Intento de asesinato

por Fer Población

No es lo mismo los asesinatos que los suicidios, eso queda claro. Intentos de suicidio los cometo yo conmigo mismo a diario. Que si duermo menos de lo que debería, que si como lo que no debería, que si cruzo sin mirar, que si veo series españolas en la tele… pequeños ataques a la mi salud que son un lento suicidio. Y es que yo las cosas suelo hacerlas con calma, vago que es un oye.

Bien, yo me suicido (o me suicidio como decía un conocido), pero que quieran asesinarme es feo. Y sin avisar ni nada. Que digo yo que si alguien quiere acabar conmigo (en el sentido matar, no en el sentido dejarme que eso parece que es fácil) podría avisar con un poco de tiempo. Tampoco pido mucho eh, un par de días. Por aquello de despedirme, de regar las plantas, de tomarme la última cena… por cierto, si tuvierais que pedir una última cena ¿qué sería? yo depende del capricho que tuviera ese día (que uno es caprichoso), pero jamón habría sin duda… pues eso que querría pegarme la última fiesta y, por supuesto, y por encima de todo, ponerme ropa interior limpia. No es plan de llegar al tanatorio y quedar como un cochino.

Porque ayer casi muero. Y de forma poco elegante. Que hasta en el morir hay que tener clase. Morir por la picadura de una serpiente atravesando la selva, sí. Morir atropellado por el camión de la basura, no. Morir rescatando a tres niños, dos ciegos y un cachorro de un incendio, sí. Morir resbalando con una piel de plátano y cayendo por un barranco, no. 

Mi muerte habría sido por piedra en la cabeza caída de la obra del edificio de al lado en mi patio. Mi poco glamur, mi pocho chic, muy poco cool… vamos lo que viene a ser una puta mierda. 

Casi me da. Cayó tan cerca que en vez de soltar los típicos gritos hispánicos destinados a alguien que nos está creando algún tipo de incomodidad (los más comunes es cagarse en y mandar a), me quedé callado mirando esa bonita piedra del doble del tamaño de mi puño.

Pero imaginemos que eso me pasa por la mañana al salir a encender la caldera para ducharme. Y no me mata, pero me abre en la cabeza una boca del metro (que ya las ponen en cualquier lado). Me imagino la llamada a la oficina:

– Hola, verás es que estaba encendiendo la caldera, me ha caído una piedra del cielo y tengo que ir a que me den puntos, así que no voy a poder ir a la oficina.

– Joder, no me cuentes películas, di que estás de resaca y ya…

Y es que a veces, en algunos casos, no muchos, los justos… es mejor mentir.

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