El caso es quejarse

por Fer Población

Nos encanta quejarnos. Eso está claro. Quejarnos por todo, así sin escatimar. La queja es una forma de vida. Si ya hablamos del tiempo la cosa se dispara. Porque hasta hace dos días hacía demasiado calor. Y eso no podía ser, porque no se disfruta del otoño, porque ya es época de comer cosas más contundentes, porque el cambio climático es una caca… ay, pero es que ahora resulta que llega el fresquete (que aún no frío) y tampoco nos hace ilusión. Qué mal tiempo hace, qué frío, qué incómodo es el viento… si no llueve protestamos por la sequía, por el campo, porque hay que limpiar el aire… si llueve protestas por el tráfico, por lo que resbalan las calles, porque te mojas…

¿Creéis que todo se limita al tiempo? Ni hablar. Si un restaurante te sirve mini raciones es que eso no llega, es que te quedas con hambre, es que eso no es comer… si las raciones son tamaño rueda de camión es que ver tanta comida agobia, es que parece que quieren cebarte, es que eso no es dar de comer, sino echar de comer.

Los dependientes de las tiendas los vemos demasiado pelotas o demasiado pasotas, los bares están demasiado llenos o demasiado vacíos, en los cines hace demasiado calor o demasiado frío.

Si hasta con la Pantoja no nos aclaramos. Cuando parecía que se libraba del pijama de rayas era un escándalo. Cuando parece que se lo van a poner nos da penita. No nos aclaramos. Pero es que no nos aclaramos ni con nosotros mismos. Hay días que nos queremos, días que nos odiamos, días que pasamos de nosotros mismos… días para todos los colores y sabores porque no  todos los días tenemos los mismos gustos.

Está claro que el caso es quejarse.

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