Dudas versus certezas

por Fer Población

Alguien más inteligente que yo (lo que no es complicado) me acaba de “decir” que lo importante no es tener dudas, sino que entre esas dudas quede alguna que otra certeza. Y es verdad. Todos necesitamos de esas certezas, de esas verdades, esos pilares sobre los que ir construyendo nuestra vida, nuestra persona, nuestra forma de ser y de pensar. Hay verdades y matices. Hay aspectos negociables y otros por los que no puedes mirar a otro lado. O al menos así es como debería ser.

Pero querida amiga (o al menos espero que llegues a serlo) precisamente ahí tenemos el problema. Grande. Lo que están temblando son esas certezas, esas verdades, las patas del banco, los pilares de la tierra (me decepcionó un poco el libro). Y cuando tiembla la estructura, lo básico… ay, problemas fijo.

Porque te sientes perdido, porque no sabes a qué recurrir, porque miras a los lados como loco y no encuentras un asidero. No digo que no lo haya (que no lo sé), digo que no lo encuentras. Y das vueltas y vueltas en un papel garabateando con un boli (bic, un clásico) pensando encontrar ahí una respuesta. Te das (mejor dicho, me doy) cuenta de algo que realmente ya sabías… dibujo fatal. Mira no viene al caso, pero ya que estamos lo cuento, mi padre es arquitecto y mis dos abuelos también lo eran. Mucha gente me pregunta por qué yo no he seguido la tradición. Sencillo: dibujo fatal, no se me dan bien las matemáticas y tengo una pésima visión espacial… creo que es evidente que arquitectura no era lo mío.

Y aquí estamos, haciendo equilibrios subido en un poste, pero sin tener el tipín ni la gracia de karate kid. Buscando nuevas referencias, nuevos principios y nuevas verdades. Incluso sin ser arquitecto sé de lo importante de los pilares para sujetar la casa, pero yo, como el más vago de los cerditos, parece que he hecho mi casa de paja y al cabrón del lobo le ha dado por soplar.

Regalo dudas, se buscan certezas.

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