Regalos de San Valentín

por Fer Población

Que sí, que ya sé que queda cosa de un mes para el díita de marras, y precisamente por eso quiero hablar de este tema hoy. Porque hoy es cuando se gestan los buenos regalos para ese día, con tiempo. A ver queridOs amigOs, o el grupo de vosotros que podéis pedir el menú para dos, lo primero que debo deciros es… que no os engañen. Eso de “mejor no nos compramos nada que tenemos que ahorrar” es mentira. Lo que realmente te están diciendo es “espero que me sorprendas con algo original, que te hayas currado y me encante”.

A estas alturas de la vida creo que ya todOs nos hemos dado cuenta de que lo que ellAs dicen no tiene nada que ver con lo que ellAs piensan o lo que ellAs quieren decir. Ni bueno ni malo, simplemente diferente. Porque tened muy claro que el caso de que alguno de vosotrOs, ingenuos de vosotrOs se os ocurra hacer caso omiso a eso de “así ahorramos” y pongáis un riñón de garantía para poder pagar en dos cientos cómodos plazos el bolso “ideal” que vio en el escaparate… os la ganáis… el bolso se lo queda… pero os la ganáis.

Para encontrar el regalo perfecto en estas fechas hay que ser ingenioso, romántico, economista, artista, innovador, atrevido, respetuoso, tradicional, apasionado, correcto… las tesis doctorales tienen menos dificultad. El regalo de San Valentín perfecto es un rumor, un mito urbano, como las tetas explosivas de la Obregón o la nocilla del señor Martin… que por cierto ahora que Ricky ha salido del armario me da a mí que la nocilla la pondría en otro sitio… cosas que piensa uno oye.

Y claro, ya entramos en los subjetivo que es todo esto. Que cada pareja es un mundo (hacer turismo en este caso no es recomendable por el bien de tu salud genital) que algo que a ti te parece horroroso puede ser el sueño de otra persona (igual así entendemos que la Duquesa de Alba se haya casado), pero vamos que hoy, mi compañera de trabajo me ha dicho que en ese día tan odiado para nosotros los solteros, me va a regalar… ¡una patata! Casi me caigo de la silla de la emoción, se me ha encogido el pecho, saltado las lágrimas, partido el alma… una patata… ays es el colmen del romanticismo, no volveré a mirar una tortilla igual. De patatas claro.

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