Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: junio, 2014

Comidas por estaciones

Que nadie se confunda, que no tiene nada que ver las comidas de las estaciones con comer en las estaciones. Lo segundo, en general, suele ser una gran decepción. Bien pensado las estaciones es el único reducto marxista que tenemos en España (me da a mí que en otros países también). Y es que en las estaciones de tren, metro, bus… al final el más rico, el más pobre, el más joven, el más viejo, el más facha, el más rojo… al final todos se ven con la misma bandeja de plástico con un mantel de papel enfrentados a una comida decepcionante seguramente hinchada de precio.

Pero no, no me refería a eso. Hablaba de las comidas que entran y salen de nuestras vidas a golpe de termómetro. Para mí, una de las grandes alegrías de esta época, aparte evidentemente del descenso de cm2 de ropa en las mujeres (soy hombre, lo siento), es la llegada del gazpacho. No, no hablo de esa piña andaluza torpe de los Fruitis (los de la ESO fijo que no sabéis de qué hablo), hablo de esa sopa de tomate, ensalada triturada, zumo mejorado… cada uno que lo llame como quiera. Ya sea como bebida, como plato o como canapé… el gazpacho es el rey del verano. En una nevera que se precie desde ya no puede faltar gazpacho. Que ahora lo tenemos fácil, que nos lo venden ya hecho (Alvalle).

Lo malo es que con la llegada del gazpacho tenemos, por fuerza, que despedirnos del cocido. Que no digo que los restaurantes especialistas en este manjar cierren, no es el caso, pero sinceramente, no me veo yo ahora mismo enfrentado a una copiosa oferta de trozos de cerdo y verduras. Los sudores que sufriría serían parecidos a un chapuzón piscinero, pero con ropa. Me comentan los amigos que no es excusa, que existe algo llamado aire acondicionado. Vale, pero no es lo mismo, no apetece.

Y nos hacemos menos carnívoros y más “pescadívoros” y así, despistado y sin avisar, aparece el amigo tinto de verano, que yo me apunto a tomar uno cuando sea. Ahí cada uno puede elegir si lo prefiere con casera o con limón y si lo quiere con más tinto o más verano.

Lo dicho, que cambia el tiempo, cambia la temperatura, cambian los grados y cambiamos las comidas y bebidas, pero lo que queda claro es que nosotros seguimos comiendo y bebiendo bien, a veces demasiado. España es así.

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Delante de tus ojos

Hay veces que te dan ganas de gritar, de dar saltos, de empujar a alguien. Hay veces que lo que tú ves como algo obvio parece que pasa desapercibido. Y da mucha rabia. Pero mucha. Hay veces que sientes ganas de convertirte en dictador y que se haga tu voluntad, por el bien ajeno, pero tu voluntad.

En serio, son momentos en los que te sientes raro. Piensas que debes ser una especie en extinción o un bicho de zoológico. Porque lo que tú ves tan claro hay otro que no. Y la verdad es que hoy no hablo de algo, sino de alguien. Alguien que esconde más de lo que enseña, que vale más de lo que piensa y que esconde su bondad detrás de su timidez.

Y me da rabia que alguien no haya visto todo eso como yo. O que haya dejado de verlo.  No lo entiendo, se me escapa. Y me molesta que dude de sí misma, que se esconda en su interior y no deje que los demás vean lo mucho y bueno que tiene. Qué narices, no me molesta, me jode.

Así que me niego, no me da la gana, no quiero. Tu vida empezó ayer, tu futuro lo escribes tú, tu compañía se paga en lingotes de oro. Eso es así, eso es verdad y el que no haya querido verlo es simplemente porque… mmmm bueno si ya antes he dicho que me jode supongo que ahora ya puedo decir que es gilipollas.

Quiero recuperar esa sonrisa, que te pongas el mundo por montera y que siempre, siempre, des un paso más. No se te ocurra no hacerlo, no te pienso dejar. Es un aviso y una amenaza.

Compartir es vivir

Como sabéis yo estoy muy orgulloso de ser español, mucho. Pero estar orgulloso no quiere decir estar ciego. Soy el primero que conozco y reconozco los problemas y la delicada situación que vivimos en España, somo especiales para lo bueno y para lo malo. Temas como la corrupción, la crisis, la cultura… hacen que veamos que España está herida.

Va mucho en nuestro carácter regodearnos en los defectos, como un cerdo en un charco de mierda (perdón por la comparación), y olvidar aquello que nos diferencia y nos destaca de los que nos rodean.

Y entre todas las cosas que se me ocurren, que no son pocas, hay una con la que se me llena la boca: somos líderes mundiales en transplantes. Ole. Lo oímos año tras año y ya lo vemos como algo normal, pero hoy quiero que paremos, que pensemos, que veamos todo lo que eso implica.

Damos vida. Ayudamos a que los que han tenido menos suerte puedan vivir, al menos, un día más. Compartir es vivir. Y nunca mejor dicho.

El acto de donar no es sólo un acto de generosidad, que lo es, es más un acto de responsabilidad, de coherencia. Si hablamos de las donaciones en vida la decisión entiendo que es complicada, pero las donaciones una vez fallecido… me cuesta entender a aquellas personas que son reacias a donar sus órganos. Ya no los vas a usar. Me recuerda a aquellos que tiran la ropa usada a la basura, sin pensar que esa ropa puede abrigar a alguien que la necesita. Si ya no lo vas a usar, para qué quieres que se pudra contigo (nunca mejor dicho).

Tengo la virtud (y sí, he dicho virtud) de confiar en la gente. No creo que haya muchos casos de los que antes he descrito, de egoístas sin corazón o más bien con corazón perpetuo (nunca mejor dicho). Más bien lo que creo es que somos algo vagos, algo perezosos, que nos cuesta ir a pedir el formulario, firmar, hacer trámites. Somos buena gente, pero algo vagos.

Más bien el problema es que nos gusta dejarlo todo para el último, y con estas cosas no sabes qué día va a ser tu último. Me cuesta creer que en la era de Internet no sea posible crear un formulario online para darle de alta como donante. Igual existe y yo lo desconozco, si es así decidmelo por favor.

En España donamos, compartimos y vivimos. Deberíamos estar orgullosos. Yo lo estoy.

Me llena de orgullo y satisfacción…

España ya no va a ser lo mismo, en serio. Muchos no lo habéis pensado, pero la cosa va a cambiar. No digo si para bien o para mal, pero que va a cambiar es fijo. De Juan Carlos a Felipe.

Primero las monedas. Yo la verdad hasta que nos metieron a capón eso del euro (aún sigo calculando muchas cosas en pesetas, lo reconozco) no había más monedas que las que tenían la cara de Juan Carlos. Que todos hemos hecho “genial truco mágico” de poner una moneda debajo de un papel y con un lápiz ir pintando viendo cómo aparecía la cara del Monarca. La versión cutre de la güija. El rey te observaba, estaba en todos lados. Pero como es tan campechano pues no sabías si asustarte o ponerle un chato de vino. Y ahora saldrá Felipe, pues no es lo mismo, a mí me da miedo. La gente tan perfecta esconde algo fijo. Seguro que hasta sabe usar los abrefáciles… qué manía le estoy cogiendo. Ah, pero ahora me doy cuenta que Felipe es del atleti… lo dicho algo malo esondía.

¿Qué hay del discurso de Navidad? ¿Ya no nos vamos a llenar de orgullo y satisfacción? ¿Y el juego de las fotos? Las del discurso de Navidad del Rey eran como la casa de Gran Hermano. Primero estaba a tope, y luego poco a poco se ha ido nominando y expulsando a los menos votados (léase Urdangarín, Marichalar…). Ya no va a ser lo mismo. Vamos a tener la sensación de que nos cambian a una figura entrañable, frágil, bonachona… por un sabiondo estiradillo. Vamos que nos cambian a Manolo el del bombo por Ken, el novio de Barbie. Y no es lo mismo.

¿Y la Reina? Ay por dios que ahí sí que nos la han jugado, pero bien. Nosotros que teníamos a una SEÑORA (curioso que hayamos tenido que ir a Grecia a encontrar una, pero eso es otro tema) discreta, educada, elegante… y ahora Letizienta salta a la palestra. Que la niña tiene que dar la nota hasta en el nombre. Letizzzzzzia. Con dos huevos. Se rumorea que Felipe está acojonado por si en un ataque de “presentadoritis” la exdivorciada y exrepublicana salta por encima del atril, roba el micro y corre por los pasillos chillando “es mioooooooooooo” “mi tesorooooooooooooo”.

Ahora que eso de pedir referendums para todo está de moda, me parece muy feo que Felipe no nos consultara sobre su futura mujer. Mal Felipe, mal.

Cabezones con o sin razones

Como se nos meta una idea en la cabeza allá que vamos. Ya puede estar todo en nuestra contra, ya puede darnos la vida mil y una pistas de que es una mala idea al estilo adivinanza de las antiguas (PLATA NO es…) que si nos hemos decidido no nos para nadie.

Y claro luego hay que pagar las consecuencias. Y es que este finde me he subido a mi querida Villanew a celebrar (bueno siempre que voy acabo celebrando algo, el caso es salir) el cumpleaños de Sergio. Bien, pues jardín, cervecitas, cositas de picar y amigos, planazo. Casi. El único problema es que el cielo estaba gris marengo (no sé muy bien qué tono de gris es, pero lo he oído en una tienda y me gusta cómo suena) y hacía más frío que fregando focas. Pero nada, nosotros ahí cual machos ibéricos. Por cierto, estoy pensando que deberían cambiar los toros de Osborne por siluetas de cerdo. Muchos más representativo de España y menos conflicto. El jamón une amigos.

Lo dicho que ahí estábamos cerveza en mano (fría por supuesto, no ese caldo que les gusta a los ingleses) y viento por doquier. Como un rebaño (un poco animales sí que hemos sido siempre) juntándonos en busca del calor humano. Castos  y respetuosos. No hablo de esos juntamientos cuando la noche ya está muriendo y las carteras van resentidas de ataques a copazos, eso es otro tipo de calor humano.

Conclusión, que tengo la garganta  como si me hubiera comido un erizo con pinchos y todo y la voz masculina estilo Phoebe cantando Smelly cat con catarro. Duele, mucho. Me estoy tomando las lizipaínas como si fueran sugus. Creo que ya hasta me gusta el sabor. La lizipaína es como la cerveza, que la primera vez no te gusta, pero poco a poco le encuentras el puntito.

En fin que la próxima vez que tengamos otra idea de bombero torero… fijo que la volvemos a hacer, que nadie tenga duda de eso.