Otro día… ¿o no?

por Fer Población

El día se intuía entre las rendijas de la persiana despertando perezoso y con pocas ganas de sentar cátedra. Un día más. Poco a poco los ruidos de la calle van calando entre los huesos y la cama, malvada ella, va empujando fuera de su territorio en la más cruel extradición. Sin miramientos, sin compasión.

Las ganas de vivir esperan tras la cortina de la ducha y anhelan ser regadas para poder florecer, mientras que la calle, poco a poco, se va vistiendo de gala y llenando de accesorios que corren encorbatados o trajeadas de aquí para allá.

El espejo se convierte en cruel enemigo al mostrarte el duro reflejo de la pura (o puta) realidad. Es lo que hay. Puedes tratar de esconderlo (ellas lo hacen mejor), pero siempre llevarás eso ahí.

Y te duchas. Y te pones una camisa (la primera del armario), y sales a la calle por inercia empujando a las horas para que corran, notando cómo deciden no hacerte caso.

Y rompes con todo. Piensas en positivo, te proyectas en el tiempo arropado por la noche y con la sonrisa grapada en la boca. la noche es tu amiga. Organizas mil y un planes que sabes que no vas a cumplir y analizas tu agenda buscando colaboradores o posibles secuestros, depende del caso.

El mundo por montera, la vida a tus pies, la energía que sale de algún lugar de la Mancha. Es lo bueno de los viernes.

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