, que salieras hasta las mil… el aspirador se va a pasar a la misma hora te guste o no. Más vale que te guste porque esa batalla la tienes perdida.

Los sabores… los olores… reencuentras sensaciones que tenías en la papelera de reciclaje de tu memoria. Y sonríes porque te hace pensar en los tiempos en los que todo era más sencillo, aunque a ti no te lo pareciera. Esa sensación de pedir permiso y por favor, porque a fin de cuentas no es tu casa, es un espacio cedido en el que te dejan permanecer.

Incluso puede que muchos hayáis vuelto a entrar en vuestros cuartos de cuando érais más jóvenes, con vuestras fotos, vuestros posters, vuestros juguetes… hayáis podido asomaros al niño que érais y compararlo con el adulto que sois. Espero que hayáis salido ganando en la comparación.

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