Cuando salgo de Madrid

por Fer Población

Me asomo por encima del hombro de algunos y ya veo que llega mi ansiado puente, primeras vacaciones desde verano en las que no voy a tener que trabajar y eso, quieras que no, da gustirrinín. Y claro para afrontar las vacaciones hay algo esencial, que es algo tan sencillo como salir de la ciudad en la que sueles pasar todos tus días.

En mi caso es Madrid, salgo de Madrid para pasar unos estupendos cuatro días (espero) en Salamanca. Para los que no lo sabéis (eso es porque me habéis leído poco pillines, porque no paro de decirlo) soy salmantino. No voy a decir qué ciudad me gusta más si Madrid o Salamanca para que nadie se enfade (Salamanca), pero sí que es verdad que hay una serie de diferenciias, de matices, de rutinas, que cambian cuando salgo de Madrid. Seguro que hay muchas más, pero en este caso os voy a poner las diez primeras que se me ocurran.

1- Adios transporte adios. 

En Salamanca hacemos algo desconocido para muchos madrileños: andamos. El coche no es necesario para ir al quiosco de la esquina a por tabaco. Lo juro. Puedes mover un pie, luego el otro y así llegas a los sitios. Puede que los madrileños piensen que es cosa de magia, o lo consideren hacer deporte. Y es que es curioso que los mismos que salen a practicar running (lo que ha sido correr de toda la vida, aunque eso lo tocaré luego) cogen el coche hasta para cruzar la calle.

2- Saludos callejeros.

Es algo que siempre me ha sorprendido de Madrid. La gente no se saluda por la calle. Bueno entre otras cosas porque no se ven, van todos enfrascados en su móvil, su ipad o demás, con el riesgo que eso supone para la salud, que las farolas van como locas. En Salamanca nos conocemos, nos saludamos, nos preguntamos. Vale, es verdad que hay muchos que te interrogan mejor que los agentes de la Gestapo y eso tampoco es que sea muy cómodo, pero sí que es cierto que te hacen sentir alguien y no uno más.

3- De pincho lo que yo quiero.

En Salamanca la caña lleva pincho gratis. Y lo eliges tú. Eso es así de toda la vida. Lo normal es que si llegas a un bar y decides no pedir pincho en seguida algún salmantino se te acerca y te dice… pide pincho que es gratis…. pensando que eres guiri, de fuera de Salamanca o simplemente tonto.

4- El español en español.

Los de Madrid cada vez hablan más spanglish. Es imposible pasar un día en Madrid sin tener que escuchar alguna de estas palabras adquiridas. Como decía antes en Madrid se hace running, en Salamanca se sale a correr, en Madrid se va de afterwork, en Salamanca se toma una caña después del curro, en Madrid algo es cool, en Salamanca es cojonudo… creo que vais pillando la idea.

5- Con pasta y a lo loco

He visto muy pocas veces, o puede que ninguna, pagar una copa en Salamanca con tarjeta. Somos de raíces ganaderas, de fajo en el bolsillo y papel por delante. Nada de plástico, eso de pasar la tarjeta no nos gusta, que se note que hay poderío.

6- Con pasta sin estar locos

En cierto modo me he madrileñizado (espero que haya vacuna). Llego a Salamanca y me sorprendo de lo barato que es todo, pero cuando digo todo es todo. No sólo comer y beber, hasta un ramo de flores es mucho más barato en Salamanca que en Madrid. Amigos madrileños (que los tengo y buenos) os voy a confesar un secreto. No es que Salamanca sea barata (o Cuenca, o Ávila, o…) lo que pasa es que Madrid es una ciudad MUY cara.

7- Fútbol de luto

Hay algo en lo que sí gana Madrid (no iba a ser todo malo), en Salamanca no hay fútbol. Después de desaparecer la UDS (Unión Deportiva Salamanca) los amantes al fútbol de la capital charra tienen que confirmarse con la televisión para ver los partidos.

Sé que me faltan tres, os las debo, pero en la línea habitual de la “maravillosa” empresa en la que trabajo me acaban de soltar un precioso marrón.

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