Seguimos siendo niños

por Fer Población

O al menos yo. Y es que debo confesar que mantengo muchas de las costumbres, manías, defectos, rarezas o como usted quiera llamarlas, de cuando aún era un niño. Yo, como es normal, cuento las mías. Yo me río de mí, pero me da la sensación de que no soy, ni mucho menos, el único que tiene estas cosillas por ahí sueltas. Nuestro Peter Pan interior ha aprendido a luchar tan bien (Garfio era muy malo, muy malo, muy malo) que se resiste a morir por más que lo apuñalemos.

Me gusta el Cola Cao. Las pocas veces que desayuno, que normalmente es cuando estoy fuera de casa, opto por él. No me va el café la verdad. Y antes cuando lo pedía me miraban raro. Cada vez menos, es más, en la campaña nueva de publicidad cuando una chica dije eso de… yo nunca lo dejé… pues yo tampoco. Pero yo tengo más mérito, que ella está en la universidad y yo ya…. bueno ya no. Por cierto me sé de memoria la canción del negrito y de pequeño trataron de convencer a mi madre cuando me estaba paseando por el parque para que grabara un anuncio de Cola Cao. Era un bebé guapísimo y dejémoslo ahí que las comparaciones son odiosas.

Uno de los grandes placeres de la vida es ducharse, ponerse un pijama limpio y echarse Nenuco. Si esto es un día de resaca la cosa mejora aún más, pero eso no es de niños, al menos no de niños buenos.

Una de las cosas que me hace gracia es que intentar camuflar nuestras manías de niños como algo sofisticado, puede que para que no nos sintamos mal o tontos, no sé. Pero vamos que nos siguen gustando los dibujos animados. Y sí, en los que vemos ahora hay drogas, hablan de sexo, matan personas… etc, pero nos pongamos como nos pongamos eso son dibujos animados. Igual que las chuches. Ahora se supone que son gominolas de zumo natural de frutas y las venden en unas tiendas muy chic y muy blanquitas (ahora todo lo moderno es blanco) al peso y más vale que llevas la tarjeta de crédito. Eso de salir con la bolsa llena hasta los topes con cien pesetas (sí, he dicho pesetas, soy así de mayor) ya es un mito. De todos modos en este sentido la experta es mi hermana Maca, no en vano en la guardería se ganó el apodo de “Quiosco”.

Nos gustan los parques de atracciones, yo en Eurodisney disfruté como un enano (gracias Gio, gracias Rafa), nos gustan los batidos y las tortitas con nata, nos gusta poner excusas fantásticas y, sobretodo, al menos yo, me sigo poniendo nervioso si hablo con una chica que me gusta.

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