La puerta

por Fer Población

Pasaba horas mirando la puerta. A veces de soslayo, a veces de frente, a veces con más y otras con menos interés, pero aquella puerta era lo que rompía la rutina de su día a día. La puerta no era gran cosa. Blanca, vieja, con molduras que marcaban que había estado de moda y grietas que simulaban su cara de evidente ancianidad. Una puerta como otras muchas. Bueno no, porque esa era su puerta. La que daba paso a su mundo.

Por mucho que ella miraba la puerta, la puerta nunca la miraba a ella. Ya sabemos cómo son las puertas, crueles centinelas que miran siempre al que viene, pero nunca al que se va. Y no sólo miran, sino que juzgan, escudriñan, olfatean… y a veces se abre y otras… pues otras no. Las puertas son muy suyas.

Ella miraba la puerta con el ansia de que alguien la mirara a ella. De que alguien la mirara, la tocara, la sintiera… pero sólo estaba la puerta. Blanca. Con arrugas. A veces la puerta se abría, pero pocas veces el que entraba la consideraba alguien, y no algo. Porque la gente que viste de blanco se vuelve como la puerta. Agrios, asépticos, esquivos.

Es lo malo de estar enfermo, pierdes tu humanidad en el mundo que portas la pulsera de plástico. Cambias a objeto de estudio y fruto de pruebas. Y la puerta se transforma en entrada de malas noticias y caras grises.

Pero, algunas veces, todo cambia. La sonrisa se cuela por esas arrugas de la puerta, y eso que no le gusta. Y si la puerta no se deja entra por la ventana, por el teléfono, por el portatil, por la tablet… por donde haga falta. La sonrisa rompe barreras, une personas, se contagia, se mete en las venas y calienta los cuerpos.

La sonrisa se vende sin receta y tiene evidentes y beneficiosos efectos secundarios. Marca un antes y un después, araña el tiempo y crea adicción.

Ella tenía libros, colonias, películas, peluches, pero sólo esperaba a que esa puerta se abriera para que le regalaran una sonrisa. Ella tiene muchos nombres, algunos hasta de hombre. Y la conoces, puede que haga mucho tiempo que no vas a verla, que la tengas en tu lista de cosas por hacer, que vivas con la excusa de algo que harás mañana. No deberías… ella es muchas personas en una. Alguien que te necesita, que te espera. Puede que incluso no lo sepa, pero te necesita, porque todos estamos un poco enfermos. Todos también somos ella.

Recuerda, ella sólo quiere una sonrisa. ¿Se la vas a negar?

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