Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: enero, 2014

10.000

10.000 guiños, 10.000 segundos, 10.000 miradas. 10.000 visitas sumo ya en mi blog, y puede que no parezcan muchas, pero desde mi punto de vistas son 10.000 pequeñas y victorias. Personas que se asoman, os asomáis a ver lo que pienso, siento, digo. Ver cómo respiro ese día y qué se me ha metido en la cabeza. No sé si es curiosidad o interés, pero lo que es cierto es que aquí estáis. Todos los días.

Siendo sincero, que no sé ser de otro modo, os diré que sigo echando de menos un poco más de vosotros, pero a fin de cuentas yo asumo el peso de este tinglado y salgo a buscaros. No sé si escribo para vosotros o para mí, pero lo hago, y me gusta. Y debo confesar que en algunos momentos he tenido ganas de callarme, de cerrar el chiringuito e irme con mi blog cabalgando hacia la puesta de sol. No lo he hecho. Quizá porque tengo tantas cosas que contar que necesito soltar lo que llevo dentro.

Hay casos en los que me olvido de que me leéis. Que pienso sólo en mí mismo, delante de la pantalla soltando mis verdades sin filtro. Hay veces en los que dudo si finalmente si publicar o no lo que he escrito. No sé si me creeréis, pero siempre he terminado publicando. Tengo que ser coherente conmigo mismo. Desde el primer momento decidí que iba a soltar las cosas según me venían, ni siquiera releo lo que escribo, por eso fijo que debe haber mil y un erratas sueltos por los posts. Perdonádme esos fallos. Lo que pierdo en corrección lo gano en espontaneidad.

Pues eso, que ya habéis venido a ver 10.000 veces. Las puertas siguen abiertas.

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La sin razón de la indefinición

Estar a medias, sin definirse, sin tener claro nada, ni chicha ni limoná, entre dos aguas… es malo. Pero malo, malo, malo. Es lo mismo que no tener un rumbo fijo, ni una agenda que cumplir. Es estar en el mundo porque tiene que haber de todo y pensar en el calendario como una maravillosa fuente de papel para hacer dibujos.

Las cosas a medias no. Las medias tintas no. Los quiero y no puedo no. Que me canso, que estoy harto de la tontería que tenemos encima ya. Que se ha puesto de moda mezclar cosas y nos estamos volviendo tontos.

Ejemplos hay muchos… el brunch… ni almuerzo, ni desayuno breakfast and lunch) un híbrido a deshora que nace para las marmotas que quieren permitir que se les peguen las sábanas, pero sin perder su dignidad (o al menos eso se creen). Y si seguimos con el tema alimentario… ¿dónde han quedado los menús de primer plato, segundo, postre y café? Ahora ya en cada vez más sitios ves eso de “menu menú” ¿para cuando tienes medio hambre? Hombre por favor.
Pero la cosa va a más… proliferan los sitios donde puedes picar algo y tomar una copa… y no. Un sitio de comida tiene que oler a comida, y un sitio de copas tiene que oler a… bueno, mejor pensado no tiene que oler. Vamos que no me hace mucha gracia el estar con mi copa viendo como el de al lado se zampa una de callos. Raro que es uno oye.
¿Y la ropa? Pantalones piratas, camisas de manga corta, polos de manga larga, bufandas de kilómetros y faldas escasísimas… alguien se ha vuelto loco de verdad. Me han contado que un día le preguntaron a alguien qué tal la comida de una boda, su respuesta fue: Bien, lo frío frío y lo caliente caliente. Pues con la ropa debería ser lo mismo… lo largo largo y lo corto corto.
Y las relaciones de parejas… vamos eso ya es el colmo… amigos con derecho a roce, colegas, amigovios, compañeros, amigas, rollos… definir tu relación con alguien a veces es tan complicado como encontrar aparcamiento en el centro de Madrid (¿verdad Kike?) y las frases del tipo… no, no es mi amigo, somos conocidos… no ayudan. Definete, ayuda un poco, aporta.
Estamos confundidos y nos confunden. Seamos claritos por favor, no voy a decir que no cuesta, porque sé, pero ayuda.

De narices

Vuelvo a uno de mis clásicos, a alguno que llevo dentro de mí, algo de lo que por más que quiero librarme no lo consigo. Y uno cree que ya lo ha soltado todo, que no tiene nada más que dar, pero se equivoca. Me equivoco. Es mentira, siempre hay más, vuelven a salir y se hacen más fuertes y más presentes en el día a día. Vuelvo a tener mocos.

En serio, me paso la vida con la nariz pegada a un pañuelo, que a veces ya he pensado en ponerme una máscara al estilo japo y dejar que la cosa fluya. Estilo dodotis, pero nasales. No tengáis en cuenta la higiene de la idea, sino más bien la practicidad.

En el sorteo de la vida a mí no me ha tocado el timo del toco mocho, sino el del moco mucho. Con cien pañuelos por banda napia en rojo colgando vela… y es que si es invierno catarro y si es primavera alergia. Vamos que por h o por b al final siempre acabo en el mismo lugar, con mocos.

Es una de esas cosas por las que se nota que Dios hizo el mundo en siete días. Lo ha dejado por rematar. Querido Dios tengo goteras, mira a ver si puedes dar un parte al seguro y que alguien se pase a mirarme, por favor.

En serio que esto no hay quien lo aguante. Mocos malos, mocos caca.

A la vuelta de la esquina

Hoy estaba esperando a lo más parecido a una pareja que tengo, Carlos (como ya hemos acordado entre ambos sexo no vamos a tener, pero risas muchas) cuando ha pasado delante mío el Baraja, el de Aída, el amigo de Luisma. La misma pinta oye y con un perro atado con una cuerda y he pensado… coño ya lo entiendo, no es que mi vida sea de chiste (o sí), lo que pasa es que vivo en una comedia.

En esos cinco minutos que he estado esperando me ha dado por pensar. Suelo hacerlo, no suelo llegar a conclusiones brillantes porque no soy tan bueno pensando, pero sí que suelo llegar a conclusiones curiosas ya que sí soy bueno divagando. Y he pensado que lo mismo es que soy el protagonista de un reality, al estilo el show de trueman… puede que en el fondo haya millones de personas pendientes de las cosas que me van pasando. Vamos que no es que todo me pase a mí, es que todo me tiene que pasar a mí. Temas de audiencia, share y esas cosas. Hay un equipo de cabezas pensantes que deciden lo que me va a pasar cada día. Y claro no pueden defraudar

Todo tiene sentido… por eso cuando poco a poco me voy estabilizando tienen que dar un giro a la trama. Primero Salamanca, luego Villanueva, después Madrid, pasamos por Chile, ahora Madrid de nuevo ¿y mañana? pues oye ni idea.

En el fondo se lo pongo fácil… cada piedrecita que me ponen no es que me tropiece con ella… es que me tiro de cabeza. A cabezota a los Población no nos gana nadie y yo, como sabéis, soy muy Población. Población Población. Cabezón cabezón.

En esta vida de surrealismo, de saltos al vacío y de brindis al sol sólo espero y deseo una cosa… por favor cuando vaya al baño no grabéis.

Casas prestadas

Deespués de las fiestas navideñas creo que muchos de vosotros habréis pasado unos días en casa de vuestros padres… y es curioso las cosas que te vienen a la mente, los recuerdos que recuperas cuando vuelves al hogar paterno aunque sólo sea por un par de días. Una de las primeras cosas que me ha llamado la atención es que es imprescindible hacer noche en la casa de tus progenitores para que afloren estas sensaciones. No vale limitarse a ir a comer, o de visita, no, hay que entrar en la rutina, en l dinámica del día.

Lo primero que te llama la atención es que la nevera de tu madre es mejor que la tuya. Puede que te acabes de gastar una pasta en una nevera de diseño con conexión a internet y que hasta te prepara gin tonics sola (con lo dificil que se ha vuelto preparar un gin tonig), pero la madre tu madre es mejor. No hay discusión. Y es que si en la tuya hay jamón york, en la suya es de patita negra, si en la tuya hay cerveza, en la suya champagne, si en la tuya hay paté la piara, en la suya mi cuit… la suya es mejor sin duda. Y todo esto pensando que eres una persona organizada que tiene algo en la nevera que pase del típico limón negro y el yogur caducado, que puede que sea mucho suponer.

Y claro, como su nevere es mejor te das cuenta que cualquier hora es buena para comer. Las comidas se van superponiendo unas con otras hasta que se entremezclan y se confunden. Desayuno, almuerzo, aperitivo, comida, merienda y cena pueden llegar a fundirse en una sola comida que dura doce horas, de diez de la mañana a diez de la noche.

Más complicado es el tema de dormir. Duermes cuando tu madre quiere. No importa que tengas ya 34 años (los mios), que estés de vacaciones, que salieras hasta las mil… el aspirador se va a pasar a la misma hora te guste o no. Más vale que te guste porque esa batalla la tienes perdida.

Los sabores… los olores… reencuentras sensaciones que tenías en la papelera de reciclaje de tu memoria. Y sonríes porque te hace pensar en los tiempos en los que todo era más sencillo, aunque a ti no te lo pareciera. Esa sensación de pedir permiso y por favor, porque a fin de cuentas no es tu casa, es un espacio cedido en el que te dejan permanecer.

Incluso puede que muchos hayáis vuelto a entrar en vuestros cuartos de cuando érais más jóvenes, con vuestras fotos, vuestros posters, vuestros juguetes… hayáis podido asomaros al niño que érais y compararlo con el adulto que sois. Espero que hayáis salido ganando en la comparación.

Te gusta el amarillo

El otro día mi hermana Reyes hacía una reflexión que tenía su miga, y yo, que soy muy de robar las cosas que me hacen gracia, no tengo más remedio que soltarla aquí, a ver qué os parece.

Se trata de la esponja amarilla, del cepillo de dientes amarillo, del amarillo en general. Y es que Reyes protestaba de que ella, al ser la tercera de los hermanos, nunca pudo elegir el color de sus cosas. En el pack de tres esponjas la amarilla era la suya. Eso era así y punto.

Y por mucho que trataba de convencerse, o de autoconvencerse, de que el amarillo era su color, mucho tiempo después se ha alzado en rebeldía en contra de las esponjas amarillas. Quede claro que su problema con el amarillo queda muy lejos del que tengo yo con el pistacho, eso es evidente.

Y así va mi hermana por la vida, traumada por su esponja de niñez, lo que le ha llevado a hacerse con un coche de dudoso gusto y estridente color, verde botella (nada que ver con la alcaldesa por designio que a veces nos hace poner verdes). Pero este comentario de maldad, de esponja a coche, no ha salido de mí, sino de mi otra hermana, de la poseedora de la esponja rosa. La maldad viene de familia.

En fin, una esponja puede marcarte, una pared puede marcarte y así vamos por la vida, marcados de colores.