Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: julio, 2014

Otro día… ¿o no?

El día se intuía entre las rendijas de la persiana despertando perezoso y con pocas ganas de sentar cátedra. Un día más. Poco a poco los ruidos de la calle van calando entre los huesos y la cama, malvada ella, va empujando fuera de su territorio en la más cruel extradición. Sin miramientos, sin compasión.

Las ganas de vivir esperan tras la cortina de la ducha y anhelan ser regadas para poder florecer, mientras que la calle, poco a poco, se va vistiendo de gala y llenando de accesorios que corren encorbatados o trajeadas de aquí para allá.

El espejo se convierte en cruel enemigo al mostrarte el duro reflejo de la pura (o puta) realidad. Es lo que hay. Puedes tratar de esconderlo (ellas lo hacen mejor), pero siempre llevarás eso ahí.

Y te duchas. Y te pones una camisa (la primera del armario), y sales a la calle por inercia empujando a las horas para que corran, notando cómo deciden no hacerte caso.

Y rompes con todo. Piensas en positivo, te proyectas en el tiempo arropado por la noche y con la sonrisa grapada en la boca. la noche es tu amiga. Organizas mil y un planes que sabes que no vas a cumplir y analizas tu agenda buscando colaboradores o posibles secuestros, depende del caso.

El mundo por montera, la vida a tus pies, la energía que sale de algún lugar de la Mancha. Es lo bueno de los viernes.

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Sólo lo que hay

Yo soy bastante de antojos en lo que a comer se refiere. Los que me conocéis sabéis que no como mucho, por cierto una de las cosas que me suele pasar es que si quedo con una chica a cenar en plan cita (¿por qué a las chicas suelen reaccionar con un uuuuuh cuando dices esta palabra?) suelo comer menos que ella, y eso a más de una le incomoda (menos a la vasca que esa pasa de todo). Que quede claro que no lo hago por molestar, yo como poco, si tú comes más hazlo, feel free…

En fin que me despisto. Como iba diciendo soy bastante de antojos en lo que se refiere. Algo idiota, eso sí, porque puedo pasarme el día pensando en una hamburguesa, irme a Foster´s Hollywood y preguntar si tienen pesacado. Soy así, no me entieno ni yo, pero lo paso muy bien.

Bueno a ver si me centro ya, el caso es que ayer, como ya va haciendo algo de calor… por cierto ¿pensáis que un sofá puede dar calor? Vale, quizá uno de esos de cuero, o esos que iban enfundados en plástico… ¿hay algo más desagradable que tumbarse sin camiseta en uno de esos sofás y notar cómo se pega a la espalda? ¿sacarían de ahí la idea del papel film de cocina? y ya que estamos ¿por qué dicen los de Masterchef que enseñan a cocinar si las cuatro recetas que dan el metrosexual catalán y el pepus zampónibus siempre las empiezan por “es muy fácil”? ¿Si no consigues hacer esa receta es que eres un lerdo? ¿todo el mundo nace sabiendo usar el nitrógeno líquido? ¿y si el nitrógeno líquido enfría tanto por qué no echan unos cubos de eso en Madrid en agosto a ver si no nos da un sofocón a los que tenemos que currar ese mes? Ah no, que este año no.

Uuf, creo que estoy hoy algo disperso eh. Como decíamos ayer (hay que ser de León y fraile para ser así de cabezón) yo tenía antojo de helado al mediodía. Y fui a por uno. Y en la tienda multicultural de precios algo inflados, pero de horario interrumpido con dudosa asepsia y menor gusto de la esquina… vamos lo que es un chino, me puse a mirar el cartel de las opciones de helados. Qué duda. Porque yo soy antojón, pero indeciso. Y quería un helado… pero ¿cuál? Y tenía miedo. Porque, por alguna ley universal (para mí que de Murphy, estas leyes con tan mala leche suelen ser de él) normalmente siempre está más bueno, te apetece más, el helado (o plato) que no has pedido. Vamos una mierda. Así que había que pensar bien lo que quería.

Fui valorando las opciones. Despacio. Pensando los pros y los contras. Pensé recurrir al famoso cuaderno amarillo de Ted Mosby, por cierto alguien me comentó que el éxito de esa serie es que todos queremos ser como Barney, todos pensamos que somos Ted, pero en realidad todos somos Marshall… el caso es que tomé una decisión.

Entré decidido, convencido, orgulloso de mí, y al hacer mi petición el chino (quizá sería más correcto decir asiático porque a saber de dónde era) semilevanta la vista de su serie de chinos (o asiáticos) de su portatil y señalando una nevera me suelta… sólo lo que hay.

Me pedí una pantera rosa.

Soy yo

Soy yo. Todos mis yo. Cada uno de ellos. Soy un yo yo. Subo, bajo y no paro de moverme. Nunca se sabe qué yo soy, qué yo viene, qué yo traigo de frente o llevo a la espalda. No me pidas ayuda, ni siquiera lo sé yo. Todos somos muchos en uno. Y cambiamos, y evolucionamos y nos movemos en arenas de las que salimos o nos hundimos. Depende del día, depende del yo.

Y mentimos, a diario, porque decir la verdad a medias es la mayor de las mentiras. Manipulación informativa que decimos los periodistas, pero nunca la ejercemos (ironía, ironía, ironía). ¿Quién es? Soy yo. Sí, vale ¿pero cuál? Sé sincero.

¿Eres la persona que se come el mundo, o el que se siente un aperitivo? ¿Eres la persona segura o la que entona el “y si” como mantra? ¿Eres el amigo de los niños, o Herodes con almorranas? Porque todos, todos y cada uno de esos, eres tú.

Y están ahí, y se pelean, y se llevan mal, o bien. Y vienen juntos y de la mano. O de uno en uno, o en pactos, o en guerras. Vienen por dentro y por fuera. Por mail, por whatsapp, por teléfono, en persona.

Los hay que vienen mucho, los hay que vienen poco. Los que vienen en fechas concretas, los que vienen sin avisar. Los que se echan de menos y los que no sabes cómo echar. Pero todos ellos soy yo. Soy yo ¿me abres? Pues depende.

Yo soy yo y mis circunstancias. Más bien depende de mis circunstancias soy un yo. Por eso no puedes decir “yo quiero ir al cine”. Mi yo, el de ahora, en este momento, quiero, quizá otro yo, no, así que no sé.

Lo dicho que soy yo. Tú decides si me abres. Tú te arriesgas a quién puede entrar.

 

Un guante, una petición, una súplica

Ayer mirando y remirando me di cuenta que me acerco mucho ya a los 400 posts. Oye y son unos cuántos. Y sé que soy muy pesado, pero insisto en que jamás hubiera empezado si no fuera por Aina, y que jamás pensé que llegaría a hacer tantos. Y sigo en ello. Es más esto ha sido el principio. el germen de nuevos proyectos que comenzarán en breve, pero esa es otra historia y debe ser contada en otro lugar.

Fiel a mi costumbre me gusta, me divierte y me sorprende el ceder estos posts especiales a otros. Que sean otros los que hablen de mí, de mis locuras, de mis escritos… o de ellos, o de la reproducción de los caracoles, o de lo que les dé la gana vamos. Si yo siempre he escrito de lo que quiero no seré yo el que censure a otros.

De ahí el título del blog de hoy. Lanzo un guante al que quiera coger el reto de escribir algo para mi post 400, mando una petición para que alguien recoja ese guante, y realmente, si eso no funciona, pues si hay que suplicar se suplica.

A fin de cuentas, como ya me han dicho varias veces, este blog es tan vuestro como mío, porque si no fuera por vosotros simplemente sería un diario. Sin vosotros no estaría cerca de llegar a los 400 posts y seguro que no habría pasado tantos momentos tan buenos y tan diferentes.

Si alguien (por fiiiiiiii) se anima os dejo mi mail para que me mandéis cosillas, fpoblacionpoblacion@gmail.com, que yo subiré el miércoles 16, fecha en la que llegaré (llegaremos) a los 400. Prometo no censurar nada, prometo subir todo lo que me manden, prometo sugus, caramelos, pipas, chicles…

Veamos qué sale de esto, pero por delante, y ante todo, gracias.

De eso nada

Cada vez leo más blogs. Me gustan. Me gusta colarme por una ventanita en la vida de otras personas, y lo hago porque me dejan, está la ventana abierta con el cartel de “pase sin llamar”. Y siempre trato de dejar esos rinconcitos que me prestan limpios, recogidos, aseados. Que a uno le han educado bien.

Y en todo lo que leo me entero de muchas cosas, de cosas que hacéis, que pensáis, que vivís. Cosas que agradezco poder vivir con vosotros y que espero seguir haciéndolo.

Pero hoy yo quiero hacer otra cosa. Quiero contaros lo que no he hecho. A veces lo que no haces te define tanto como lo que sí. No nos olvidemos que existe el delito de omisión de auxilio (amigos letrados ¿se dice así?).

No tengo carnet de conducir. 34 años y no lo tengo, eso es así. No es que lo haya perdido, es que nunca lo he tenido, es más es que ni siquiera sé conducir. Vamos que si me siento al volante como no empuje alguien eso no se mueve. Puedo alcanzar la misma velocidad en un coche que Alonso en una carrera (perdón, perdón broma fácil).

No sé jugar al póker. Ni idea. Ahora que eso del póker está de moda, que la gente juega en el móvil, en su casa, en el trabajo… pues yo no sé jugar. Tampoco tengo interés en aprender, no me van eso de las apuestas.

No he visto “Lo que el viento se llevó” ni “Casablanca”. Ahora más de un cinéfilo se caerá de la silla de la impresión. Ya los veo corriendo a mi casa dvd en mano. Me temo que tratarán de atarme al sillón con celo en los párpados para solucionar este sacrilegio. De verdad, os lo podéis ahorrar. Me da mucha pereza.

Y sobretodo… creo que nunca pienso mucho lo que hago, nunca sé lo que voy a hacer y nunca sé dónde estaré mañana.

Medida de la felicidad

¿Cómo se mide la felicidad? Muchas veces he oído aquello de llamar a la tripa la curva de la felicidad, entonces ¿la felicidad se mide en centímetros? Si es así Nacho Vidal debe ser muy feliz, o quizá más su mujer… qué pasa yo soy de los que ven la peli hasta el final a ver si se casan.

O puede que la felicidad se mida en euros. Creo que todos hemos oído de pequeño eso de “deberías estar contento, es un regalazo”… gracias tía por haberme regalado una cómoda victoriana de caoba, pero… verás es que tengo 7 años y casi que prefiero un muñeco.

No, me da a mí que se mide por amigos. Igual por eso la gente tiene esa manía de sumar amigos sin ton ni son en facebook, en tweeter, en instagram… esos grandes amigos que tienes en facebook, pero que no te saludan por la calle. Esas dudas profundas de es el cumpleaños de Manolo ¿le felicito por facebook?

Quizá es que la felicidad se mide en lugares visitados. Bien, pues no digo que no, que lo de viajar siempre me ha gustado y alguna vuelta que otra ya he pegado. Pero vamos que algunos han estado en Irak, Afganistán, Croacia… hay veces que cuando más feliz te sientes es cuando vuelves a casa.

A lo mejor es cosa de la comida. De darte esos caprichos ocasionales, de comer esas cosas que sabes que son malas para tu salud, pero sin duda las más ricas. Dios tiene mala uva.

Nos empeñamos en medir todo, en encasillarlo. Voy a comerme una chocolatina que tengo la felicidad baja, como si fuera glucosa. Y todo esto viene porque ayer vi un índice, una encuesta curiosa. Según los resultados de la misma NADIE,  y he dicho NADIE, en Asturias es feliz. Oye y es una pena… con los paisajes, con la comida, con los amigos… que lo bien que se está ahí y ninguno es feliz. Pobres asturianos.

Seguimos siendo niños

O al menos yo. Y es que debo confesar que mantengo muchas de las costumbres, manías, defectos, rarezas o como usted quiera llamarlas, de cuando aún era un niño. Yo, como es normal, cuento las mías. Yo me río de mí, pero me da la sensación de que no soy, ni mucho menos, el único que tiene estas cosillas por ahí sueltas. Nuestro Peter Pan interior ha aprendido a luchar tan bien (Garfio era muy malo, muy malo, muy malo) que se resiste a morir por más que lo apuñalemos.

Me gusta el Cola Cao. Las pocas veces que desayuno, que normalmente es cuando estoy fuera de casa, opto por él. No me va el café la verdad. Y antes cuando lo pedía me miraban raro. Cada vez menos, es más, en la campaña nueva de publicidad cuando una chica dije eso de… yo nunca lo dejé… pues yo tampoco. Pero yo tengo más mérito, que ella está en la universidad y yo ya…. bueno ya no. Por cierto me sé de memoria la canción del negrito y de pequeño trataron de convencer a mi madre cuando me estaba paseando por el parque para que grabara un anuncio de Cola Cao. Era un bebé guapísimo y dejémoslo ahí que las comparaciones son odiosas.

Uno de los grandes placeres de la vida es ducharse, ponerse un pijama limpio y echarse Nenuco. Si esto es un día de resaca la cosa mejora aún más, pero eso no es de niños, al menos no de niños buenos.

Una de las cosas que me hace gracia es que intentar camuflar nuestras manías de niños como algo sofisticado, puede que para que no nos sintamos mal o tontos, no sé. Pero vamos que nos siguen gustando los dibujos animados. Y sí, en los que vemos ahora hay drogas, hablan de sexo, matan personas… etc, pero nos pongamos como nos pongamos eso son dibujos animados. Igual que las chuches. Ahora se supone que son gominolas de zumo natural de frutas y las venden en unas tiendas muy chic y muy blanquitas (ahora todo lo moderno es blanco) al peso y más vale que llevas la tarjeta de crédito. Eso de salir con la bolsa llena hasta los topes con cien pesetas (sí, he dicho pesetas, soy así de mayor) ya es un mito. De todos modos en este sentido la experta es mi hermana Maca, no en vano en la guardería se ganó el apodo de “Quiosco”.

Nos gustan los parques de atracciones, yo en Eurodisney disfruté como un enano (gracias Gio, gracias Rafa), nos gustan los batidos y las tortitas con nata, nos gusta poner excusas fantásticas y, sobretodo, al menos yo, me sigo poniendo nervioso si hablo con una chica que me gusta.