Discriminación callejera

por Fer Población

Seguro que todos habéis visto por la calle estas personas que reparten publicidad, octavillas, vamos lo que ahora que nos hemos vuelto culturetas se llaman flyers. Y es curioso que hay tres tipos de personas que reaccionan de forma muy distinta al hecho de que les vayan a entregar un papelito.

Los hay que parecen auténticos yonkis. Que se tiran en plancha a por lo que sea. Si es gratis lo quiero. Que hacen mil y una preguntas al repartidor, que el pobre hombre/mujer no puede (ni quiere) responder. A ver señor (suelen ser más señoras) yo le doy el papel y ya. Eso no quiere decir que este personaje (o personaja) vaya a hacer caso alguno a lo publicitado en el papel. Simplemente tengo la sensación que, del mismo modo que a algunos les da por ver obras, a otros les da por recolectar publicidad (síndrome de Diógenes).

Hay otros que son (o somos) indiferentes. Que si el hecho de recoger el papel no supone tener que estirar en exceso el brazo y, por supuesto, no tenemos que cambiar nuestra trayectoria, pues lo cogen. Normalmente son los responsables de que la papelera que está situada a cien metros del repartidor esté llena hasta los topes. Coger el papel sí, conservarlo no, porque si cometes el error (común error) de guardarlo en el bolsillo, suele convertirse en una masa informe que te encuentras días después en el bolsillo tras haber lavado los pantalones.

Por último están los reacios. Los que prefieren cenar con Carmen de Mayrena que coger el papel. Los que saltan y huyen despavoridos como si el repartidor tuviera la lepra y se indignan con aspavientos en el caso de que el mismo insista.

Pero ay, ay como nos nieguen el papel. Ay como vayas por el lado del repartidor y no estire su mano con su publicidad. Entonces te miras, te enfadas, te indignas y te sientes discriminado ¿qué tienen los demás que no tenga yo?

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