Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: junio, 2014

Dudas versus certezas

Alguien más inteligente que yo (lo que no es complicado) me acaba de “decir” que lo importante no es tener dudas, sino que entre esas dudas quede alguna que otra certeza. Y es verdad. Todos necesitamos de esas certezas, de esas verdades, esos pilares sobre los que ir construyendo nuestra vida, nuestra persona, nuestra forma de ser y de pensar. Hay verdades y matices. Hay aspectos negociables y otros por los que no puedes mirar a otro lado. O al menos así es como debería ser.

Pero querida amiga (o al menos espero que llegues a serlo) precisamente ahí tenemos el problema. Grande. Lo que están temblando son esas certezas, esas verdades, las patas del banco, los pilares de la tierra (me decepcionó un poco el libro). Y cuando tiembla la estructura, lo básico… ay, problemas fijo.

Porque te sientes perdido, porque no sabes a qué recurrir, porque miras a los lados como loco y no encuentras un asidero. No digo que no lo haya (que no lo sé), digo que no lo encuentras. Y das vueltas y vueltas en un papel garabateando con un boli (bic, un clásico) pensando encontrar ahí una respuesta. Te das (mejor dicho, me doy) cuenta de algo que realmente ya sabías… dibujo fatal. Mira no viene al caso, pero ya que estamos lo cuento, mi padre es arquitecto y mis dos abuelos también lo eran. Mucha gente me pregunta por qué yo no he seguido la tradición. Sencillo: dibujo fatal, no se me dan bien las matemáticas y tengo una pésima visión espacial… creo que es evidente que arquitectura no era lo mío.

Y aquí estamos, haciendo equilibrios subido en un poste, pero sin tener el tipín ni la gracia de karate kid. Buscando nuevas referencias, nuevos principios y nuevas verdades. Incluso sin ser arquitecto sé de lo importante de los pilares para sujetar la casa, pero yo, como el más vago de los cerditos, parece que he hecho mi casa de paja y al cabrón del lobo le ha dado por soplar.

Regalo dudas, se buscan certezas.

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Peleas de cama

Hoy Eurastio y yo no hemos dormido nada bien. Pero nada. La cama es pequeña, hace calor, el despertador no ayuda. Pero hay algo que no le puedo perdonar, ahí te has pasado Eurastio. Se ha bebido mi vaso de agua. Por ahí no paso. Te despiertas a media noche con calor… tanteas por la mesilla con cuidado (ya he regado alguna vez involuntariamente el suelo de mi cuarto), coges el vaso y… vacío. te dan ganas de gritar como loco, asesinas con la mirada, odias al mundo en general.

Es como ese trocito de tarta que sobró y que sabes que tienes en la nevera. Y llegas a casa soñando con él. Y comes algo como excusa para llegar al postre. Y no está. Es de esos pequeños disgustos que te da la vida. De esos momentos en los que tienes ganas de volver a tener cinco años para llorar y patalear. Qué narices, lloras y pataleas.

Pero la cosa no ha quedado ahí. Cuando estaba estirándome para despertarme Eurastio ha salido corriendo y se ha colado en el baño. Claro, tenía que sacar el agua que me había robado. Y cuando era mi turno… había terminado el papel. ¿Hay algo más frustrante que no tener papel? Pocas cosas, muy pocas.

Se ha comido mis tostadas, me ha quitado la colonia y después… con todo el morro, ha saludado con sorna desde la cama cuando yo me iba a trabajar. Qué duro es vivir con un dinosaurio de peluche.

Obras de forma incorrecta

Llevo más de cuatro años haciendo siempre el mismo trayecto de casa a la oficina. De lunes a viernes, mínimo dos veces al día. Bastante rutinario, un trayecto no muy largo que me supone unos 15 minutos andando a un ritmo normal. Vamos que como veis no es mucho, no voy muy lejos. Bien, pues puedo decir que en este tiempo siempre me he cruzado con alguna obra en mi camino. Siempre. Bien sea en la calle, en un jardín, en un edificio… las obras me han ido acompañando. En cierto modo creo que me estoy haciendo viejo, porque es verdad que no me paro a apoyarme en la valla, pero sí que voy viendo cómo van avanzando, cómo va cambiando la ciudad.

Hace unos años leí que algún actor famoso (mi memoria…) comentó que él volvería a Madrid cuando Gallardón hubiera encontrado el tesoro. Pues ahora que el Ayuntamiento se ha dado a la Botella no creo que la cosa haya mejorado. Y no estoy en contra de las obras eh, siempre he pensado que si no vamos haciendo pequeñas reformas a tiempo al final las cosas se estropean tanto que tienes que invertir muchos más. Dejemos de lado esas inversiones desmesuradas e injustificadas de tiempos pasados, que no sé si mejores.

Lo que me resulta curioso. Al menos a mí, o puede que simplemente es que yo me fijo en eso, que la mayoría de locales que abren nuevos suelen ser bares. De verdad. Ahora mismo en las dos manzanas que rodean mi oficina están abriendo tres bares (o restaurantes) nuevos. Y es verdad que la gente sigue comiendo (tiene esa manía), pero no es menos verdad que no hay clientes para todos. No sé por qué muchos españoles llegan a la conclusión de que lo mejor que pueden hacer es montar un bar. No lo entiendo ¿es que nadie ve Pesadilla en la Cocina? Señores que no hay Chicote para todos…

Yo sigo andando, pensando en mis cosas, revisando mis obras… y así, a lo tonto, ha llegado el verano.

De suicida por la vida

Los hay. Suicidas, tíos que van por ahí a lo loco, sin pensar, sin analizar lo que hacen. Gente que sale a la calle sin un paquete de kleenex, que se arriesgan a no llevar ropa interior limpia, que se comen la última croqueta del plato, que salen de casa sin saber dónde van y a veces ni de dónde vienen.

Son gente rara, extraña, diferente. Ahora que estamos todos geolocalizados a golpe de Facebook, ellos van y deciden perderse por la ciudad. Por la que sea. El caso es llevar la contraria.

Gente sin planes (y muchas veces sin panes). Gente que comercia con su sonrisa como gran activo. Ojo que no con su cuerpo. Gente que ignora el ayer y el mañana porque hoy sólo quieren ser ellos mismos.

Zurdos, diestros, altos, bajos, fllacos, gordos, rubios, morenos… o todo eso a la vez. Gente a fin de cuentas.

Y en serio que los hay. Están ahí, no son un rumor ni una leyenda urbana. Y dejan un rastro detrás de ellos de incredulidad y de buenas sensaciones. Llegan y se van, ellos son así.

Conozco alguno de ellos, me gustaría conocer más. Tener un amigo de este estilo es como tener una semana con un miércoles festivo, es verdad que sólo es un día, pero hace que toda la semana se vea mejor.

Algo, pero no sé qué

Ayer me dieron una buena noticia. Muy buena. No puedo contar cuál es porque me han pedido que no diga nada, y yo soy un niño bueno y obediente. Pero me hizo ilusión. Y me hizo pensar. Que no siempre hay que pensar en los momentos malos de la vida. Creo que en los buenos también merece la pena pararse a analizar los porqués. Sacar las claves de tu pequeño éxito y buscar repetirlos.

Bien, pues una de las cosas de las que me he dado cuenta es de lo mucho que me quiere la gente. De verdad que me sorprende a diario. Personas con las que apenas coincido se desviven por hacerme sentir un poco mejor o por mandarme un abrazo aunque sea por las redes sociales. Oye, me emociona, me extraña, me supera en muchos casos. Cuando alguien te dice con la voz y con el alma un “puedes contar conmigo” te da un espaldarazo que te sientes mucho más importante que Felipe VI ayer.

Y como decía antes, en estos momentos en los que te sientes bien, te sientes querido, apoyado… es bueno parar y pensar en los motivos por los que esto sucede. Pues oye, ni puta (perdón) idea. De verdad que no lo sé. Algo bueno he debido hacer para estar tan bien rodeado, pero no sé qué ha sido. De verdad. Entiendo que a los que veo con frecuencia me tengan cariño por todo lo que hemos compartido y vivido. Pero es que hay muchos a los que apenas veo y me reciben con los brazos abiertos. Y no sé el motivo, de verdad que no.

El caso es que sea por lo que sea… que siga, que así se vive muy agustito.

¿Mala suerte?

No sé si os he contado esto ya. En más de 350 posts que llevo escritos a veces no recuerdo bien lo que he dicho y lo que no, y me sé de algunas que si me repito un poco me regañan. Son malas. Pero bueno, el caso es que me sé de una niña sumida en un mar de dudas. Termina el colegio y pasa al instituto. En el fondo es romper con su vida actual, salir de su burbuja de seguridad, entrar en un mund un poco menos Disney y un poco más Padre de Familia.

Tranquila. Como te he dicho las decisiones no son definitivas y lo que hoy piensas que es mala suerte quizá mañana verás que no.

Os voy a contar algo; algo que me ha pasado a mí. Veréis yo antes montaba a caballo, hacía concursos de salto y tenía mi propio caballo.  Si os cuento esto no es por presumir ni nada así, sino porque es importante para la historia. Bien el caso es que cuando yo tenía 17 años tuve un golpe muy fuerte. No, no fue montando a caballo como muchos aún piensan. Fue jugando al fútbol con mis amigos, una mala caída. Me rompí la segunda cervical por dos sitios y me desvié otras dos vértebras más abajo.

Casi me quedo en silla de ruedas. No olvidaré la cara del médico cuando vio la placa, se puso blanco y se tuvo que sentar. Pasé más de un año con un corsé de cintura hasta el cuello y claro como comprenderéis con eso no podía montar. Conocía a unos chicos jóvenes, jinetes de salto profesionales que vivían por Madrid así que mandé el caballo a su casa.

Fuimos hablando, yo iba a ver al caballo… el caso es que llegamos a ser buenos amigos. Pasados varios años, por circunstancias que prefiero no contar ahora (perdonadme) quise salir de Salamanca.

Y empecé a pensar. Y me di cuenta que podía ir a Villanueva de la Cañada. Es un pueblo pequeño cerca de Madrid. Era donde vivían mis amigos de los caballos. Y lo hice. Y allí conocí a mucha gente. Gente que hoy por hoy son de mis mejores amigos.

Entre ellos alguien que fue la que supo “picarme” para que empezara a escribir, a escribiros. Así que en cierto modo si yo no me hubiera roto el cuello no habría conocido a los que hoy tengo por mejores amigos, no habría conseguido hacer las paces conmigo mismo y sin duda no habría empezado este blog.

La caída fue muy mala suerte… ¿o no?

Se busca cerebro

De verdad, creo que me hace falta más que respirar. Pues nada, por más que lo intento sigo siendo un desastre. Ayer tuve una muy interesante conversación conmigo mismo mientras volvía a casa de la oficina. Para ser del todo sincero, o para daros toda la información, debo reconocer que me olvidé los cascos en la ofi por lo que la opción de ir oyendo la radio por la calle se escapó. Que sí, que vale que hay gente que va por la calle con el móvil a todo volumen escuchando y dejando escuchar, pero debe ser que soy tímido porque yo prefiero ir con lo mío para mí.

Bueno, pues eso, que estaba yo hablando conmigo mismo y mi conversación fue algo así como… ufff qué mal me ha sentado el gazpacho al mediodía, tengo el estómago dando saltos, la verdad es que da rabia lo mucho que me gusta el gazpacho, pero lo mal que me sienta, igual debería pasar por la farmacia a comprar almax que no quiero tener una noche divertida, y aparte ¿qué ceno hoy? mmmm ¡gazpacho!

Y lo hice, sí cené gazpacho. Lo que demuestra que muy listo, muy listo no he sido nunca. Lo digo siempre tenéis que hacer caso a lo que yo digo, no a lo que yo hago. Que la teoría me la sé, pero en la práctica fallo más que Casillas contra Holanda (perdón, es el rencor).

Vengo observando desde hace tiempo, que al final el peor enemigo que tenemos somos nosotros mismos. Nadie me da más miedo que yo. Muchas veces he dicho eso de “mejor no salgo a tomar una caña hoy porque no me fío de mí”, y hago bien eh.

Lo malo, lo peor de todo esto… es que me sigue quedando gazpacho.

Cuentos y reencuentros

Lo bueno de un evento que reúne a mucha gente (digamos una boda) de alguien muy cercano a ti (digamos mi hermana) es la cantidad de gente con la que te reencuentras. Y es verdad que muchas veces son personas que viven a pocos metros de ti, pero nunca surge la idea, la excusa, el momento para encontrarte con ellos. Ni es tu culpa, ni es la suya, simplemente es la de los dos.

Pero el sábado vi a mucha gente. A mucha. Y a todos y cada uno de ellos tengo que decirles lo mismo: gracias. No por haber estado ahí ese día, porque eso es cosa de mi hermana. Es ella la que debe agradecer el que os hayáis tomado un par de días para compartir un momento con ella, estoy seguro de que lo ha hecho, lo hace y lo hará. Yo quiero dar las gracias por la sonrisa que vi en la cara de cada uno al saludarme. Una de las mejores sensaciones de esta vida es cuando la frase “me alegro de verte” es una realidad y no un protocolo. Y yo lo noté así, lo sentí así. Y sí, por supuesto que yo también me alegro de veros. A todos. A los que conozco de toda la vida, a los que conozco de dos días, a los de Salamanca, a los de Madrid, a los de Santander, a los de Barcelona.

Y lo bueno de una boda es que la familia se multiplica, crece, se llena, se enriquece. Las redes Población van creciendo a lo largo y ancho de España y del mundo. Estamos “poblacionando” a los que nos rodean. Nos encanta.

Con esa palabra, con esa GRACIAS en mayúsculas me quedo. Cualquier excusa es buena para veros, cualquier momento me viene bien para estar con vosotros y, ante todo y sobretodo, cualquiera de vosotros tiene la puerta de mi casa abierta.

Un paso más

Hay veces en que la vida da una vuelta de tuerca, un giro. No tiene que ser inesperado, no todos los giros lo son. A veces simplemente lo que ocurre es que tu vida cambia. Se escribe de otro modo, se inscribe en otro ámbito. Puede que haya sido un cambio drástico, un pequeño ajusto o un punto y aparte.

Lo que está claro es que los cambios siempre dan un poco de miedo, un poco de vértigo. Estamos cómodos en nuestra rutina y todo lo que venga a romper con ella nos hace entrar en nuestro momento de pánico. Pero no, tranquilo. Coge aire, respira hondo, cierra los ojos por un segundo.

Sé de personas muy cercanas que dentro de nada van a dar un giro, si quieren, un cambio en su vida, una patada a seguir. Y sé que tienen nervios, dudas, mil y una preguntas que google no responde (google no es tan listo, lamento comunicároslo). Bueno, pues las dudas una a una. Los problemas uno a uno. Las peleas… bueno eso mejor todas a la vez y así te las quitas de en medio.

Subir un escalón cansa, necesitas de un esfuerzo para lograrlo, pero al final siempre estás un poco más arriba. Tienes más perspectiva, opinas más a vista de pájaro y puedes ayudar a aquellos que aún no han conseguido subir. Eso también es importante.

Es época de cambios, de escalones. Nada es para siempre, a menos que tú quieras que lo sea, así que no hay nada mejor que dejar de no hacer nada.

 

Qué malo es ponerse malo

Empieza por unas gotas de sudor frío por la espalda. Aunque la gente vaya en manga corta, aunque el sol se lance a la calle con ganas, aunque el termómetro iguale mi edad, que ya paso de los 30. Da igual. Tú notas ese frío que llevas dentro y te encoges como si trataras de abrigarte contigo mismo. Porque no estás bien, no es tu día.

La cabeza se te va un poco, no te centras ni te concentras. Las ideas surgen a cuentagotas y te cansas sólo de pensar en lo que tienes que pensar. No estás fino, ni lúcido, ni coherente. La fiebre en tu cerebro tiene un efecto similar al alcohol. Te deja más tonto de lo habitual, pero confías en la excusa de “mañana se me pasa”. A veces se te pasa, a veces no, depende de las neuronas que hayas mandado a la guerra y el estado en el que éstas hayan vuelto. Nunca se sabe.

La gente dice eso de “tengo mal cuerpo” ni que fueras el Langui, o eso de “me encuentro mal” pues esa google maps, el caso es que estás enfermo y punto. Y no quieres voces altas, ni comidas contundentes, ni olores penetrantes… el alcohol pasa a ser tu kriptonita y, sinceramente, yo no soy un superman, soy un hombre muy sencillo que te viene a enamorar… uff ¿lo veis? ¡qué malo es estar malo!

Dicen que echas de menos las cosas cuando no las tienes. La salud lo primero. Recuerdas lo que disfrutabas con una caña, un pincho, una terraza (vamos, ayer mismo) y no puedes evitar que se resbale presurosa una lágrima por la mejilla al ver el disfrute ajeno.

En fin, que todo pasa que decía alguien que me creó más dudas que certezas. A ver si mañana estoy mejor.