Qué malo es ponerse malo

por Fer Población

Empieza por unas gotas de sudor frío por la espalda. Aunque la gente vaya en manga corta, aunque el sol se lance a la calle con ganas, aunque el termómetro iguale mi edad, que ya paso de los 30. Da igual. Tú notas ese frío que llevas dentro y te encoges como si trataras de abrigarte contigo mismo. Porque no estás bien, no es tu día.

La cabeza se te va un poco, no te centras ni te concentras. Las ideas surgen a cuentagotas y te cansas sólo de pensar en lo que tienes que pensar. No estás fino, ni lúcido, ni coherente. La fiebre en tu cerebro tiene un efecto similar al alcohol. Te deja más tonto de lo habitual, pero confías en la excusa de “mañana se me pasa”. A veces se te pasa, a veces no, depende de las neuronas que hayas mandado a la guerra y el estado en el que éstas hayan vuelto. Nunca se sabe.

La gente dice eso de “tengo mal cuerpo” ni que fueras el Langui, o eso de “me encuentro mal” pues esa google maps, el caso es que estás enfermo y punto. Y no quieres voces altas, ni comidas contundentes, ni olores penetrantes… el alcohol pasa a ser tu kriptonita y, sinceramente, yo no soy un superman, soy un hombre muy sencillo que te viene a enamorar… uff ¿lo veis? ¡qué malo es estar malo!

Dicen que echas de menos las cosas cuando no las tienes. La salud lo primero. Recuerdas lo que disfrutabas con una caña, un pincho, una terraza (vamos, ayer mismo) y no puedes evitar que se resbale presurosa una lágrima por la mejilla al ver el disfrute ajeno.

En fin, que todo pasa que decía alguien que me creó más dudas que certezas. A ver si mañana estoy mejor.

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