El bodding

por Fer Población

La gente no es consciente, de verdad. Seguro que muchos que se ríen y critican los deportes de riesgo olvidan que ellos mismos son habituales del más peligroso, caro y arriesgado de todos ellos: el bodding.

En serio, nada más peligroso para tu cartera, tu salud y hasta tu vida social. Bodding mal ejecutado puede ser traer funestas consecuencias. Y es que el bodding, como buen deporte de riesgo que se precie, se trata de llevar a una situación normal hasta el extremo de lo absurdo. Y encima lo hacemos por gusto, que nadie nos obliga.

Come como si fuera el último día del mundo, bebe como si en vez de estómago tuvieras una piscina olímpica y olvídate de dormir, que eso es de cobardes. Lejos de limitarnos a los riesgos lógicos de resacas para el libro Guinnes o indigestiones del estilo de comer fabada un mes seguido, el bodding nos propone unas interesantes y nada desdeñables alternativas.

Mezclar mil copas con los padres de tus amigos puede no ser muy buena idea. Las malísimas ideas cambian de signo a base de alzar el codo. El freno de mano de la compostura se pierde entre los hielos y las ideas de bombero torero se plantan en todo lo alto. Para más inri el número de cámaras por metro cuadrado en una boda se dispara por lo que tienes más opciones de que exista testimonio gráfico perdurable de tu tan mala idea.

Pero no sólo es eso. Además los que te rodean también están de bodding, por lo que es sencillo que encuentres lo que peor te viene, pero más te apetece en ese momento: aliados. Y entre los aliados siempre hay un instigador, uno que dice “no hay huevos de” (a veces eres tú), y todos sabemos que si salta la chispa… el alcohol hace que se queme.

El bodding es ese deporte que te hace comenzar como un gentleman y terminar como un cuadro de payaso triste. El bodding es así, pero oye ¡que vivan los novios!

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