De obra en obra y tiro porque me toca

¿Pero no estábamos en crisis? ¿Pero no estaba la construcción parada? Ja. A mí no me la cuelan, que yo me paso el día de obra a obra y tiro porque me toca. Debe ser porque me voy haciendo mayor, pero ya según las voy viendo me detengo a mirar los avances y pienso para mí… pues no les ha quedado mal, o no me gusta esa cornisa, o… vaya usted a saber. Vamos que dentro de nada me compro mi bastón y voy por las obras haciendo fotos y subiéndolas a facebook.

Y es que mi rutina está salpicada de obras. Os cuento. Después de despertarme a golpe de reja de bar, que vale, eso no es una obra, pero jode igual, empieza la jornada laboral de los obreros con los que comparto pared. Que me dan ganas de decir “buenos días Manolo”, que uno es muy educado y, a fin de cuentas, paso más tiempo con estos señores que con muchos de mis amigos. En fin, me despierto, bueno me despiertan, me ducho y salgo a la calle. Lo primero es esquivar la obra del edificio de al lado de mi casa. Todos los días tengo alguna sorpresita. Que si una zanja, que si un bache, que si una valla… todo un slalom mañanero que con la ojera puesta y la oreja dormida tiene su dificultad oye.

Bien… seguimos camino. Después toca esquivar la obra de la Audicencia Nacional, que por cierto van con calma. Es más he tenido que cambiar mi trayecto por la obra. Los vecino opinan que se están cargando la plaza, y es una pena. A mí me divertía por la mañana y por la tarde ver los perros jugar en el parque. Perros y obras, lo dicho todo un jubilado en potencia.

Y cuando yo, que soy algo iluso, pensaba que estaba en mi top de obras, pues no. Ahora tengo en rehabilitación en frente de mi oficina. En serio, casi (ojo que sólo he dicho casi) que echo de menos mi jaula pistacho, tan aislada, tan silenciosa.

Ya me tomo las aspirinas como si fueran pipas. Mi oído va perdiendo sensibilidad y en los bares de música alta me escondo en mí porque no escucho qué dices tú. ¡Háblame por whatsapp!

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