Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: febrero, 2014

La culpa es de mis padres

Y lo digo totalmente en serio. La culpa la tienen mis padres, que esto no se puedo, que vivo en un sin vivir. Que estoy frustrado como ser humano y como animal de compañía. Que yo ya lo sabía, pero lo he vuelto a comprobar. Y es que no es justo que mis padres nos hayan enseñado demasiado bien a disfrutar y apreciar lo bueno. Puede que por eso siga soltero.

En este caso me di cuenta visitando con mis padres ArteMadrid el domingo. Tranquilos que no voy de pedante, ni de cultureta, pero sí es verdad que el arte me gusta. Me pasa como con el vino, no soy un entendido, sólo sé lo que me gusta a mí y no. Pero ya es casualidad que el cuadro al que me fui del tirón era el más caro de toda la exposición. Tengo una puntería…

Mal papá, mal mamá. Que estamos en crisis, y claro que no digo que no me guste el chope, que tiene su gracia, pero un buen jamón ibérico de bellota (de Guijuelo, por supuesto) es otra cosa muy diferente.

Ay que han hecho un monstruo de mí. Aunque, si lo pienso un poco mejor… gracias papá y mamá, porque no sólo habéis conseguido que sepamos disfrutar de las cosas buenas, sino que también nos habéis enseñado a disfrutar de una tasca, de un botijo, de un paquete de pipas y un banco con amigos, de una peli de Adam Sandler (quizá en esto mis hermanas no estén de acuerdo).

Siempre me han dicho que para tener buenos modales en ocasiones hay que saber perderlos. Eso te permite actuar de forma  correcta, y por tanto disfrutar, en cualquier ambiente. No tiene sentido comer las gambas con cubierto en la barra de una taberna, ni tampoco está bien ir a una boda en zapatillas. Cada cosa en su lugar y a su momento.

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Nos estamos volviendo imbéciles

De verdad… no lo puedo entender. Al punto que estamos llegando, más que sorprenderme empieza a asquearme. Os voy a poner en antecedentes  de mi cabreo de esta mañana. Este fin de semana un futbolista del Jaén, Jonas sabedor de que el sábado era el día mundial contra el cáncer infantil y que había una niña aquejada de esta cruel enfermedad en la grada, decidió hacer un pequeño homenaje con un mensaje en su camiseta. El mensaje era algo tan sencillo como “Ánimo pequeñines #díamundialcontraelcancerinfantil”. Nada más. Así de sencillo.

Evidentemente el bueno de Jonas mostró su camiseta, su mensaje. Bien, en ese momento los árbitros (que pueden no ver goles, faltas, fueras de juego, agresiones…) tomaron buena nota y los comités varios le han impuesto una multa al futbolista de 2.000 euros. Nos estamos volviendo imbéciles, de verdad.

Vamos a ver, en primer lugar creo que el Día Mundial Contra el Cáncer Infantil es una fecha suficientemente importante para que sea la propia Liga de Fútbol la que lleve a cabo una iniciativa, una pancarta, un mensaje, una recaudación de fondos… algo. Evidentemente no soy yo quién para decir lo que los directivos de la Liga tienen que hacer, está claro, pero sí para opinar, y así lo hago. Sorprende que tras la iniciativa de un futbolista que deja en ridículo a los directivos de TODOS los clubes que han pasado por esta fecha sin pena ni gloria se lleve la recompensa de una multa de 2.000 euros. Somos estupendos.

Y ahora me dirán que es que la normativa es así, que no se puede mostrar ningún tipo de mensaje en la camiseta. Pues que la cambien. Si es que me da hasta la risa (de asco, pero risa) porque claro si sale Jonas con una camiseta encima de la que va a jugar el partido con ese mensaje todo perfecto, eh pero si la enseña debajo son 2.000 euros. Que me lo expliquen por favor.

Mira que les damos palos a los futbolistas. Los tachamos de niñatos, de ególatras, de egoístas… de estar por encima del mundo y no ser conscientes del mundo en el que viven, pues llega uno con un gesto de humanidad y le pasamos la factura de 2.000 euros iva incluído (supongo).

Nos estamos volviendo imbéciles. Recuerdo hace años cuando Lola Flores decía aquello de… que cada español me dé una peseta. Bien pues si finalmente a este chico le mantienen la multa yo creo que podíamos darle un euro cada uno. Lo que sobre que lo done. Yo el mío se lo mando.

Incluso en estos tiempos

Recuerdo una canción de hace años, creo que era de Sabina, pero sólo digo creo eh. La canción decía algo así como “incluso en estos tiempos, veloces como un cadillac sin frenos, todos los días tengo un minuto, en que cierro los ojos y disfruto echándote de menos”. Pues a mí esa frase hoy, que he recuperado mi tradición de venir pensando en mis cosas, me ha dado mucho juego.

Lo primero que quiero comentaros es que de un tiempo a esta parte voy por la calle escuchando la radio. Bueno, pero ser más exactos una app en el móvil, y es que si bien es cierto que ir pensado uno mismo da más juego y sacas más cosas en claro, cuando son otros los que piensan por ti es más cómodo. A fin de cuentas eso es la democracia ¿no? dime lo que quieres que piensa que yo me aborrego y voy.

El caso, lo primero que he pensado es que si aquellos tiempos (pongamos los 90) ya le parecían a Sabina rápidos, ahora el hombre tiene que estar mareado. Y ya no lo digo por los mil y un whiskeis que se toma al día (que también), sino por el atodalechismo permanente en el que vivimos. Lo que es noticia ahora en diez minutos ya no, o era falso, o se aumenta, o qué sé yo. Tenemos mono de información, de quien sea, de lo que sea. No es que pretendamos estar al tanto de los giros y opiniones de los líderes de opinión españoles y mundiales, no. Queremos saber hasta si la vecina del quinto lleva bragas o tanga. ¿Nos aporta algo? Pues no, pero es que nos hemos creído eso de que la información no ocupa lugar. Y vale, quizá no ocupa lugar, pero sí tiempo…

Y hablando de tiempo… todos los días Sabina tiene un minuto… pues qué suerte. Vamos todo el día con la lengua fuera, pero todo eh. Porque tenemos y porque queremos. Correteamos por la vida como pollo sin cabeza para llegar al fin de semana y marcarnos maratones optimizando los segundos. Pero desde pequeños eh. El colegio, las clases de inglés, de piano, de calceta… hace poco un amigo me decía “tengo ganas de pasar un fin de semana sólo en casa viendo la películas tumbado en el sofá”. Yo lo he hecho, y es una gozada, cierto es que yo lo tengo más sencillo que él, porque yo no tengo hijos.

Y después de eso de disfrutar echando de menos a alguien… lo siento señor Sabina, pero no, por ahí no paso. Ahí le he detectado uno de sus defectos (como ser del Atleti), usted lo que pasa es que es masoca. Pero mucho. Porque yo si cierro los ojos y recuerdo a alguien lo que hago es disfrutar de los momentos que hemos compartido. Y es cierto que hay veces que después de eso (suelen ser muchas veces) tienes la sensación agridulce de echar a esa persona de menos, pero ahí es cuando puedes llamar, escribir, visitar… si te has acordado de alguien díselo, así los dos tendréis un día algo mejor.

Para eso es lo que me ha dado mi camino de hoy a la oficina, y ahora lo que me estoy planteando es ¿debería seguir viniendo con la radio apagada?

Por la cuenta que nos trae

Ayer estaba en un bar (raro eh) y oí la conversación de dos hombres poniendo a dios por testigo que ellos nunca nunca han hecho o harán un regalo por San Valentín. Por los cojones. Fijo que si los sigo por la calle los descubro comprando flores, bombones, peluches o similares. Fijo, vamos no tengo duda alguna. Pero nos encanta decir que no, que somos el macho alfa, que nosotros mandamos y llevamos la relación a golpe de testosterona. Qué falso.

Nadie regala nada, o más bien nadie dice que lo hace, pero las ventas de interflora se disparan. Algo deben saber esos señores porque llevo recibiendo publicidad de ellos toda la semana, la culpa la tiene mi amiga Clau, que le compré una planta hace tiempo y ya me han fichado.

Bombones por los rincones, flores por los… en fin que como siempre digo lo mejor que tienen estos días es que tienen 24 horas, ni una más. A ver si pasa prontito y volvemos al mundo con menos tonos rosas.

Infanta de naranja

Hace mucho que no me tomo una y de tanto hablar de la infanta todo el fin de semana pues se me ha antojado. De verdad. Me apetece una de naranja. Es que con todo el mundo hablando de la sonrisa de la susodicha cuando ha aparecido por Palma pues me ha dado por pensar que es que la fanta te hace un poco más feliz. Puede ser. Una fanta al día alegra la vida, tómate dos y te quita la tos, creo que mejor dejo lo de los slogans para los profesionales.

Y claro la infanta tiene que tomarla de naranja, que la de limón amarga. Hay que pensar en los premios naranja y limón. La naranja es buena y el limón malo. Por cierto que ahora se ha puesto de modo tomar el ron con naranja y yo no lo acabo de ver. Yo soy más de limón ¿quiere eso decir que soy una mala persona? Uy qué lío.

Y allá que iba la infanta de naranja con el mundo por montera, aunque ella hubiera preferido estar en la calle Montera y que la dejara en paz El Mundo, muy ufana (el que afana es su marido) y pizpireta. Y papuchi (por cierto ¿soy sólo yo o el rey tiene cada vez más parecido al papuchi de Julio?) está en un sinvivir, que no en un sin beber que los Borbones siempre han sido de codo regio, por aquello de la sangre azul (como los pitufos).

Y nosotros erre que erre pensado en refresco y guateques (sobredosis de Cuéntame, que va a terminar siendo serie futurista) y en el complicado mundo que noos rodea. Yo, como hombre sencillo que soy (las mujeres dirán que hombre y sencillo son sinónimos, pero si no nosotros decimos que mujer y complicada lo son también nos la ganamos, una de tantas injusticias), tengo mi antojo de fanta. Así que luego iré a un bar, entraré por la puerta, iré al camarero, y pediré una coca cola. Soy sencillo, pero también despistado.

Abstenerse gilipollas

En serio, que hoy es viernes. Que estoy de muy buen humor y hace buen día. No me da la gana que nadie me lo estropee. Hala. Lo digo muy clarito. A todos los gilipollas que hay por la calle, en los bares, en cualquier lado… ni os acerquéis. No se os ocurra. Bais bais fuch fuch. Os quiero lejos. Me declaro alérgico a gilipollas. Orden de alejamiento para gilipollas ya.

Y digo yo ¿el gilipollas nace o se hace? hay que darle una vuelta al tema eh. ¿La gilipollez se contagia? ¿si estás mucho con un gilipollas te vuelves gilipollas? De verdad que todo esto me preocupa. Porque está claro cómo se transmiten las enfermedades, tomamos precauciones para el contagio, pero ¿nadie se ha dado cuenta que es mucho peor ser gilipollas que tener gripe? La gripe se pasa pero el gilipollas es para siempre. No tiene marcha atrás. Por el poder que me ha concedido el estado de Massachussetts yo te declaro gilipollas.

Ni se te ocurra gilipollas, no te acerques, no me des ni la espalda, no te cruces conmigo, ni me vengas a contar gilipolleces. Hoy no. Mañana, si eso, puede… pero hoy no. Lamento mucho tu gilipollez, pero no es mi culpa. A los demás, los no gilipollas… os veo en los bares.

Las oscuras golondrinas no volverán

Fijo que no, vamos que ni de coña. Que no me lo creo, que esas no vuelven. Y no me extraña eh. Las pobres venían con sus abrigos bien calados en diciembre y casi se nos achicharran. Más de una cogió el sarampión, o al menos es lo que decían las señoras mayores cuando veían que estábamos demasiado abrigados o con demasiado calor en casa (¿será igual que eso de que si te masturbas te quedas ciego?).

Y claro las pobres se vuelven locas y no entienden nada de nada. Por mi oficina seguro que no se acercan, que como estamos cerca de Génova se asustan. Todos los días pitos, gritos, carteles… y de todo el mundo es sabido que eso a las golondrinas les da miedo, y mucho. Dicen que prefieren acercarse a Ferraz, que le han dicho que allí también hay señores que trabajan, pero oye ellas nunca les han visto y se pasean con tranquilidad por ahí. Hay veces que han visto hasta plantas rodantes de esas que salían en las películas del Oeste de Almería. Esos espaguetis westerns que tan traumado han dejado a más de uno.

Las golondrinas quieren montar su propio sindicato, les han dicho que con eso pueden dar la campanada, bueno no, campanada no que eso las asusta, pero vamos que pueden montar comidas, pedir dinero, hacer regalos y luego nadie les va a decir nada. Es mejor ser golondrina que futbolista, y muchísimo mejor que juez o presidente. Las golondrinas viene y van como les da la gana, pían lo que les da la gana, se caga en quien les da la gana y no dan explicaciones a nadie. Vaya dos golondrinos Toxo y Méndez….

El bodding

La gente no es consciente, de verdad. Seguro que muchos que se ríen y critican los deportes de riesgo olvidan que ellos mismos son habituales del más peligroso, caro y arriesgado de todos ellos: el bodding.

En serio, nada más peligroso para tu cartera, tu salud y hasta tu vida social. Bodding mal ejecutado puede ser traer funestas consecuencias. Y es que el bodding, como buen deporte de riesgo que se precie, se trata de llevar a una situación normal hasta el extremo de lo absurdo. Y encima lo hacemos por gusto, que nadie nos obliga.

Come como si fuera el último día del mundo, bebe como si en vez de estómago tuvieras una piscina olímpica y olvídate de dormir, que eso es de cobardes. Lejos de limitarnos a los riesgos lógicos de resacas para el libro Guinnes o indigestiones del estilo de comer fabada un mes seguido, el bodding nos propone unas interesantes y nada desdeñables alternativas.

Mezclar mil copas con los padres de tus amigos puede no ser muy buena idea. Las malísimas ideas cambian de signo a base de alzar el codo. El freno de mano de la compostura se pierde entre los hielos y las ideas de bombero torero se plantan en todo lo alto. Para más inri el número de cámaras por metro cuadrado en una boda se dispara por lo que tienes más opciones de que exista testimonio gráfico perdurable de tu tan mala idea.

Pero no sólo es eso. Además los que te rodean también están de bodding, por lo que es sencillo que encuentres lo que peor te viene, pero más te apetece en ese momento: aliados. Y entre los aliados siempre hay un instigador, uno que dice “no hay huevos de” (a veces eres tú), y todos sabemos que si salta la chispa… el alcohol hace que se queme.

El bodding es ese deporte que te hace comenzar como un gentleman y terminar como un cuadro de payaso triste. El bodding es así, pero oye ¡que vivan los novios!

Abu

Abu, mi abuelo Fernando, mucho mejor Abu. Es curioso cómo en mi casa mis abuelos eran Tere, Elu, Consu y Abu… no sé decir el motivo, pero eso era así. Y la verdad que estoy recordando a Abu gracias a alguien. A veces se me olvida que la gente tiene varias caras, varios sombreros, varias facetas de su vida. A mí a veces se me olvida que mi abuelo era más que sólo mi abuelo.

Era un referente profesional en Salamanca y es algo que ha tenido que venir una gran persona para recordármelo. Da cierta vergüenza el hecho de que tenga que venir alguien de fuera para que abra los ojos hacia donde nunca los debí de quitar. Para que empiece a valorar lo que mi abuelo hizo, lo que dejó para disfrute de todos los salmantinos (y muchos más). Mi abuelo está presente en los rincones de mi ciudad favorita del mundo, quizá sea por eso que me gusta tanto y ha tenido que venir alguien a recordármelo.

Y es que mi abuelo era muy especial. Era cercano, cariñoso, culto, listo. Con un sentido del humor extraordinario, porque, como el mismo me decía, el sentido del humor es un síntoma de inteligencia.

Gracias a esta gran persona (aparte de guapa y sé que ahora se pondrá roja) todos podemos conocer un poco más a mi abuelo Fernando. Todos, yo el primero. Que alguien decida dedicar su tiempo a saber más de la labor profesional de una persona cercana y querida te hace sentir mucho orgullo y mucha gratitud. Gracias Sara.