Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: septiembre, 2014

¿Preparadps? ¿Listos? ¿Ya?

Me quedan dos días para mandar mi colaboración a La Gaceta de Salamanca, ellos la publicarán el viernes, pero el jueves es el día en el que yo se lo mando. Y la verdad es que me da algo de respeto. Porque no es lo mismo. No es lo mismo asomarme aquí y contar cuatro tonterías que lanzarlo en un periódico de esos serios, de esos de verdad, de esos que lee la gente tomando el café con el desayuno (quitando el As y el Marca). Y es que puede que sea el responsable de que a alguien se le atragante el churro con alguna de mis muchas burradas y me demando por daños y perjuicios (nunca prejuicios, que de eso no suelo tener en la cartera, aunque también es verdad que en la cartera suelo llevar poca cosa…).

Es verdad que no es la primera vez que publico en un diario, es más, ya he trabajado en La Gaceta, pero que no es lo mismo, insisto, porque antes siempre podía decir eso que muchos periodistas dicen (que es verdad a medias) de “yo escribo lo que me mandan”, bueno pues ahora no. Ahora escribo lo que quiero, y lo firmo, y al que no le guste me pondrá a parir y al que le guste… seguramente me pondrá a parir porque se me ha ocurrido a mí.

Bueno, pues allá vamos, ya veremos qué sale de todo esto.

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Si mi vida fuera…

Si mi vida fuera “Friends” creo que sería Mónica. Y que nadie piense raro, que no he cambiado de acera, ni salido del armario, ni ninguno de esos eufemismos absurdos que solemos usar para decir que alguien es gay. No. Sería Mónica porque me encanta que la gente venga a mi casa. Preparar la cena, estar atento a los detalles. Me gusta ejercer de falsa madre a tiempo parcial y jugar a usar las ventajas de esa posición.

Si mi vida fuera “Los Simpsons” sería el abuelo. La edad me va llegando, la memoria me va fallando, pero sobretodo porque en mis 34 años (no digo que sean muchos o pocos, son los que son) he coleccionado mil anécdotas que me gusta contar. Y algunos lo sufren. Les torturo, les persigo, les aburro… soy un ente con una batallita en la punta de la lengua con ansia de contarla al primer desvalido.

Si mi vida fuera “El chiringuito de Pepe”, creo que sería El Langui (que no me acuerdo de cómo se llama su personaje ahora). Siempre soñando, pensando que se puede alcanzar más de lo posible, con una ingenuidad fruto sin duda de mi complejo de Peter Pan. Con mis taras evidentes, pero con algo que aportar (quizá el pensar esto es un nuevo ejemplo de mi ingenuidad).

Si mi vida fuera “Modern family”, sería el padre. Volvemos a mi mala memoria para los nombres. Porque él siempre piensa que lleva razón, porque no reconoce el no tenerla, porque gruñe más de lo que habla, porque piensa más de lo que dice.

Si mi vida fuera “The Big Bang Theory” me tocaría ser Kuzrapali (o como narices se escriba). Me toca por obligación. Soltero, soltero, soltero. Y no me gusta, y no era mi idea, y pasa el tiempo…

Si mi vida fuera “Cómo conocía a vuestra madre” no creo que fuera ninguno de los protagonistas. Supongo que sería Rajish (el chófer). Aparece cuando nadie lo espera, soluciona un problema y, sin hacer mucho ruido se va.

Pero mi vida no es ninguna de esas series. Sólo es mi vida.

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Ya puedo hacerlo, ya sin misterios ni cosas raras. Antes no lo tenía firmado y por eso no quería decirlo, pero ya sí. El caso es que desde el próximo 3 de octubre paso a formar parte de la plantilla de columnistas de La Gaceta de Salamanca. Una semana sí, otra no, podréis ver y leer mis opiniones quizá en un formato algo más serio de lo que suelo hacerlo aquí. El medio lo merece.

Sé que muchos ya estáis enterados porque lo he comentado en Facebook, pero para los que no me tenéis ahí ya queda dicho. Estoy muy contento de la oportunidad que me da La Gaceta y, por supuesto, muy agradecido.

Eso no quiere decir que vaya a dejar de escribir aquí. Son temas diferentes y, en cierto modo, complementarios. Quizá pierda un poco de periodicidad, es decir, a lo mejor ya no escribo todos los días de diario, pero eso lo iremos viendo poco a poco.

En fin, gracias a todos por estar ahí y espero que os asoméis a La Gaceta de Salamanca.

Besos y abrazos

La arena

Siempre pensó que la vida hay que beberla a sorbos, casi con ansia, pero sin llegar a la angustia. Imaginó la puerta de su casa como una gran boca de metro que le podía a llevar a mil y una aventuras, acompañado de personas, lugares, olores, sabores.

Siempre quiso saber pintar. Plasmar eso que llaman sentimientos y que nacen en algún lugar de la Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme. Quiso poder gritar al mundo que estaba ahí. No pasaba por ahí, estaba ahí. Pero la vida se le escapaba grano a grano. La arena se deslizaba por sus dedos y no era capaz de retenerla, de conservarla. La arena, como muchas de las cosas pequeñas, pasaba desapercibida, pero iba marcando su vida, su tiempo, lo que había sido su pasado, estaba siendo su presente e iba a ser su futuro. La arena, esos pequeños granos, iban de persona a persona llevados mecidos por los vientos de cambio. Porque la arena son pedazos de conchas, de algo, porque en la vida todos los que se acercan a ti se llevan un pequeño trozo de ti. Y tú de ellos.

Y en esa arena cayó una lágrima. Lágrimas de todo tipo, incluso de todo a cien. Lágrimas solitarias y compartidas, lágrimas que forman océanos donde refugiarnos, donde recrearnos, donde tratar de cerrar las heridas que van abriendo nuestra carne.

Supo que estaba vivo. Porque sangraba, porque lloraba, porque llevaba atada a su piel los granos de arena de los que quisieron o pudieron cruzarse con él. Corrió tan rápido como pudo para conseguir el tiempo de pararse a pensar. Sentado, sólo, mirando ese mar de lágrimas y tratando de identificar las suyas.

Notó el calor de un rayo de sol. Con uno basta. Cuando un rayo de sol te toca ya jamás lo olvidas. A veces esos rayos tienen nombre de persona, y no olvidas, desde luego que no, a mí me ha pasado. Y poco a poco se fue estirando, jugando con esa arena que se empeñaba en seguir escapando entre sus dedos, notando pequeñas gotas que venían desde algún lugar. Escuchó que el silencio susurraba su nombre y respondió con una sonrisa.

Porque aunque no todo estuviera bien él sí lo estaba. Era su momento, su lugar, su arena. Quizá no fuese perfecta, pero era la suya. Y le gustaba.

Chof

De los grandes, de los que te dejan con mal cuerpo, de los que te fastidian el día desde primera hora de la mañana. Porque a la gente le da igual todo, porque la gente no tiene cuidado, porque la gente va a lo suyo y no les importa lo que les pueda pasar a los demás.

Vale, es verdad que ahora ya está saliendo un poco el sol, pero no me importa. Con el chof en todo lo alto (o más bien bajo) que me he llevado, no voy a tener buen cuerpo hasta bien entrada la mañana, si es que esto llega a suceder. Y me da rabia, claro que me da rabia. Porque ha sido algo casi aleatorio. A ti, porque sí, por estar ahí. Sin motivos, pero con claras consecuencias.

Pues eso… que venía yo esta mañana a la oficina y chooof un coche me ha calado los pantalones.

No y no

No, ya no me fío. Lo siento, no. Ya no creo que no se pueda lavar más blanco, no creo que los yogures me ayuden a ir al baño. No sé si a la parrilla sabe mejor, ni tengo muy claro que Marina D´or sea el destino perfecto para mis vacaciones. Sé que no por ponerme desodorante de una marca (axe) vaya a ligar más (o algo). Por más que pinte mi nevera de rojo no salen cocineros de ella y no tengo nada claro que todo el mundo vuelva a casa por navidad.

Y es que ayer la publicidad me superó, pasó por encima mío, me pegó un adelantamiento que aún me tiene con las piernas tiritando. La culpa: melones bollo patrocina Top Chef. Lo primero, vamos a ver ¿quién ha elegido el nombre? Si parece más de Chueca que de frutería… señora ¿le gustan los melones? pues viva el rollo bollo… hombre… pues no sé.

Pero es que es me suena a Mortadelo y Filemón, a Martes y Trece, a Cruz y Raya (ahora José Mota, por cierto ¿el otro de Cruz y Raya se habrá ido a montar un chiringuito con el tercero de Martes y Trece?)… vamos a broma.

Que nadie se confunda, que esos melones están buenísimos. Sí me gustan los bollos (soy un gran lesbiano), es más recuerdo que estos melones antes estaban “garantizados”, es decir que si uno no estaba bueno ibas a la frutería y te daban otro. Como maniobra de marketing funcionó, aunque luego ya comenzó la picaresca española y claro cuando las marujas llevaban una rodajita cortada con láser (del estilo de la loncha de jamón que te ponen en el cien montaditos) para conseguir un melón nuevo… hubo que acabar con la campaña.

Ahora que lo pienso, los mejores melones son los Bollo y los de Villaconejo… en fin, mejor no seguir por ahí.

Y estaréis pensando…

Que he estado una semana desaparecido, que no he dicho nada, vamos escrito, bueno publicado… ya me entendéis. Y es que he estado dando un poco vueltas a algunas cosas. A veces el darle vueltas a las cosas no es muy bueno, te puedes marear, pero otras el parar un poquito viene bien. Para centrarte y reorientarte.

Veréis. En breve, muy en breve, comienzo un nuevo proyecto. Empiezo a escribir en otro sitio. La verdad es que me apetece. Mi duda es si los dos rincones en los que voy a soltar mis tonterías diarias son compatibles. Pues señores, la verdad es que no lo sé. Por un lado pienso que son cosas diferentes, que en un lado será algo más serio (dentro de mis posibilidades) y en el otro (vamos en este) hago un poco más lo que me da la gana.

Lo malo de tener un cerebro como el mío es que cada diez minutos cambia de idea. Y te desesperas, te confundes, no sabes ni dónde estás pisando… pero lo bueno es que te ríes, te sorprendes, te mueves por terrenos que no son para nada turísticos.

Lo lógico es que mantenga ambos, digo yo. No nos engañemos, me gusta más a mí escribir que a vosotros leerme. Y no, no me estoy haciendo el misterioso, cuando empiece en el otro lado estaré encantado de comentarlo, pero prefiero no vender la piel del oso… ya sabéis.

Cuando me llamaron para este tema me pidieron que les mandara un artículo para ver cómo me manejaba. Y yo les mandé esto. Se aceptan o agradecen opiniones.

PELLIZCOS DE VIEJA

Lo tenemos en el carácter, nos encanta y lo disfrutamos. Aquél antiguo refrán de no hacer leña del árbol caído nos lo pasamos por el arco del triunfo y nos quedamos más anchos que largos. Somos así, Spain is different, mire usted.

Y es que sumergidos en la moda de lo políticamente correcto, parece que ahora lo que “se lleva” es meterse con los Pujol. Ojo, que seguramente se lo merezca(n) porque aquello de ser “honorabilísimo” ha resultado ser igual de pufo que las cuentas de Gowex, pero claro sólo nos atrevemos a meterle el dedo en el ojo ahora que estamos seguros de que todos los demás lo hacen. Curioso al menos.

Lo bueno (o lo malo) de las modas, es que siempre vuelven. Quizá por eso podemos volver a apreciar en todos nuestros dispositivos (móviles, ordenadores, tablets…) aquellos maravillosos fotomontajes de Pujol vestido del maestro Yoda. Qué tiempos. Y ahora resulta que hasta Yoda nos da un disgusto (trincar dinero tú debes).

España nos roba. Ese gran grito de guerra de la era puyoliana, esa oda para alentar a las huestes en la época aM (antes de Mariano) toma un efecto boomerang hacia la cabeza del ex –President (sé que por protocolo debería citarlo como President, pero fijo que muchos prefieren colgarle eso de ex ahora que le están descolgando las medallas).

Encima todo esto nos ha pillado en verano. Las televisiones, ávidas de tener imágenes frescas que llevarse a la parrilla, han hecho un despliegue de profesionalidad para informarnos puntualmente de que Pujol salía de su casa. Pero ojo, que aquí no queda la cosa, que el malvado y perverso Jordi (al menos malvado y perverso ahora) tenía la gran desfachatez de salir de su casa a tomarse un café. Para mí que ése era el auténtico relaxing cup of café con leche. Oye, igual es por eso que Barcelona tuvo sus Juegos y Madrid está en el muelle de San Blas esperando, como decía Maná.

Está claro que vamos por modas. Hubo la época de Roldán, que curiosamente coincidió con el éxito de Wally y nos dio mucho juego, después pasamos por el auge de Cachuli (habría que estudiar el enorme interés que despertó en la sociedad la mezcla entre política y mundo rosa, me comentan que Jorge Javier le está dando vueltas al tema), tocamos los famosos sobres de Génova con Bárcenas a la cabeza… y ahora hemos entrado en época de Pujol.

Como decía antes en el fondo nos gusta, porque si hay algo que le guste a un español más que el fútbol, es poder lanzar pellizcos de vieja y opinar sobre lo mal, o lo peor, que se hace todo en este país. Spain is different.

Pruebas de fuego

Hay cosas que son auténticos desafíos, que son retos que no todos pueden superar. No, no me refiero a las maratones ( o son los maratones, no sé) a los triatlones, a los ironman y esas cosas que están tan de moda en estos tiempos. Hablo de desafíos de verdad, los que ponen tu mente al límite y tensan tanto tus fuerzas que más de uno rompen a llorar presa del desconsuelo. Lo sé de buena tinta (snif).

Yo, buscando como siempre el bien de la humanidad y repartir sabiduría y buenos consejos a los que me rodean, he creado un sistema único para comprobar la compatibilidad y fortalece de una relación de pareja: pasar un día en Ikea. Lejos de los obsoletos cursos prematrimoniales, este sistema permite demostrar con certeza si la pareja va a durar o no. Si son capaces de pasar el día en Ikea y no se matan… ahí hay amor.

Yo no es que haya vivido esa experiencia, pero sí que he sufrido los rigores de Ikea. Desafío: amueblar una casa en un día. Y era mi casa, y te hace ilusión, y empiezas cual cervatillo saltando alegremente entre lámparas de nombre inpronunciables que has visto mil veces en casas de amigos, familiares y vecinos. Pero pasa igual que un caramelo a la puerta de un colegio, dura poco. Y te aburres, y te da igual, y te mareas de las vueltas y vueltas que te hacen dar por las enormes superficies, y van todos por los mismos caminitos beeee beeeeee.

Tras la prueba de los mil y un muebles juegas a los platos, los vasos, las sartenes… y pagas, y sales y te tropiezas y ves que todos esos platos y vasos se rompen en pedazos por el suelo. No, no te puede pasar a ti, pero sí, sí te ha pasado. Y volví a entrar, a comprar, porque los que no tenemos pareja, tenemos que saber sobrevivir a Ikea solos. Muérete de envidia Clint Eastwood.

 

Suave

Llegó como las semillas de diente de león. Balanceándose coqueta suspendida en un susurro. Lentamente fue encendiendo la luz de nuestros corazones y clavando sonrisas por cualquier lugar que fuera. Sonaba a casa, a manta en el sofá, a cola cao con galletas. Buscaba en los rincones más seguros donde todos nos escondemos y se sentaba ahí, con nosotros, dentro de nuestra alma, simplemente a charlar.

No sé muy bien si está, estaba o estará. Juega con sombras chinas y retazos de sonrisas que compones en tu mente y jamás puedes dejar de escuchar. La necesito. Y tú, y tú, y tú.

Apenas nos roza, con una suave caricia que dura una vida y jamás puedes olvidar. Se esconde pizpireta en los rayos de sol, los copos de nieve, las copas de los árboles y los mil y un motivo para dar un paso más.

La conoces, sabes su nombre, la necesitas. Se llama esperanza.

Discriminación callejera

Seguro que todos habéis visto por la calle estas personas que reparten publicidad, octavillas, vamos lo que ahora que nos hemos vuelto culturetas se llaman flyers. Y es curioso que hay tres tipos de personas que reaccionan de forma muy distinta al hecho de que les vayan a entregar un papelito.

Los hay que parecen auténticos yonkis. Que se tiran en plancha a por lo que sea. Si es gratis lo quiero. Que hacen mil y una preguntas al repartidor, que el pobre hombre/mujer no puede (ni quiere) responder. A ver señor (suelen ser más señoras) yo le doy el papel y ya. Eso no quiere decir que este personaje (o personaja) vaya a hacer caso alguno a lo publicitado en el papel. Simplemente tengo la sensación que, del mismo modo que a algunos les da por ver obras, a otros les da por recolectar publicidad (síndrome de Diógenes).

Hay otros que son (o somos) indiferentes. Que si el hecho de recoger el papel no supone tener que estirar en exceso el brazo y, por supuesto, no tenemos que cambiar nuestra trayectoria, pues lo cogen. Normalmente son los responsables de que la papelera que está situada a cien metros del repartidor esté llena hasta los topes. Coger el papel sí, conservarlo no, porque si cometes el error (común error) de guardarlo en el bolsillo, suele convertirse en una masa informe que te encuentras días después en el bolsillo tras haber lavado los pantalones.

Por último están los reacios. Los que prefieren cenar con Carmen de Mayrena que coger el papel. Los que saltan y huyen despavoridos como si el repartidor tuviera la lepra y se indignan con aspavientos en el caso de que el mismo insista.

Pero ay, ay como nos nieguen el papel. Ay como vayas por el lado del repartidor y no estire su mano con su publicidad. Entonces te miras, te enfadas, te indignas y te sientes discriminado ¿qué tienen los demás que no tenga yo?