Entre animales anda el juego

por Fer Población

Todo empezaba con la prueba de la rana, al menos antes, y desde ese momento toda nuestra vida quedaba marcada por los animales. Nos pongamos como nos pongamos, somos unos animales y que conste que lo digo como un piropo, aunque no sé si los demás animales estarán muy de acuerdo con la comparación.

Pasamos nuestra infancia inquietos, corriendo como lagartijas de aquí para allá tirando de memoria de pez para tropezar dos veces en la misma piedra y más presumidos y orgullosos que un pavo real. Algunos incluso nos pasamos de la raya llegando pesados como moscas, mientras que otros optan por el modo vago siendo más perezosos que… bueno pues que un perezoso.

Después crecemos, y nos enfadamos, y es que todos estamos un poco como cabras. Ellas nos  llaman cerdos y cabrones y nosotros a ellas zorras y víboras… que siempre hemos sido muy burros. Porque en el fondo estamos deseando juntarnos, sobretodo nosotros, que sin ellas vamos por la vida salidos como monos. Sí que es verdad que algunos de nosotros prefieren barrer para casa y se quedan con los osos.

No podemos evitar tener envidia de nuestros colegas animales, que si tienes vista de lince, que si es fuerte como un león… e incluso nos ponemos manos a la obra para crear artilugios para parecernos a ellos, que todos sabemos lo que es el ojo de halcón, que por cierto no entiendo cómo no lo usan definitivamente para el fútbol, aunque eso es otro tema.

Pasan lo años y nos vamos confinando en un cementerio de elefantes, nos ponemos como una vaca porque hay días que hasta nos comemos un ñu, dejamos de ser nocturnos como los murciélagos y nos volvemos cada vez más perros.

Porque nuestra vida es así, porque somos unos animales y nadie puede negarlo.

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