Peleas de cama

por Fer Población

Hoy Eurastio y yo no hemos dormido nada bien. Pero nada. La cama es pequeña, hace calor, el despertador no ayuda. Pero hay algo que no le puedo perdonar, ahí te has pasado Eurastio. Se ha bebido mi vaso de agua. Por ahí no paso. Te despiertas a media noche con calor… tanteas por la mesilla con cuidado (ya he regado alguna vez involuntariamente el suelo de mi cuarto), coges el vaso y… vacío. te dan ganas de gritar como loco, asesinas con la mirada, odias al mundo en general.

Es como ese trocito de tarta que sobró y que sabes que tienes en la nevera. Y llegas a casa soñando con él. Y comes algo como excusa para llegar al postre. Y no está. Es de esos pequeños disgustos que te da la vida. De esos momentos en los que tienes ganas de volver a tener cinco años para llorar y patalear. Qué narices, lloras y pataleas.

Pero la cosa no ha quedado ahí. Cuando estaba estirándome para despertarme Eurastio ha salido corriendo y se ha colado en el baño. Claro, tenía que sacar el agua que me había robado. Y cuando era mi turno… había terminado el papel. ¿Hay algo más frustrante que no tener papel? Pocas cosas, muy pocas.

Se ha comido mis tostadas, me ha quitado la colonia y después… con todo el morro, ha saludado con sorna desde la cama cuando yo me iba a trabajar. Qué duro es vivir con un dinosaurio de peluche.

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