El ecuador de la semana

El miércoles es un día raro, insulso, sin gracia. Nadie suele hablar de los miércoles, bueno de los martes tampoco se habla mucho, pero es que hoy es miércoles. Tenemos el puto lunes, el juernes, el sobrevalorado viernes y el bendito fin de semana. Pero los martes y miércoles están ahí por estar. Por completar la semana. Sin más. Son como los hermanos de en medio. El mayor hace mucha ilusión, es el primero en todo. El pequeño se queda como el mimado. Los de en medio simplemente completan la foto de familia. (A ver cuántos se meten conmigo hoy jejeje).

Pero volvamos al miércoles. Un día en todo el medio, el ecuador de la semana. Los hay que dicen ánimo que es miércoles, y los que dicen joder que aún es miércoles. Y el pobre día no sabe si le queremos o lo odiamos. Le pasa como a Casillas, que cuando para la pelotita nos declaramos amantes fieles, pero como salga a por mariposas… le enseñamos los dientes y le damos la espalda. Casillas nació en miércoles seguro.

Y mira que el miércoles es un día como todos. Con sus 24 horas, con sus minutos, sus segundos. Es un día que empieza, que termina. Un día entre dos aguas, y es que muchas veces decimos eso de “a principios de semana” o “a finales de semana” ¿dónde queda el miércoles?

Pobre miércoles, vaga entre los días sin saber a quien juntarse. Como el niño nuevo en su primer recreo en el patio del colegio que se pasea buscando amigos. El miércoles es el nuevo semana tras semana. Los padres del miércoles se cambian de ciudad cada siete días y le dejan siempre huérfanos de amigos.

Pero no, no me acaba de convencer, no me es simpático, no me gusta el miércoles.

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