Eugenix

por Fer Población

Siempre lo he dicho, no lo escondo, no lo oculto, tampoco es que haya que hacer apología y gritarlo a los cuatro vientos ni presumir de ello. Pero el caso es que me gustan las películas tontas (Adam Sandler, Ben Stiller, Jack Black…) me gustan las series españolas, vamos que de vez en cuando me gusta tener el cerebro en off. Y es sano, es bueno, ayuda, relaja, al menos a mí.

El caso es que el domingo en uno de esos momentos de dejar volar mi cerebro puse en la caja tonta… por cierto ¿no habéis pensado que eso de la caja tonta no es una definición muy buena? porque  sinceramente, por un lado lo de caja ya no sirve, que las teles han perdido el culo (al revés que Falete) y por otro ¿no seremos nosotros los tontos y no la caja? Es como decir una hamburguesa gorda, que yo sepa el que voy a engordar soy yo.

En fin que me desvío el tema. Pues eso que estaba el domingo viendo Aída y según estaba viendo al personaje de Eugenia yo estaba seguro de que me recordaba a alguien, pero seguro, mucho. Y no sabía a quién. Hice lo mejor que se puede hacer en estos casos cuando se te atacas algún nombre, pensar en otra cosa. Y me vino, me acordé ¡Eureka! Eugenia se parece a Obélix.

Lo primero y principal: los dos son gorditos (suena mejor que gordos) que no asumen sus kilos. Ellos tienen el ojo deformado, se ven sílfides, esculturales (pero no de Botero), de proporciones perfectas (talla L, no XXL). Y pobre del que se le ocurra llevarles la contraria, su ira caerá sobre ellos.

Además tenemos el tema porcino. Cierto que es que Obélix, que vive en una aldea en el bosque, es algo más salvaje en este sentido, pero no por ello Eugenia se queda atrás. Es decir que mientras Obélix opta por el jabalí, Eugenia se dedica al cerdo (blanco, ibérico o hasta chino si lo hubiera). Pero las cantidades son similares, al igual que el ánimo, profesionalidad y predisposición al babero (servilleta es para cursis) y al ejercicio mandibular. Igualitos ambos.

Y ya, si queremos seguir buscando, veremos que ambos se sienten mucho más cómodos portando un complemento. En el caso de Obélix es su querido menhir, en el caso de Eugenia su boa de plumas. Y también se parecen en algo más, los dos son grandes profesionales de una profesión que a los demás no les gusta. Nadie quiere un menhir en su casa, y menos ahora que como están las cosas si entra el menhir en tu minipiso tienes que salir tú, y nadie quiere oír las coplas calentorras de la señora Eugenia (y eso de señora igual se lo he adjudicado muy generosamente).

Amigos y amigas, tras esta reflexión he llegado a una conclusión. Creo que es evidente que ambos son dos seres intimidades, incomprendidos, desolados… por tanto, y buscando siempre hacer el bien, creo que deberíamos presentarlos. Creo que ahí podría surgir el amor, siempre que campofrío lo patrocine. Entre todos (¡llamada!) podemos conseguirlo, Obélix loves Eugenia.

Anuncios