Y se marchó

por Fer Población

Llegó de puntillas, con cuidado, quizá hasta con miedo. Llegó pensando que nadie se acordaba de él y comprobando que nadie le había olvidado. Y llegó porque siempre lo hace, aunque este año se ha retrasado, o eso nos ha parecido a nosotros. Quizá porque el termómetro no se ha disparado, porque los atascos se han reducido y porque las playas ya no son pequeños laberintos de toallas que tienes que sortear si pretendes llegar al mar. El verano siempre llega.

Y hemos comido, dormido, reído. Hemos dejado la vida en pausa para, por unos días poder VIVIR, así, a lo grande, con los más grandes, con los amigos. A veces con la familia, pero no necesariamente tu familia tienen que ser tus amigos. Si coincide mejor.

Hemos sacado del armario la sonrisa junto con las chanclas y el aftersun, porque somos así, primero nos quemamos y luego ya nos ponemos protector solar. Y sobretodo hemos recargado esas imaginarias pilas para ir vaciándolas poco a poco en la rutina laboral. Muy necesario sin duda.

El verano llegó de puntillas por más que tratábamos de traerlo a empujones. Pero llegó. Con su brindis al sol con menos sol de por medio y su reloj desatado que sí marcaba las horas. Y existen tantos tipos de veranos como personas, los hay hasta incluso inexistentes, pero es que también hay personas que no lo son.

Y se marchó. Se ha ido. Ya no hay más verano. Al menos para mí… pero bueno, es cuestión de disfrutar del otoño.

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