En frente de nuestras narices

Ayer me fijé en un gesto, un detalle, algo nímio, pequeño, que podía haber pasado desapercibido, pero yo me fijé. Creo que sólo yo. El caso, ayer mi compañera Winnie the Pooh iba persiguiendo su rotulador con la mirada mientras rodaba por la mesa, en esto que se cruzó con el vaso de agua. Cogió el rotulador y bebió agua. Seguramente de no haber visto el vaso no habría bebido, de no haber perseguido el rotulador no habría visto el vaso. Por culpa del rotulador bebió agua. ¿Qué tiene que ver un rotulador con agua? Pues casi siempre nada, pero muchas veces no sabemos que queremos algo hasta que se nos pone delante, hasta que se nos cruza en el camino, hasta que lo tenemos delante de nuestras narices.

Creo que esto nos sucede más de lo que pensamos. Podría ahora decir esa frase que tanto me gusta de la vida es lo que nos sucede mientras hacemos planes. Y es cierto. No debemos pensar tanto en cómo hemos llegado a algo, a alguien, a algún lugar. No importa. Muchas veces ni siquiera lo sabemos (efectos de noche y alcohol aparte). Lo interesante es ver cómo en ese justo momento tienes lo que quieres o lo que te conviene (que puede no ser lo mismo, pero es genial cuando lo hace) delante tuyo. Estira la mano y cógelo.

La solución puede estar a la vuelta de la esquina. Pensando en recetas de cocina puedes descubrir cómo solucionar eso que te trae loco en el trabajo. ¿La clave? Ir por la vida con la cabeza alta. No me refiero a tener orgullo, que en cierta dosis también, hablo más bien de no mirar al suelo. No perderse lo que te rodea. Extrapolar el concetpo escucha activa a la vista e ir por la vida pensando en cómo aprovechar lo que te rodea.

Ahí fuera hay mil oportunidades. Puede que 999 no sean para ti, no te encajan, no te son  útiles… pero hay una que es tuya. Y esa puede cambiar tu vida. Abre los ojos.

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