De vuelta

por Fer Población

Pues ya estamos aquí de nuevo. Con las pilas cargadas, las armas depuestas y la sonrisa prendida, aunque eso sí, con alfileres. Las vacaciones son ese periodo necesario donde debe primar el egoísmo personal, que ya lo dicen los ingleses, para decir yo te quiero, primero hay que saber decir yo. De eso va el verano… yo, yo, yo y los demás. Pero yo delante, el burro delante para que no se espante.

El punto justo en el que te das cuenta de que estás de vacaciones es cuando empiezas a olvidar el día que es. Eso no pasa en terreno laboral, el lunes es lunes (puto lunes), el martes es martes (asco de martes), el miércoles es miércoles (va mejorando), parece que ya es jueves, toma ya, es viernes, cojonudo es sábado y… mañana es lunes. Pero vamos que saber perfectamente en qué día vives. Vale, cierto, que yo alguna vez me he confundido de día, pero… ¿desde cuándo soy yo un buen ejemplo?

Y vienes algo más hermoso, es decir de hueso más ancho, lo que viene a ser con más curvas… bueno algo más gordo vaya. Combinar comer y descanso provoca estas cosas… podría decirse que la felicidad a veces se mide en kilos, pero curiosamente los kilos te sobran y la felicidad no, cosas curiosas del ser humano, mire usted.

En fin que el tiempo, cuanto más quieres sujetarlo, más corre. Que ya lo he dicho alguna vez, que Dios hizo el mundo en siete días y se nota. Y al final, después de perseguir al tiempo que corría por mis vacaciones como el conejo blanco de Alicia, me encuentro de nuevo aquí, en frente de esta ventana, rodeado de mis paredes pistacho.

Pues nada, que hola de nuevo.

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