Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: noviembre, 2014

Mi mundo

Mi mundo es peculiar. No digo que sea mejor o peor que el de nadie. En mi mundo, como en todos los mundos, hay grandes logros, grandes derrotas, pero sobretodo hay grandes personas. Mi mundo está hecho a retazos de ciudades y cosido con vivencias e historias. Algunas propias, otras prestadas, pero casi todas compartidas. Es mi mundo. Ni más ni menos.

En mi mundo puedes entrar sin llamar, porque mi mundo no es nada si no estás en él. Porque yo no soy nadie sin ti. Mi mundo es cubista, surrealista, de color pistacho, pintado de azul. Mi mundo se torna cubano, o italiano, o salmantino, o chileno… pero sigue siendo mi mundo. Mi rincón especial donde hacer mil cosas o dejar el tiempo pasar simplemente mirando lo que he construido, o lo que he derribado, según se mire.

Por mi mundo de puertas giratorias ha pasado mucha gente, algunos han querido quedarse, otros entran y salen y otros siempre han estado ahí y espero que sigan. Pero en mi mundo no se exige permanencia. Se regalan terminales libres para fidelizar clientes. En mi mundo siempre hay sitio para uno más y se despide con un abrazo al que sale. Bueno casi siempre. Porque en mi mundo, como en todos los mundos, a veces a que hacer una limpia. Porque no todo el mundo debe estar en mi mundo. Y lo sé, y a veces no me hago caso, pero lo sé.

Al final todos nos definimos por los que nos rodean. Yo soy tan bueno o tan malo como los amigos que me rodean, porque la familia te toca, pero los amigos los eliges .

Mi mundo empezó hace años (35 ya) en Salamanca. Con los alardes de hombre poco apoyados por el sombrajo bajo la nariz. Con ansias de bebernos la vida a grandes sorbos y sin miedo a las consecuencias. Porque no las había, porque nuestro mundo pequeño era cálido, seguro, protector. Y sí, puede que pequeño y limitado. Nos creímos los reyes del mundo cuando nuestro mundo no iba más allá de veinte minutos andando. Cabeza de ratón. Pero era mi mundo, y lo es, o no, ya me han hecho dudar.

Y cambié, por las cosas que tiene la vida. Mi mundo mutó y yo con él. O a lo mejor es que me fui definiendo, creando a mí mismo y descubriendo mis matices, mis rarezas, mis locuras. Porque creo que soy especial. No, no es prepotencia. También creo que tú eres especial, todos lo somos. Vale, puede que ahora estés pensando que si todos somos especiales… en el fondo no lo somos ninguno. Mal pensado. Eres una especie única en peligro de extinción, créetelo porque es verdad. Lo siento, nadie te va a proteger, tendrías que haber nacido lince.

Mi mundo se plantó en Villanueva, en Madrid en Chile… está donde estás tú. Porque te llevo conmigo, porque me acuerdo de ti. Puede que por una canción, puede que por un color, un olor, un soplahojas. Quizá no te lo diga, pero sí que me acuerdo. Que yo no sé andar si no me marcas el camino. Que tienes que darme la mano porque soy torpe, lo sabes. Y me voy a caer, y me voy a hacer daño, y me sangrarán las rodillas que ya tengo marcadas de tantos tropezones. Pero sé que me vas a levantar. Porque sujetas mi mundo, lo pintas, lo llenas.

Porque eres parte de eso que llaman familia y que estoy empezando a entender ahora, porque me has forzado a sentarme aquí delante y contar mis locuras al mundo, porque corres cuando te llamo para darme un abrizo, porque sabes que me gusta salir, beber el rollo de siempre, porque has conseguido meter una lámpara en mi maleta, porque nunca me había sentado a ver las obras de la Plaza Mayor, porque con nuestras dos espaldas no hacemos una, porque el amante cocido en breve estará de luto, porque la vida puede darle un revolcón al jarabil, pero el jarabil puede más, porque las letras que lanzas al mundo las leo como si fueran cartas para mí… por todo esto, por muchas cosas más, porque sí… mi mundo, al final, eres tú

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Guiri con obras

Tengo una amiga que ha decidido que soy guiri en Salamanca. Guiri, turista, que estoy de paso. Vamos que me ha colgado el cartel de madrileño y ha decidido que Salamanca no es para mí. Que ya no podría volver, que no me adaptaría. Pues tenemos un problema, y de los serios. Porque si está claro que a Madrid no me acabo de adaptar y a Salamanca tampoco… al final voy a tener que marcarme un Ikea y constituir la república independiente de mi casa. A ver si Mas y Junqueras tienen el mismo problema que yo y por eso están liando la que están liando…

Vale, reconozco que como voy poco voy tirando de topicazos salmantinos. Que me sale comer hornazo, que me gusta ver la Plaza Mayor y que el pincho de panceta no lo perdono. Uno, tampoco es que me vaya a por la panceta como zombie a por cerebros.

Como os digo esta niña tiene tan claro que ya soy foráneo que decidió que el lugar perfecto para tomarnos algo era en la Plaza Mayor. Mejor dicho, en una terraza de la Plaza Mayor. Que el entorno lo merece, y es verdad que muchas veces a fuerza de ir con prisa, nos olvidamos de parar un segundo (o tres) a mirar y admirar lo que tenemos delante. Bien. Lástima que las obras no hicieran la conversación tan agradable. Amena sí, pero eso es mérito de la compañía.

A fuerza de pensar quién queremos ser, a veces se nos olvida quién somos ahora. Es una lástima, pero es verdad. Alguien, curiosamente en este caso sí recuerdo quién y dónde, me dijo que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Pues tiene razón. Mi ratito en la Plaza Mayor no fue perfecto, pero bueno fue sin duda.

Ningún hombre ha salido dañado de la realización de esta película

De pequeño pensaba que a la gente que se portaba mal les condenaban a hacer películas. No podía entender cómo alguien quería rodar películas. Bueno películas de acción, que hay otras que sí que me habría encantado hacer yo mismo, y no seáis mal pensados, me refiero a películas tipo Sólo en casa. Yo de pequeño tenía esas cosas. Pero vamos, también tenéis que recordar que yo de pequeño pedía los Reyes Magos un cajero automático…

Pero hay algo que me ponía de muy mal humor. Pero mucho, mucho, mucho. Algo que me superaba y no podía entender. Eran esas pelis que al final decían aquello de… ningún animal ha sido dañado para la realización de esta película… que está muy bien. Que me encantan los animales. Que no hay que hacerles daño. Pero ¿y los humanos qué? No has dañado a ningún caballo, pero has matado a dos cientos indios… no entendía nada.

Me dio por pensar que los animales valían más que las personas. Pues oye, en algunos casos sí. Lo malo es que ahora que me he hecho mayor (viejo dirían algunos) sigo pensando lo mismo. Porque veo personas que tratan a sus mascotas mejor que a sus empleados, porque veo perros vestidos de marca paseando incómodos por la calle, porque comprar según qué mascota puede ser el sueldo de muchas personas, porque los animales no tienen lista de espera para operarse.

Alguien me dijo hace poco que si quería tapar un asesinato en masa dijera que voy a matar 300 personas y un perro. Todo el mundo te pregunta que por qué un perro. Haced la prueba. Es triste, pero es cierto.

Ponemos la tele y vemos cómo los yihaidistas cortan cabezas. Una más. Pero si vemos alguien dar una patada un perro algo se nos revuelve por dentro.

En algún momento hemos perdido el norte. Los mismos que nos escandalizamos con esas imágenes que comentamos antes, no queremos saber, ni por asomo, la vida de los pollos, cerdos o vacas que tenemos en la nevera. Ojos que no ven…

O todos o ninguno. Si nos preocupamos por los animales, que sea de verdad, pero por favor, primero las personas, no nos volvamos locos (más).

La hoja en blanco bis

Creo que todos los que tenemos la osadía de escribir, sea mejor o peor, eso va por gustos, alguna vez nos hemos visto afectados por ese síndrome de la hoja en blanco. Ese malestar que te provoca el mirar un espacio sin letra alguna y no saber cómo llenarlo. Y piensas en lo que has hecho en los últimos días, en las últimas noticias, en lo que has hablado con los que tienes cerca…

A mí es algo que me duele especialmente, que me molesta, me incomoda, me hace sentir mal, me llevan los demonios, me siento bobo… todo eso y mucho más. Porque no es normal, porque suelo tener verborrea literaria y me da por hablar hasta del papel higiénico (que ya lo he hecho). No, no voy a caer en el excusa fácil de decir que el hecho de tener ya más de 400 posts me limita mucho, porque he hablado de muchas cosas ya. No, no soy de esos. Primero porque siempre salen temas nuevos, que por desgracia la actualidad no hace sino sacar mil temas y a cuál más llamativo. Aparte que siempre puedes hablar del mismo tema, pero de una forma diferente.

Es mi problema de hoy. De verdad. Miro este espacio, él me mira a mí, nos miramos ambos, pero no nos sonreímos, no nos queremos. No hay pasión, ni mística… sólo hay un dejar pasar el rato a tropezones de silencios incómodos. Parece que los dos estamos encerrados en el ascensor del día y ni siquiera nos sale hablar del tiempo.

Hace mucho tiempo oí, o leí, no sé, que en el ejercicio de escribir la inspiración supone un 20% del resultado. Que la inspiración es algo que viene y va, así que mejor será que te pille trabajando. Es evidente que no es un día en el que me sienta especialmente inspirado. No creo que os haya hecho reír, llorar, pensar… simplemente os he hecho perder un ratito a ver qué narices me pasaba hoy por la cabeza. Pues hoy… hoy nada.

Los pequeños de pequeños

Hoy dando un repaso por mi infancia pensando, que es algo que suelo hacer sin querer, me he dado cuenta de todos los personajes pequeños que nos gustaban cuando éramos pequeños. A ver, que me explico, que es sencillo. Cuando éramos pequeños, jóvenes, tiernos infantes y pueriles seres humanos, la mayoría de los personajes que nos rodeaban tenían un tamaño bien reducido.

Demos una vuelta. Pensemos que teníamos los Snorkels, los Fragels, la abeja Maya, la hormiga Ferdi, David el Gnomo, los Diminutos… pero a ver ¿qué narices les pasaba a los guionistas? ¿qué tipo de complejo tenían esos hombres para tener que hacerlo todo tan pequeñito? Si era pequeño molaba y se quedaban tan anchos. Y encima todo era engañoso, poco creíble, falso. Los niños teníamos la cabeza del revés y así hemos quedado.

Nos creímos que podíamos vivir debajo del agua. Vale, sí que es verdad que en eso no han mejorado las generaciones, que ahora los niños en vez de dormir con peluches, duermen con esponjas, que no digo yo que no sea más higiénico, pero tiene menos encanto. Pensábamos que un bichito de 10 cm (con gorro) podía venir a darnos una paliza porque era siete veces más fuerte que nosotros. Que nadie nos explicó aquello de las comparaciones, las estadísticas, los tantos por cientos… que eso había que interpretarlo, pero los niños siempre hemos sido muy literales. Esos dibujos deberían venir con manual de instrucciones, como las mujeres, pero eso es otro tema.

Sufríamos una gran decepción si nos picaba una abeja. ¿Por qué Maya? ¿por qué me haces esto? Yo era tu amigo, siempre estuve a tu lado. ¿Qué he hecho mal? Suelen decir que la infancia de un niño termina cuando el gordo de rojo y los camellos de oriente se les caen a los pies. No, a los que les picó una abeja se les rompió la infancia mucho antes.

Sí es verdad que nos sentimos muy frustrados cuando comprobamos que nadie nos creía. No mamá yo no he perdido los lápices de colores, se los han llevado los diminutos. Pues nada.

Qué manía con engañarnos, con manipularnos, con jugar con nuestra ilusión. Esos guionistas, incapaces de jugar de tú a tú en el mundo de los adultos, se centraron en el mundo pequeño para ser ellos los reyes. Muy mal.

El invierno

Llevo unos días entumecido, adormilado. Con los ojos medio abiertos quizá hartos de ver verdades a medias. Llevo unos días con la vida tamizada por la luz ténue de un sol cansado y un año que vive en el corredor de la muerte. Llevo unos días doblando el peso de la ropa, y de las sábanas.

Llevo unos días afirmando la llegada del invierno y añorando las mangas cortas. Porque tendemos a valorar lo que se ha ido, a encumbrar lo que fue y pensar que ya no se hace nada como lo de antes.

Y pienso, duermo, hablo, siento, pero todo a media luz, a medio gas, en el medio de una gran tormenta que está por llegar, pero ya se puede oler. Porque las tormentas huelen. Primero huelen y luego caen. Como la vida, que muchas veces antes de que pase algo siempre puedes olerlo. El olfato es el malo de los sentidos. Algo huele mal. La vista es la buena. Tiene buena pinta.

Llevo días asomándome al futuro con dioptrías perennes, escudriñando en una bola de cristal lo que no sé si quiero saber. Llevo días girando la cara hacia otro lado, harto de ver lo que no quiero, escuchar lo que no quiero, comer lo que no quiero, leer lo que no quiero, oler lo que no quiero. Pero llevo días pensado qué quiero. Qué quiero.

Si quieres llegar a algún sitio decide dónde quieres ir. Si quieres conseguir algo piensa qué va a ser. Los días de invierno han llegado. Se cuelan por las rendijas con un gélido aliento que te ralentiza el alma y el corazón. Los latidos se van echando de menos y el cerebro se dispersa con mil y un motivos para no hacer nada. Y juntas segundos, minutos, horas, días, pero no los disfrutas, ni los llenas, ni los vives. Sólo los juntas. Llevo días pensando si el invierno me apaga o soy yo a él.

Un día azul

Mi hermana lo dijo muy seria, hace un día azul. Y me hizo gracia. Me hizo gracia porque lo entendí, quedaba muy claro. Hay muchos tipos de azules, pero creo que todos os imagináis el tono de azul al que me refiero.

Al de sus ojos, siempre vivos, siempre brillantes. Inquietos, profundos, plenos de bondad e ingenuidad a partes iguales. Porque ella es así, de esas personas que pasan por la vida bailando, consiguen que oigas su música y te animan a sonreír simplemente porque no queda otra opción.

Y la vida no es justa, se escribe con renglones torcidos y a veces pone la zancadilla cuando menos te lo esperas. Sin motivos, ni explicaciones, simplemente pasa. Y a ella le ha pasado, y sigue sonriendo, y sigue haciendo que lo hagamos los demás. Porque la gente más grande no es la que hace más ruido, sino la que más te llena.

El brillo de esos ojos sigue ahí, lo sé, nunca lo he dudado. La llama en el pecho y el paso adelante lo tienes. Porque en tu cuesta arriba (momentánea) te vuelves vagón de cola para empujar a los demás. Porque eres una gladiadora de la vida que marca punto de inflexión al conocerte. Porque te necesitamos nosotros más que al revés. Porque puedes con esto y mucho más.

Los ojos azules siguen brillando y pasarán muchos más días azules. En un mundo gris y mediocre el azul es un gran color. Me lo quedo, siempre lo he tenido aunque puede que no lo haya valorado lo suficiente.

Rosa, tengo algo que decirte

Entiendo que la vida no es justa, que la gente no entiende, que el mundo no es rosa para ti (para Rosa), que la salud cuando falta marca el día a día. Lo entiendo. Y sabes que a veces lo he compartido, que nos hemos buscado en un rincón para consolarnos en silencio, sin alardes ni palabras más altas que otras.

Nos conocemos hace años. Hemos compartido confesiones, nos hemos enseñado de dentro hacia fuera con la verdad por delante y el miedo en el cuerpo de poder asustarnos. Y nos hemos aceptado. Y te conozco. Y sé quién eres, pero a ti se te ha olvidado.

No me da la gana, te lo acabo de decir. No me da la gana que olvides que fuiste un terremoto, que ibas arrancando sonrisas y marcando el paso de la universidad. No quiero que olvides que has tenido a muchos a tus pies pendientes de tu paciencia, de tu tiempo, de tu modo inocente de ver la vida.

No olvides que siempre has sido capaz de pensar en un tú antes que un yo, que mantienes la cordura pese a los golpes de la vida, que te manejas como nadie en el alambre de la crisis si perder en ningún momento los valores o la dignidad.

Y si se te olvida, ya te lo recuerdo yo. Porque has estado ahí, estás ahí y estarás ahí. Porque siempre sumas, colaboras, enriqueces y aportas. Siempre.

Porque en un mundo inmediato de sálvese quien pueda, eres un punto de referencia de sonrisa escondida que se muere por salir. No lo olvides.

Te he contado

Te he contado tantas cosas, tantas veces, de formas tan distintas. Te he contado todo y nada. No he parado de contarte cosas durante todo este tiempo, y puede que incluso sepas ya más de mí que yo. No es difícil, yo mismo me sorprendo mucho.

Y con todo lo que te he contado igual ya sabes cómo soy, o cómo no soy, que no es lo mismo, pero se parece. Bueno, eso sólo si me has escuchado. Sí, escuchado, porque me siento como esa voz en off en tu cabeza que, durante un ratito, te ha contado mis grandes verdades que parecen mentira.

A lo mejor has sabido ver lo que decía, cuándo lo decía y cómo lo decía. Has sabido leer entre líneas o darte cuenta de que lo que hay es lo que es.

Y he cambiado, lo sé. Te avisé, recuerda que te avisé, que no soy uno sólo, que hay muchos yos en mí. Pero lo que tengo claro es que me has ayudado mucho. Me has acompañado, me has escuchado, me has seguido por mis desvaríos mentales y me has regalo lo más valioso cuando he querido gritar de rabia: tu tiempo.

Me has seguido en mis saltos mortales, en mis idas de olla y en mis idas de España. Y estabas aquí a mi vuelta.

Lo confieso, me sorprendes. Me sorprende que me escuches, que me mires, que me busques, que quieras saber de mí. Me sorprendes a diario y en cualquier rincón y por muchos motivos.

¿Por qué lo haces? Muchas veces lo pienso y me da miedo preguntar. Miedo para que no te sientas mal conmigo y dejes de venir a verme, porque ahora ya te necesito. Lo siento, ya no me puedes dejar solo.

Porque haces que me asome, que te hable y te cuente. Porque no tiene sentido lo que yo hago si tú no estás ahí. Llegué a pensar que era yo el que controlaba esto. Ja. Sabes que no, y aún así sigues viniendo y me sigues sorprendiendo.

Me haces sonreír, sentirme bien con lo que hago, pensar que en este mundo de locos también tengo mi sitio. Que no soy un número, no soy uno más. Soy yo, soy Fer, soy al que vienes a ver y al que le dedicas un ratito.

Gracias

Pensamientos absurdos que tengo hoy en la cabeza

Sin un perro lobo es el cruce entre un perro y un lobo… un perro policía… uy

¿No sería más sencillo inventar el aspira hojas en lugar del sopla hojas?

El abrefácil lo inventó Dios, prueba a comerte una langosta.

Cuando llueve encongemos el cuello ¿nos creemos tortugas?

Si el llavero es para llevar las llaves… ¿tenemos que llevar el paragüero a cuestas?

En estos tiempos de lo políticamente correcto… en nada nos pintan el ajedrez de colores

Los dibujos animados eran para niños, ahora son para adultos ¿para cuándo para ancianos?

La cocina de autor se trata de reducir y reinterpretar platos… ¿el Twizzy es un coche de autor?

Si los gatos tienen siete vidas ¿por qué se preocupan tanto por ellos los bomberos?

Hay quienes dicen que las puertas son para estar abiertas, pero entonces sería un hueco, y los que dicen que son para estar cerradas, pero entonces sería un muro ¿serán para estar entre abiertas?

Si ya venden turrones… será que ya es Navidad ¿y mi paga extra?

¿Al igual ha visto la parrilla del Burger King? Yo sólo he visto el microondas.

Se supone que hay colores de invierno y de verano… ¿qué pasa que los colores emigran como los patos?

Estoy perdido, que alguien me ayude.