¿Mala suerte?

por Fer Población

No sé si os he contado esto ya. En más de 350 posts que llevo escritos a veces no recuerdo bien lo que he dicho y lo que no, y me sé de algunas que si me repito un poco me regañan. Son malas. Pero bueno, el caso es que me sé de una niña sumida en un mar de dudas. Termina el colegio y pasa al instituto. En el fondo es romper con su vida actual, salir de su burbuja de seguridad, entrar en un mund un poco menos Disney y un poco más Padre de Familia.

Tranquila. Como te he dicho las decisiones no son definitivas y lo que hoy piensas que es mala suerte quizá mañana verás que no.

Os voy a contar algo; algo que me ha pasado a mí. Veréis yo antes montaba a caballo, hacía concursos de salto y tenía mi propio caballo.  Si os cuento esto no es por presumir ni nada así, sino porque es importante para la historia. Bien el caso es que cuando yo tenía 17 años tuve un golpe muy fuerte. No, no fue montando a caballo como muchos aún piensan. Fue jugando al fútbol con mis amigos, una mala caída. Me rompí la segunda cervical por dos sitios y me desvié otras dos vértebras más abajo.

Casi me quedo en silla de ruedas. No olvidaré la cara del médico cuando vio la placa, se puso blanco y se tuvo que sentar. Pasé más de un año con un corsé de cintura hasta el cuello y claro como comprenderéis con eso no podía montar. Conocía a unos chicos jóvenes, jinetes de salto profesionales que vivían por Madrid así que mandé el caballo a su casa.

Fuimos hablando, yo iba a ver al caballo… el caso es que llegamos a ser buenos amigos. Pasados varios años, por circunstancias que prefiero no contar ahora (perdonadme) quise salir de Salamanca.

Y empecé a pensar. Y me di cuenta que podía ir a Villanueva de la Cañada. Es un pueblo pequeño cerca de Madrid. Era donde vivían mis amigos de los caballos. Y lo hice. Y allí conocí a mucha gente. Gente que hoy por hoy son de mis mejores amigos.

Entre ellos alguien que fue la que supo “picarme” para que empezara a escribir, a escribiros. Así que en cierto modo si yo no me hubiera roto el cuello no habría conocido a los que hoy tengo por mejores amigos, no habría conseguido hacer las paces conmigo mismo y sin duda no habría empezado este blog.

La caída fue muy mala suerte… ¿o no?

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