Vestigios del pasado

por Fer Población

No lo entiendo. De verdad que no lo entiendo. ¿No estamos en el siglo 21? ¿No se supone que hemos avanzado, evolucionado y esas cosas? Pues nada que todos seguimos llevando nuestras llaves para casa y demás.

Y es que son las casas las únicas que se aferran a sus trocitos de metal. Porque ya existen otras opciones. Hay lectura de huellas, reconocimiento de voz, reconocimiento de pupila, claves, tarjetas magnéticas… pues nada, nos empeñamos en seguir jugando a ver si el trocito de metal entra y funciona. Que todas las llaves tienen su truquito, no es tan sencillo. El tener la llave no quiere decir que vayas a ser capaz de abrir, es tan cierto como que el hecho de cenar con una chica no quiere decir que no vayas a dormir solo. Ayuda, pero no tienes nada seguro.

Cada vez son menos los coches que tienes que usar la llave… te acercas y se abre. Punto. No con tu casa, o con la casa de otro. Porque esto es lo importante… cuando vas a casa ajena con llaves ajenas tienden a darte los truquillos para abrir la puerta de marras. Es muy sencillo, metes la llave, haces el pino puente, recitas el génesis al revés, aciertas la lotería y listo. Vamos que te ves con la llave en la mano dándole vueltas y la sensación de que todos creen que quieres entrar a robar.

Ahora que podemos encender la calefacción desde Australia con el móvil ¿de verdad que a nadie se le ha ocurrido algo mejor que la llave? Aunque por otro lado… ¿seremos capaces de separarnos de nuestras queridas llaves? ¿de dejar de ser serenos de nosotros mismos? Me temo que no. Los experimentos con gaseosa.

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