¿He vuelto a Chile?

por Fer Población

Si hablamos del tiempo es la sensación que tengo la verdad. Estar a finales de octubre por la calle en manga corta no es normal. Se ponga la gente como se ponga no es normal. Recuerdo bien en estas fechas tener que tirar de bufandas, gorros y guantes e ir embutido en un abrigo con una pequeña rendija para los ojos. Más que nada por aquello de no chocarse con las farolas, aunque bueno debo reconocer que ahora con los móviles el riesgo de tragarse una farola se ha disparado. Ya lo dije en su día, habría que acolchar farolas, semáforos, papeleras… pero nadie me ha hecho caso. Allá vosotros incautos que vais por la calle como locos.

Pues no, ahora vamos a pecho descubierto con gafas de sol y abrigo en la mano. No es que las terrazas estén haciendo su agosto… es que están haciendo su agosto, su septiembre, su octubre… que si la cosa sigue así veo que la cena de Navidad vamos a cambiar el consomé por gazpacho y el pavo por ensaladilla rusa.

Como cuando estaba en Chile, que en esta época en la que veía cómo los facebooks de España se iban vistiendo la gente que me rodeaba se iba desnudando (con recato y decoro, eso sí). Pues una de dos, o nos han cambiado de sitio en el mapa y no nos hemos enterado (que podría ser porque si algo somos los españoles es despistados) o el tiempo ya se ha vuelto loco definitivamente.

Y con este calor, con estos sofocos, con este sol en todo lo alto que se esconde a las siete, pero se nota presente, a uno lo que le apetece es tomarse un helado. Y lo intenté, de verdad que lo intenté, pero no hubo manera. Yo fui confiado a una heladería, parece que no, pero si quieres tomar un helado y vas a una heladería vas acumulando puntos para el éxito, nadie te lo garantiza, pero vas bien. Segundo paso: pides el helado, en mi caso de vainilla. Tercer paso: pagas el helado. ¿Fácil? Pues no. No os imagináis mi cara de decepción al darle el primer lamentón. Pero de eso lametones, de verdad, con ganas, con ansia… era de plátano. Odio el plátano. Pido vainilla y me dan plátano.

Me di la vuelta y volví a la heladería a reclamar mi helado. Bien, no hay vainilla… que se termine el helado de vainilla es como que a Burger King se le acabe el Whopper, pero bueno. Pues de chocolate blanco. Lo miré, sonreí, me lancé a por él y… se me cayó al suelo. Estaba claro que no era mi día de tomar helado. Quizá mañana.

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