Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: mayo, 2014

El mundo en contra

El mundo, el destino, dios (cualquiera de ellos), el karma o como usted quiera llamarlo está en mi contra. Bueno, para no ser egocéntrico mejor diré que está en nuestra contra. En serio. Llevo 34 años pensándolo, analizándolo y cada vez estoy más convencido de ello. Y es que en mi día a día tengo mil ejemplos de ello.

Sí que es cierto que hay un caso extremo en el que parece que todo se tuerce. O a lo mejor es que es el preciso momento en el que un amplio despliegue de efectivos se pone en marcha para conseguir hacerme la vida más complicada. No falla, en el mismo momento en el que me estoy meando (meando o…) todo se complicada.

Yo creo que debe ser algo así. Primero todos mis compañeros, familiares, gente extraña… se ponen de acuerdo para ocupar el baño. Y ojo que no he dicho que lo usen, sino que lo ocupan, con lo que eso supone. Vamos que no puedo entrar yo. Eso si estás en un sitio cerrado (bueno, en caso de estar en un sitio abierto con baños te sucede exactamente lo mismo).

Si vas por la calle tratando de llegar a un baño (el de casa, el de un restaurante, el de un hotel, el de casa de un amigo…) los coordinadores de tráfico se mueven para que encuentres todos los semáforos en rojo. Si tienes la mala suerte de ir en coche o bus no dudes que vas a encontrar un buen atasco, eso es así.

No dudes que cuando llegues a la puerta de tu casa algún cerrajero sin alma ha decidido tocar tu cerradura para que tengas que jugar con la llave. La postura es de lo más humillante… piernas cerradas, culo en pompa, rodillas juntas, tobillos abiertos, hombros encogidos, sudor en la frente, mordiendo los labios, mano derecha con la llave (en casa de ser diestro), mano izquierda en la entrepierna. Un show. Y eso no abre.

Hasta que abre, porque al final abre… y pegas carrera por el pasillo tirando la ropa como un loco (o loca), tienes más ganas de bajarte los pantalones que si la mujer de tus sueños estuviera esperando desnuda en tu cama (sí, en la cama que uno es tradicional para eso… de comer tortilla de patatas, de beber una caña y para mmmmm eso, la cama. Soy sencillo, soy feliz.)

Entras al baño (siempre que no esté ocupado como comentaba antes) y cuando estás con la gotita ya asomando te das cuenta que la tapa está bajada. Algún duende cabrón baja la tapa cuando te ve con prisas. Y digo yo, si vivo solo ¿cómo es que la tapa se baja sola? Bueno quizá es que ya no vivo solo.

Y ya. Allá va. No puedes evitar hacer ruidito de satisfacción, que alguien desde fuera puede pensar que haces otras cosas (ya se sabe, más de dos sacudidas…) pero no, no es eso.

Has conseguido tu pequeña victoria, pero no olvides que el proceso, sin duda, se va a repetir.

 

 

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La piedra en el camino

La vida nos pone piedras. A veces son pequeños granos de arena que pisamos sin si quiera dignarnos a mirarlos, y otras veces nos pone delante el Himalaya y espera a ver cómo nos las apañamos. No todo el mundo escala, no todo el mundo tiene a su Jesús Calleja particular que le ayude a afrontar la subida afianzando cada paso. Pero hay que escalar, hay que subir, hay que seguir.

Y es verdad que cuanto más complicadas son las pruebas que nos pone la vida, más en forma nos ponemos, más experiencia sacamos, más recursos vamos guardando en la mochila que llevamos a cuestas que nunca sabemos cuándo nos va a hacer falta. Es como una mujer haciendo la maleta, siempre hay que llevar de todo por si acaso. Parecido al plátano Mochilo de los fruitis, no sé si os acordaréis.

No nos engañemos, son muchos los momentos o las ocasiones en las que no somos capaces de afrontar esa piedra que nos pone la vida a la primera. Podemos rodearla, darle la espalda o ignorarla, pero la piedra al final es capaz de meterse en nuestro zapato e incomodar cada paso que damos hasta que somos capaces de hacerle frente.

Y lo digo porque conozco a varias personas con su piedra a cuestas. Es más, todos tenemos una piedra a cuestas de mayor o menor tamaño, pero hoy estoy pensando en alguien. Alguien que se ha dado de bruces con algo que no quiero que se convierta en su muro de las lamentaciones. Por eso yo, que disto mucho de ser Calleja, pero hago lo que puedo, le pido que le eche arrestos y vaya para adelante. Paso a paso. Yo te ayudo.

Fusión, confusión o transfusión

Que estamos en un mundo global no hay duda. Que nos estamos pasando tampoco. Porque vamos nos ha dado por pensar que juntando dos cosas diferentes que funcionan el resultado tiene que ser bueno. Y no, lo siento, pero no. Todo empezó por los cocineros, los nuevos niños mimados de la sociedad. Que llega un iluminado, planta una loncha de jamón encima de un poco de arroz… y hala sushi de ibérico. A vender.

Los toques orientales en la cocina están de moda, tanto que en cualquier hogar que se precie de un joven de menos de cuarenta años (si digo que soy joven soy joven, hala) podemos encontrar un bote de soja.

Propongo un experimento. Id todos a la cocina de vuestra abuela, rebuscad con ganas y seguro, bueno casi seguro (que seguro en esta vida no se puede estar de nada) que no aparece el botecito de soja. Que la soja da mucho juego, que hasta se hace leche con ella, no sé cómo, pero se hace.

Los chinos son muchos y poco a poco se van colando en nuestras vidas, así, sin que nos demos cuenta. Empezaron por el gato que saluda como propuesta para decorar nuestros hogares. Pero como vieron que eso no encajaba, que somos más pijos, más creídos… pues nos han traído el rollo del fen shui y nos la han metido doblada. Vamos que si tu cama no está orientada al sol naciente te salen gremlins todos los martes 16 de cada mes… o algo así, la verdad es que no presté mucha atención cuando me lo explicaron.

Que ahora que lo pienso… el sushi es guay y la comida china es cutre. Si piensas en sushi piensas en una niña bien con su iphone y su bolsa ideal, comiendo con sus super amigas y tomando una copita de champagne (fusión, ya os he dicho). Si piensas en chino piensas en la Jenny y su chico el Miki compartiendo un rollito en mitad del restaurante (después de eso comieron).

Y entre gatos que saludan, muebles que protestan porque no miran cara al sol (uy uy a ver si son muebles fachas) sushi de nuevo cuño y demás rarezas… miedo me da que en breve nos salga un torero chino ¿o ya lo hubo?

Vientos de cambio

Creo que va tocando. Creo que me va a venir bien. Creo que lo necesito. Porque en este momento siento que mi vida está estancada, está enquistada. Que he entrado en una rutina que no me favorece. Que los días se superponen y es complicado que alguno destaque. Que me falta energía, alegría, ilusión. Por eso es el momento de un cambio.

Estoy perdido y hasta algo confuso. No sé muy bien cómo enfocar este cambio, ni qué es lo que debo cambiar ni hacia dónde o cómo cambiarlo. No lo sé. Tengo algunas ideas, algunas pistas en mi cabeza que matizan lo que debo hacer. En la vida es importante marcarse un objetivo, un punto al que llegar, una línea en el horizonte hacia la cual has de sumar pasos para conseguir cruzarla. Pues yo no veo esa meta. No es por falta de vista, que ver, lo que se dice ver, sigo viendo muy bien, se trata más bien de vivir en un saltamatismo (lo que viene a ser vivir a salto de mata) que me impide marcar metas. De pequeño nunca tuve claro qué quería ser de mayor, y ahora que soy mayor, no sé qué quiero ser de viejo.

Me siento montando mi vida de Ikea sin tener las instrucciones. Puede que lo consiga, pero sin duda es mucho más complicado. Sólo hay una cosa que es evidente, si hay algo que no te gusta trata de cambiarlo. Yo lo he hecho, varias veces ya. Ya son varios los intentos de llegar a la meta a la que aspiro con sus consecuentes caídas de culo. Me levanto sí, pero el moratón queda un tiempo. No se me puede tachar de inmovilista, de conformista, de no hacer nada.

Pero los cambios no se pueden dejar en el tintero. Los cambios son como las tiras de cera de las piernas, cuando los tienes ya preparados hay que hacerlos rápido, sin dudar, para que duelan menos (o al menos eso es lo que dicen ellas, que yo en estos temas no tengo experiencia).

Habrá cambios, seguro, nos falta ver cuáles. Se aceptan sugerencias, que siempre hay gente más inteligente que yo.