Infanta de naranja

por Fer Población

Hace mucho que no me tomo una y de tanto hablar de la infanta todo el fin de semana pues se me ha antojado. De verdad. Me apetece una de naranja. Es que con todo el mundo hablando de la sonrisa de la susodicha cuando ha aparecido por Palma pues me ha dado por pensar que es que la fanta te hace un poco más feliz. Puede ser. Una fanta al día alegra la vida, tómate dos y te quita la tos, creo que mejor dejo lo de los slogans para los profesionales.

Y claro la infanta tiene que tomarla de naranja, que la de limón amarga. Hay que pensar en los premios naranja y limón. La naranja es buena y el limón malo. Por cierto que ahora se ha puesto de modo tomar el ron con naranja y yo no lo acabo de ver. Yo soy más de limón ¿quiere eso decir que soy una mala persona? Uy qué lío.

Y allá que iba la infanta de naranja con el mundo por montera, aunque ella hubiera preferido estar en la calle Montera y que la dejara en paz El Mundo, muy ufana (el que afana es su marido) y pizpireta. Y papuchi (por cierto ¿soy sólo yo o el rey tiene cada vez más parecido al papuchi de Julio?) está en un sinvivir, que no en un sin beber que los Borbones siempre han sido de codo regio, por aquello de la sangre azul (como los pitufos).

Y nosotros erre que erre pensado en refresco y guateques (sobredosis de Cuéntame, que va a terminar siendo serie futurista) y en el complicado mundo que noos rodea. Yo, como hombre sencillo que soy (las mujeres dirán que hombre y sencillo son sinónimos, pero si no nosotros decimos que mujer y complicada lo son también nos la ganamos, una de tantas injusticias), tengo mi antojo de fanta. Así que luego iré a un bar, entraré por la puerta, iré al camarero, y pediré una coca cola. Soy sencillo, pero también despistado.

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