Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: julio, 2014

Fin de curso

Los que tenemos complejo de niño, vamos los que creemos que lo somos, aunque tenga canas, que ya no las peino mucho por falta de efectivos, en fin que me voy por las ramas, como Tarzán (aaaaaAAAAAaaaaAAAAA), seguimos pensando que el año empieza en Septiembre y termina en Julio. Agosto es un mes que está en el limbo, o en el cielo, porque las vacaciones pasan sutiles y gráciles como el sueño de una noche, por supuesto, de verano.

Y es que al terminar este año académico, que es la forma correcta de decir curso, vemos claroscuros en lontananza (que no longaniza) el año apuntaba alto y remató en tablas. Me dejó una cornada de trayectoria ascendente y dudé de salir a la plaza a por el segundo de mi lote. Pero uno se debe a su público y con el traje de luces algo hecho jirones me planté en los medios y cité de lejos confiando en que alguien diera un quite para poder ahorrar fuerzas.

No salí a hombros, pero salí vivo, que a veces hay que valorar tanto una cosa como la otra. Porque el que sale vivo puede intentar salir a hombros mañana. Si quiere claro. Y cierro este año enterrando las sombras extranjeras y asomando la cabeza a las nuevas aventuras. Porque lo que quiero es eso, nuevas aventuras. Y habrá que buscarlas, porque una aventura, como un amigo, es raro que te busquen, tienes que ganártelos.

Puede que mi primera aventura pase por el lugar del cual soy embajador honorario, puede que en otro lugar. De todos modos, y sea como sea, con los míos cerca, me subo al Titanic que lo reflotamos.

En fin, que espero que todos paséis un gran verano. Yo os abandono unos días, hasta el 20 de septiembre. Queda colgado el cartel de cerrado por vacaciones.

P.D. Es la segunda vez que corrijo uno de mis posts, y llevo más de 400… pero gracias a Idoia me he dado cuenta de la errata… no, no me voy hasta el 20 de septiembre (ya me gustaría, mucho, muchísimo…) sino hasta el 20 de agosto. No es lo mismo, lo sé.

Canciones y recuerdos

¿Os gusta cuando de repente empieza a sonar una canción y os recuerda a algo, a alguien, a otro momento, otro lugar…? A mí sí. Porque de repente estás en la oficina y pegas un salto tipo de oca a oca y te ves a ti mismo desde arriba, desde lejos. Pero no es a ti a quien te hace ilusión ver, sino a ella, a él (las damas delante), a ese lugar, o esa casa, o ese bar. Y te sientes bien, notas un cosquilleo que sube por toda tu columna y piensas en lo idiota que eras, pero lo bien que te lo pasabas. La vida no es que fuera mejor, sólo era diferente, pero el cerebro, que es muy listo aunque tú no lo seas, suele quedarse con las cosas buenas.

Va sonando la canción y vas avanzando en tus recuerdos. Saltas por ellos. Y ves caras, oyes voces, piensas qué será de ellos, dónde estarán. Y muchas veces lo tienes muy claro, pero otras es gente que simplemente ha desaparecido de tu vida. Eso no es ni bueno, ni malo (depende del caso), sólo es verdad. Pero es esa gente que ya sólo puedes recordar. Que el único modo en que estén vivos para ti es a base de esas canciones. Y es una pena dejar que la gente muera. Al final lo que no recuerdas es como si no lo hubieras hecho. Y eso tampoco es ni bueno ni malo, es verdad.

Lo bueno de las canciones es que se esconden donde menos te lo esperas. Te asaltan por sorpresa sin delicadeza ninguna. Están entre las ondas de la radio, en la tele, por la calle, en el silbido de un transeunte… o simplemente se acomodan en tu cabeza porque sí. Las mejores cosas en la vida suelen pasar porque sí, de casualidad.

Puede que no sean grandes canciones, que nadie les vaya a dar un grammy ni pasen a los anales de la historia (siempre me ha hecho esta expresión… será que tengo la mente sucia), pero son las tuyas. La banda sonora de tu vida. El pie para dar entrada a recuerdos agazapados y personas que de algún modo fijo te marcaron. Y eso no es ni bueno ni malo, simplemente es verdad.

¿Y os gusta cuando después de una de estas canciones, de acordarte de alguien, justo después de eso, te encuentras con él, te llama, te manda un mensaje…? A mí sí. Tiendes a pensar en que es una casualidad, que el mundo es un pañuelo, que vaya coincidencia… aunque en el fondo lo que te apetece pensar es algo ha pasado, ha vuelto a pasar, para que esa persona vuelva a tu vida. Y sabes que esta segunda versión es menos realista, menos probable, menos adulta, menos madura, menos coherente… pero te gusta más.

Creo que no deberíamos dejar de oír canciones, pero no cualquier canción, esas canciones.

Mis camas

Pues hala, lo he vuelto a hacer. Me he vuelto a cambiar de cama y van ya unas cuantas. Y ya no hablo de camas de hoteles, de casas de amigos o de familiares… no. Me refiero a camas que han sido mías. A todos nos pasa que tenemos en mente cuál es nuestra cama. Cerramos los ojos y la vemos. Quizá los haya que no pasan en esa cama tantos días como les gustaría, pero siempre saben cuál es.

No pasa lo mismo con la casa. Hay una etapa, justo cuando acabamos de abandonar el nido paterno (aunque los haya que sigan ahí aferrados) que seguimos pensando que la casa de nuestros padres es nuestra. Bueno en este sentido mis padres lo dejaron muy clarito. Cuando nos fuimos los tres hijos hicieron obra y ya no tenemos cuarto los hijos… son cuartos de invitados. Y me parece bien eh.

Pues hoy quiero hacer un pequeño homenaje a mis camas. Soy muy de estas cosas sencillas, lo sabéis. Sí es verdad que hay de una cama de la que no puedo hablar. Sinceramenteno me acuerdo. Antes de los cuatro años, cuando vivía en Madrid, no puedo recordar bien esa cama. Sí que me acuerdo de ese cuarto, pero no os voy a engañar, me acuerdo por los días que pasábamos en Navidad. Sobretodo me acuerdo de las estrellas fosforescentes que mi padre pegó por todo el techo. Siempre me gustaron porque debo reconocer que nunca me ha gustado mucho la oscuridad.

El caso es que después de eso ya me fui a Salamanca. Ahí tenía una cama nido, de esas que tienen otra cama debajo. Y eso estaba muy bien porque podían quedarse a dormir amigos. Para mi madre eso de que se quedara alguien a dormir en casa tenía un proceso. Primero tenía que decirle a ella sin decir nada al amigo y después, si a ella le parecía bien, ya había que llamar a los padres del chico. La verdad es que normalmente me saltaba el proceso, pero solían dejarme que se quedara gente en casa.

Sí que es verdad que en esa cama tuvo una época complicada. Concretamente cuando tuve que llevar el corsé al tener la segunda cervical rota. Las noches eran eternas, era imposible dormir con eso. Recuerdo que ahí fue donde empecé a ponerme la radio para dormir. Empecé escuchando el Larguero, después oía Hablar por hablar, luego creo que venía la repetición del Larguero y ahí, a eso de las cinco, si había suerte, me dormía. No es un buen plan para alguien de 17 años.

El caso es que llegó un momento en el que esa cama ya estaba en las últimas… las lamas que sostenían el colchón habían ido cediendo con los años (y con mi peso) y tenían la agradable costumbre (la puta manía) de hundirse y dejar mi colchón inclinado. Ahí empecé a darme cuenta de la fuerza de la pereza, prefería pasar la noche incómodo que levantarme para solucionarlo.

Cambié de cama. Quería una grande. Me lancé a analizar las posibilidades de mi cuarto y, metro en mano, me di cuenta de que entraba una cama de 150 cm. Luego pensé que abrir el armario era importante, así que descarté la idea y opté por una de 105 cm. Y fuimos felices juntos. Lo curioso es que al llegar a la casa de mis padres remodelada y tumbarme fue una sensación familiar. Era mi cama. Puede que ya no sea mi cuarto, pero sí es mi cama. Y debo deciros que, aunque uno de los dos cuartos de invitados de la casa de mis padres tenga baño dentro, yo siempre duermo en el otro para estar en mi cama.

Pero me fui de casa. Y pasé un primer año en la residencia de la universidad. Fue un año sin más, una cama sin más. Poco más que decir. Después me mudé a un chalet con unos chicos de la universidad (yo pensé que eran amigos, pero pensé mal). Recuerdo esa cama con horror, bueno más bien con calor. Mucho calor. La casa no estaba bien aislada y en los cuartos que estaban en el piso de arriba el aire no es que no se moviera, es que se sentaba. Esa desagradable sensación de girar la cara durante la noche y notar todo mojada y pegajoso… a todos nos ha pasado alguna vez. Desesperado opté por poner una toalla encima de la cama, que no hacía mucho, pero algo ayudaba.

Y me volvía a cambiar de casa al año siguiente. Pero esta vez la cama la elegí con mimo. El cuarto tenía un balcón grande para ventilar. Ahí descubrí  el que creo que es el tamaño perfecto para la cama de un adulto. Entendamos que me refiero a un adulto de talla estándar, tirando a un poco menos (vamos que no llego a 170 cm). Y eso no es ni más ni menos que 135 cm de ancho de cama. Perfecto, tamaño ideal. Tienes espacio justo para darte una vuelta entera sobre ti mismo, así que en los meses de calor puedes ir girando de lado a lado de la cama buscando el lado fresquito. Nuestro romance, el de la cama y mío, sólo duró un año.

Y me fui a mi piso de Villanueva.  Y me compré otra cama. El tamaño, después de la experiencia de el año anterior era evidente. Y esa cama y yo fuimos muy felices. Porque conocí a grandes personas, porque me encantaba mi casa, porque la vida puede ser maravillosa Salinas. Nos gustamos y nos quisimos. Y fuimos felices durante 4 años. Mis años de promiscuidad de camas parecían haber terminado… pero no. Volvía a las andadas, lo siento yo soy así, no lo puedo evitar.

Porque vine a trabajar a Madrid. Y busqué otra cama. No es que me tocara, que viniera con el piso, no. La busqué, la compré, la quise. Si bien es cierto que con el piso tuve mis más y mis menos, con la cama siempre hubo amor. Yo soy mucho de querer. Y sí pensaba que esa cama pasaría años conmigo, que aunque me mudara de piso ella vendría de mi mano, pero, como digo muchas, muchas, muchas veces (pesadito que soy) la vida es lo que sucede cuando hacemos planes. Así que dejé mi cama, y mi piso, y mi país, y mi continente… y me fui allende los mares a tierras chilenas.

Ella me esperaba altiva y pomposa. Con más adornos que belleza natural y más artificios que los necesarios. Lo que en cristiano quiere decir que la cama de Chile era altísima. Lejos de la moda de las camas de ahora que la gente no se tumba, se tira, esta era una cama alta. Pensé pedir escaleras para acostarme. Parecía la princesa del guisante subido a esa cama, aunque estoy muy lejos de ser una princesa y los guisantes prefiero comérmelos. Y la cama estaba llena de cojines. Cojines que sólo volvían a la cama una día a la semana. Vamos cuando los ponía la asistenta, que yo nunca he sido muy de hacer camas. Estirar es la versión moderna de hacer la cama de ahí el éxito del edredón. No es que el edredón sea mejor para dormir, lo que es es mejor para hacer la cama. Y ya os he hablado de la fuerza de la pereza… pero esa cama también quedó en el recuerdo. Una víctima más de mi camismo enfermizo.

Y volví a España. Y entré en el piso de Madrid de mis padres. Esta es una cama familiar. Ahí he dormido yo, mi hermana Reyes, mi padre, mi madre, pero sobretodo mi hermana Maca. Es una cama familiar… familiar porque la hemos usado toda la familia, que de tamaño nada. La pobre no llega al metroy está encajonada entre pared y armario. Lejos de poder hacer la estrella y sacar manos y pies por los dos lados de la cama (vale que yo soy bajito y no llego, pero os hacéis la idea de lo que quiero decir), es más del estilo de mantengan manos y pies dentro del vagón en todo momento.

No ha sido mucho, unos 7 meses (cómo pasa el tiempo), pero, para ser una solución de emergencia, no ha estado mal.

Y ahora otra cama. Cambio de cuarto que no de casa. Y estamos en ello. Nos estamos conociendo, tanteando, probando… de momento ya tiene algo que sí me gusta, el tamaño (evidente cuál es). Ya os iré contando.

Mis dudas de la infancia

Cuando era pequeño tenía muchas dudas, muchas cosas que no entendía . Recuerdo que uno de los enigmas que me tenían loco era por qué el dinero era un problema para todo. Muchas veces oía eso de “cuesta mucho dinero”, “necesitamos dinero para ayudar”, “no tengo dinero”… no hablo de mi casa que a mí, gracias a mis padres por supuesto, de pequeño no sólo no me ha faltado de nada, sino que me ha sobrado. El caso es que yo dándole vueltas al tema de dinero (el parné, la pasta, la pela…) encontré la solución perfecta: pedí a los Reyes Magos un cajero automático. Nadie me había explicado que para que salga dinero hay que meterlo antes. Es lo que tiene ser niño. Como no podía entenderlo, alguien más mayor que yo me trajo dos huchas. En una de ellas metió cien pesetas (sí, pesetas, soy así de viejo) y en la otra nada. Me dijo rompe las dos huchas. ¿Ves? Sólo puedes coger dinero de la que hemos metido antes. Pues el cajero es igual.

Pero yo tenía más dudas. No entendía cómo mis padres eran del PP si siempre perdían en las elecciones. Para mí ser del PP era como ser del Atleti, pero claro era otra época. Una época a base de chaquetas de pana y bonsais. Y claro una persona mayor, poco contento con mis alegrías cuando veía el rojo en los gráficos del telediario, el de televisión española, vamos el único que había, se acercó. Me dijo a ver Fer qué tienes en tu mochila (todos sabemos que cuando un niño va de vacaciones lleva una mochila no muy limpia llena de juguetes y libros) puso encima de la mesa mis masters del universo (con su he-man, su skeletor y demás). Me miró y me dijo… pues verás Fer lo que esos señores dicen es que como tú tienes muñecos y tu hermana Maca no, tienes que darle la mitad a ella. Desde ese momento ese señor ya no me caía tan bien. Mis muñecos eran míos.

Otro enigma me traía loco. Porque vamos a ver, si yo era mayor que mi hermana, es decir había nacido antes, ¿por qué su cumpleaños era antes que el mío? No lo entendía, me volvía loco y me indignaba. Eso de tener que esperar un par de semanas más no me parecía nada justo. Entonces alguien se me acercó, dibujó un círculo y puso alrededor de él los meses del año (de pequeño siempre pensé que si junio y julio se parecían e iban seguidos, lo lógico era que marzo y mayo también lo fueran) y me dio… mira Fer tú naciste aquí… e hizo una señal al principio de noviembre (mi cumpleaños es el 6 de noviembre, se aceptan regalos todo el año)… fue pasando el año… fue rodeando el círculo con el boli… y aquí nació Maca… fue dando vueltas con el boli haciendo que los años pasaban. Y entonces yo pensé que la vida no era más que dar vueltas sobre lo mismo, y en eso, creo que no me confundí tanto.

Hace poco, unos año, cuando estuve un mes en Sudáfrica, un amigo no entendía que si yo estaba tan lejos fuera la misma hora. Yo le dije que pensara en una mandarina, los husos horarios serían los gajos. Pues bien, aunque él estuviera arriba y yo abajo, el gajo (la hora) era el mismo. Si algo me ha quedado claro es que al final las explicaciones más sencillas son las que te hacen aprender, seas o no un niño.

Hasta los huevos…

De la alarma de mi móvil; del perro que siempre ladra a las siete de la mañana; de los calcetines con agujero que se cuelan en mi armario y que sólo descubro cuando me los he puesto; de los zapatos en mitad del cuarto que siempre pateo al ir dormido a la ducha; de la caldera de la ducha que tarda una eternidad en calentarse; de mi pereza que me impide despertarme diez minutos antes para desayunar algo; de las obras que hay de camino a la oficina que hacen del camino un eslalom; de la gente que va gritando por la calle hablando por teléfono (espero); de las pastelerías con sus llamativos olores cuando llego tarde; de las fotos de playas, cañas, comidas, piscinas, bañadores, toallas… que veo en facebook; de que no me paguen a tiempo; de tener que pensar y pensar y acabar perdiendo la letra s; de la gente egoísta y la gente que les deja serlo; de haber venido al mundo sin manual de instrucciones (no me entienden… no me entiendo); de tener un intruso en la oficina que hace los días menos llevaderos; del color morado; de pasarme el año acatarrado, ahora por los aires acondicionados; de despertarme por la noche con la almohada sudada; de darle vueltas y vueltas a las cosas que no he hecho; de no olvidar las cosas que no debí hacer; de las tortillas de patatas que no saben a nada; de cocinar para uno; de no encontrar mi sitio; de las fachadas y caretas de muchos; de no poder gritar y mandar todo a la mierda; de la prensa del Barça; de quemarme sólo con estar un minuto al sol; de tener el rasero tan alto y pasar por debajo cada dos por tres; de que no aparezcas; de mi teléfono móvil; de los nuevos gurús de la autoayuda… pero sobretodo estoy hasta los huevos de estar olvidando los motivos para sonreír.

Risas

La risa corre por los rincones cansada ya de caras inertes. La risa entra sin llamar, llena, cala, calienta. Se convierte en alimento de los que menos comen y menos necesitan. La vida a golpe de risa es más vida, más vivida, más celebrada, más recordada, más plena, más llena, más real salpicada de retazos de magia que pueden existir o no. Basta con verlos, con saber que están ahí o simplemente decidirlo.

La risa se regala entre amigos como el pago de noches en vela y sinsabores varios. Nos une como nada más puede hacerlo y es que a veces no hay que hacer nada para compartir una risa. La risa no avisa ni pide permiso. Aparece sin más de cualquiera de los rincones de tu mente y jamás olvida de acercarse a tu corazón a hacerlo más fuerte. La risa es así.

La risa no es “de” sino “con”. Es un momento compartido, intenso, relevante siempre pese a no tener sentido, pero siempre sentimiento. Es un golpe de vida a fuerza de latidos que siempre nos ayuda a dar un paso más, aunque no siempre sepamos hacia donde.

 

Respira

Para. Respira. No dejes que el peso del mundo te clave la vista al suelo. Tómate un segundo, o tres. Respira hondo. Nota como poco a poco el aire entra en tus pulmones. Siente las pequeñas cosquillas al respirar. No te atragantes, no tengas ansias de llenarte. Despacio.

Empieza a escuchar. No a oir, a escuchar. Cierra los ojos. Comienza a separar los sonidos. Todos juntos son sólo ruido, pero tomatelos por separado. Escucha el ruido del taladro de la obra de la esquina, la voz de la señora que pide el pan, los pájaros urbanitas que miran con malas intenciones el pan de la señora, el niño que está de vacaciones y no sabe qué hacer, los coches que pasean por las calles… trata de ponerte en su lugar. De jugar a ser adivino y adivinar la vida de cada uno de ellos. La señora que tiene miedo porque no sabe si van a llegar a fin de mes, y encima en vacaciones. El hombre del quisco con su eterna duda asesino de margaritas con el me quiere no me quiere mental que él mismo ha construído de espaldas al mundo y a la realidad. Todos correteando por la vida como el conejo de Alicia. Hay prisa.

Pero tú para. Comienza a abrir los ojos despacio. Acostúmbrate a la luz. Que no te haga daño, que no te ciegue. Empieza mirando al cielo. ¿Hace cuánto que no mirabas el cielo? Está ahí, siempre está ahí. Cierto que nunca es igual, pero en este mundo de locos necesitamos certezas para mantener nuestra vida. El cielo está ahí. Y hoy está radiante, azul, despejado. Hoy se muestra tal y como es, sin adornos ni artificios. Como deberíamos hacer nosotros, saltar a la vida sin red mostrando lo que hay sin dobleces.

¿Ya has visto el cielo? Baja despacio. Los tejados, las cornisas, los pequeños tesoros aéreos que desconocemos o ignoramos. Recuerda, no dejes que el peso del mundo clave tu vista al suelo. La gente te sorprende si miras desde abajo. No están acostumbrados, nadie suele hacerlo. Pero tú sí. Porque has disfrutado del aire, porque has escuchado tu entorno, porque has mirado más allá de lo evidente.

Estás listo. Sal a la calle, a tu calle y cómete el mundo.

400

Pues sí, ya van 400 posts, 400 guiños, reflexiones, locuras… 400 veces que me he sentado delante de esta ventana a soltar lo que me ha dado la real gana. Y me habéis aguantado… tenéis un mérito… Y como dije (y suelo cumplir lo que digo) voy a colgar lo que me han mandado para este post especial para mí. A los que me habéis escrito, gracias, a los que me habéis leído, gracias, a los que me vais a leer, gracias. 400 gracias a todos.

Un beso

Fer

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El otro día iva por la calle y la volví a ver. Tan guapa como siempre, tan perfecta como siempre y tan sonriente como siempre. Pero, yo, como siempre tan tonto como siempre sin saber ni su nombre.

Me la quité de la cabeza, jamás la conseguiría. Además esa noche ya tenía planes.
-Hey, Javi
-¿Qué pasa tronco? ¿Aún sin pivita?
-Bueno… No… Pero…
-¿Quien es la chica?
– ¡ostras! Pero si… Está ahi
-Ven, te doy una táctica.

Este se acercó y su amigo Javi, le susurró a su amigo la táctica perfecta.

-Hola…
-Ah, hola.
-Te doy mi número y si eso me llamas…
– Será que te doy yo mi número y si eso me llamas.
-No, toma- dijo dejandole el movil en la mesa.

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La amistad, ese extraño elemento de la vida del ser humano, que se nos torna difícil a ratos, más grato siempre, es un tesoro que pocos pueden conocer como verdadero y único. Y si encontrás personas que merecen ser llamados amigos y destinatarios de ese ancho y fabuloso sentimiento, conviene cuidarlos y mimarlos para que no se marchen, que si bien son raros los amigos de verdad, poseerlos es un lujo, un placer y el envoltorio perfecto para finalizar un week-end, un día, unas horas o bien unos minutos como me sucede a mí con vos.
Cuando una persona es capaz de transmitir más de un solo sentimiento a quien no lo conoce totalmente, capaz de hacerle sentir casi de la familia, como si siempre hubieran estado allá, esperándonos, preparando sus risas, su cariño y su amabilidad, sus atenciones y su estar, que no es poco, eso es sencillamente un amigo. Un amigo al que comenzás a entender, a querer y recogerlo con mimo y cuidado en el corazón para que nada ni nadie lo lastime o lo convierta en memoria.
Si la distancia a veces, es un componente en contra en algunas relaciones de amistad, desde que nos conocemos, ha supuesto y ahorita lo tengo claro, un aliciente para que cada dia del año, se aproxime más como un regalo a ese momento en el que encontrarnos sea una fiesta. (Sin olvidar el certificado médico que tengo pendiente con cierto salmantino… pero eso es otra historia y debe ser contada en otro lugar…)
Gracias, por permitir demostrarme una vez más, que no solo son buenos amigos los que conocés de toda la vida, que la vida son 365 días de cada año y que a partir de ahorita cada uno de ellos, pueda ser un suma y sigue en nuestra amistad, me gustaría estar más… los dos sabemos que igual no puedo yo, sólo espero me recuerde como algo un poco bueno que sucedió en su vida y no por momentos malos que fueron muchos.
Un beso a lo grande chamaco!! IDEM
Valeria Iglesias.

 

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400 posts de humanidad
Cosas que pienso y a pesar de ello digo es uno de los blogs más personales y sinceros que leo desde hace precisamente eso, 399 posts.
Un día cualquiera, hablando de todo y de nada, Fer se atrevió a mandarme un cuento y a presentarme a Eurastio, el protagonista que supongo que ha inspirado e inspirará las ganas de escribir de nuestro amigo. Es importante tener siempre presente nuestros comienzos y sé que Eurastio está siempre en ti. Y desde entonces, desde aquella historia tan mágica pero tan real, me gusta leer las cosas que Fer “piensa y dice” en su blog.

En él me he encontrado textos preciosos; otros, divertidos; melancólicos, tristes, graciosos… Algunas con los que me sentía completamente identificada y otros que no me han gustado en absoluto. Pero al final en eso consiste la vida y el madurar, en valorar la opinión de los demás, en escucharla (en este caso leerla) y en tomar de cada trocito lo que mejor nos encaje, lo que más nos guste. Porque no todo puede ser siempre de nuestro agrado, pero sí que valoramos la sinceridad, la claridad, la cercanía de un espacio tan personal y el sentirse acompañado a través de una pantalla mientras lees y lees y lees.

Supongo que como a muchos de vosotros, cada mañana en mi tablón de Facebook sale Fer con su nuevo post y no soy capaz de no pinchar en el enlace para adentrarme en sus palabras del día y evadirme, por unos minutos, de cualquier cosa que esté haciendo. Nunca, nunca lo dejo para otro momento, no sé por qué.
Supongo que por inercia, por el placer que me da leer palabras cercanas, por curiosidad, por saber más sobre Eurastio, quien salió hace unos días peleándose con Fer… No lo sé. Pero cada mañana estoy ahí, al otro lado de su pantalla, aunque a veces él no lo sepa.

Todas esta palabras que me han salido un poco al tun-tún me llevan a una reflexión final. Lo que nos hace humanos son los errores. Lo que nos hace humanos es ser vulnerables frente a las adversidades de la vida. Pero para mí, lo que nos hace humanos es también la capacidad de plasmar en un papel nuestro mundo interior. Las palabras escritas son magia porque pueden serlo todo o no ser nada.

Y leer… Y vivir…
Y refugiarse cada mañana laborable entre palabras amigas y entender que, en muchas ocasiones, escribir es la mejor forma de comprendernos por dentro.
¡Por otros 400 posts más Fer!

Cristina Rodríguez Bareño

Mujeres que no me gustan

No me gustan las mujeres que no comen. Que pasan el día contando calorías y privándose de bocados de felicidad. No se trata de pasar la vida con un bocadillo de panceta en la mano, pero hay que disfrutar.

No me gustan las mujeres que no beben (los hombres tampoco). Mi abuelo siempre me dijo que no me fiara de alguien que no bebe, que seguro que tiene mucho que esconder.

No me gustan las mujeres que se emborrachan y van por los suelos (los hombres tampoco). Y no, no me contradigo con la frase de antes, es simplemente que todo tiene un punto justo. Cierto que a veces no me gusto a mí mismo.

No me gustan las mujeres que llegan tarde. Pero tarde. Las excusas de ya estoy saliendo (y oyes la ducha), llevo en cinco minutos (llega en media hora), tardo un momentito (lo mismo que tardaron en construir las pirámides) me ponen nervioso porque siempre he pensado que mi tiempo vale, al menos, tanto como el suyo.

No me gustan las mujeres que dan por hecho que las vas a invitar. Creo que soy una persona generosa y soy muy de pagar, pero sentirme obligado… no.

No me gustan las mujeres que van pensando siempre que se van a manchar, o contaminar… que van siempre andando de puntillas por el mundo y tocan las cosas con guantes de plástico. Me gusta la gente que se implica, que se deja llevar, que sabe comer con las manos y mancharse de barro. Y que al hacerlo no dejan de ser princesas.

No me gustan las mujeres que viven en Telecinco. Que siguen la dieta de Jorge Javier o los consejos de belleza de la Esteban. Es un mundo que desconozco y pretende seguir así. El que dice que hay que saber de todo… se equivoca.

No me gustan las mujeres que no sonríen. No podría vivir con alguien que no tiene sentido del humor.

No me gustan las mujeres que llevan vestidos largos en verano. Puede que sea una manía, y no digo que tengan que ir enseñando pierna todo el día. Hay pantalones.

No me gustan las mujeres retorcidas, con falsas intenciones y que viven de fachada y apariencia. Me gusta que enseñen lo que son, lo que hay, y ya después veremos si mutuamente nos llamamos (la atención o por teléfono).

No me gustan muchas cosas, pero sí me gustan las mujeres.

Clásicos de verano

El verano tiene una serie de clásicos. De rutinas, de pasos obligatorios sin los que no llegas a sentirte en verano. Y algunos son comunes, otros son de mi entorno y otros son simplemente míos.

Y todo esto empieza porque les ha dado por reponer verano azul, que ha uno le da que pensar que como la cosa siga así en unos años los diálogos de la serie se van a estudiar como castellano antíguo, vamos digo yo. Que está bien, que estamos en crisis, que de verdad que hay que aprovechar las cosas, pero vamos bastante partido le han sacado ya a la serie… que para mí que ya está desgastada… como esas camisas de años ah que te pones y tapar lo que se dice tapar no tapan nada. Por cierto, que en el caso de los hombres es por perezosos o rácanos… pero ¿y las camisas, camisetas que se ponen las chicas? yo feliz, pero eso no es lo que se llama vestirse.

Vuelve el gazpacho, la ensaladilla, los pescados, las ensaladas… vamos todo lo que implica menos fogón y más nevera. Quizá es por eso que en verano los buenos y malos cocineros se equiparan. Esos individuos e individuas que entran en la cocina de turismo, se hacen fuertes y se permiten invitar a sus amigos a comer algo “fresquito”. En invierno no, ahí no hay huevos, ahí mejor reservan mesa.

Y me quemo. Siempre me quemo, intento evitarlo, pero me quemo. Soy más blanco que lavado con ariel (busca, compara y si encuentras algo mejor…) y es ver dos rayos de sol (ou ou ou) y me pongo como el cangrejo Sebastián (el de la sirenita) en 20 minutos en agua hirviendo.

Pero sobretodo y ante todo, lo que más me sorprende con el verano es algo que he dejado entrever antes. La permisividad con la ropa. Si yo, por ejemplo mañana, me da por salir a la calle con calzoncillos, chanclas y camiseta… puedo como mínimo recibir miradas reprobatorias (vamos, lo que viene a ser caras de mala leche) y hasta multarme por escándalo público… pero vamos a ver ¿es que nadie se da ha dado cuenta que el bañador es un calzoncillo impermeable? es como que nadie se dé cuenta de que Superman es Clarc Kent con gafas… no lo entiendo.

Será el verano que nos reblandece el cerebro… quizá habría que tomar algo fresquito.

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