Pruebas de fuego

por Fer Población

Hay cosas que son auténticos desafíos, que son retos que no todos pueden superar. No, no me refiero a las maratones ( o son los maratones, no sé) a los triatlones, a los ironman y esas cosas que están tan de moda en estos tiempos. Hablo de desafíos de verdad, los que ponen tu mente al límite y tensan tanto tus fuerzas que más de uno rompen a llorar presa del desconsuelo. Lo sé de buena tinta (snif).

Yo, buscando como siempre el bien de la humanidad y repartir sabiduría y buenos consejos a los que me rodean, he creado un sistema único para comprobar la compatibilidad y fortalece de una relación de pareja: pasar un día en Ikea. Lejos de los obsoletos cursos prematrimoniales, este sistema permite demostrar con certeza si la pareja va a durar o no. Si son capaces de pasar el día en Ikea y no se matan… ahí hay amor.

Yo no es que haya vivido esa experiencia, pero sí que he sufrido los rigores de Ikea. Desafío: amueblar una casa en un día. Y era mi casa, y te hace ilusión, y empiezas cual cervatillo saltando alegremente entre lámparas de nombre inpronunciables que has visto mil veces en casas de amigos, familiares y vecinos. Pero pasa igual que un caramelo a la puerta de un colegio, dura poco. Y te aburres, y te da igual, y te mareas de las vueltas y vueltas que te hacen dar por las enormes superficies, y van todos por los mismos caminitos beeee beeeeee.

Tras la prueba de los mil y un muebles juegas a los platos, los vasos, las sartenes… y pagas, y sales y te tropiezas y ves que todos esos platos y vasos se rompen en pedazos por el suelo. No, no te puede pasar a ti, pero sí, sí te ha pasado. Y volví a entrar, a comprar, porque los que no tenemos pareja, tenemos que saber sobrevivir a Ikea solos. Muérete de envidia Clint Eastwood.

 

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