El invierno

por Fer Población

Llevo unos días entumecido, adormilado. Con los ojos medio abiertos quizá hartos de ver verdades a medias. Llevo unos días con la vida tamizada por la luz ténue de un sol cansado y un año que vive en el corredor de la muerte. Llevo unos días doblando el peso de la ropa, y de las sábanas.

Llevo unos días afirmando la llegada del invierno y añorando las mangas cortas. Porque tendemos a valorar lo que se ha ido, a encumbrar lo que fue y pensar que ya no se hace nada como lo de antes.

Y pienso, duermo, hablo, siento, pero todo a media luz, a medio gas, en el medio de una gran tormenta que está por llegar, pero ya se puede oler. Porque las tormentas huelen. Primero huelen y luego caen. Como la vida, que muchas veces antes de que pase algo siempre puedes olerlo. El olfato es el malo de los sentidos. Algo huele mal. La vista es la buena. Tiene buena pinta.

Llevo días asomándome al futuro con dioptrías perennes, escudriñando en una bola de cristal lo que no sé si quiero saber. Llevo días girando la cara hacia otro lado, harto de ver lo que no quiero, escuchar lo que no quiero, comer lo que no quiero, leer lo que no quiero, oler lo que no quiero. Pero llevo días pensado qué quiero. Qué quiero.

Si quieres llegar a algún sitio decide dónde quieres ir. Si quieres conseguir algo piensa qué va a ser. Los días de invierno han llegado. Se cuelan por las rendijas con un gélido aliento que te ralentiza el alma y el corazón. Los latidos se van echando de menos y el cerebro se dispersa con mil y un motivos para no hacer nada. Y juntas segundos, minutos, horas, días, pero no los disfrutas, ni los llenas, ni los vives. Sólo los juntas. Llevo días pensando si el invierno me apaga o soy yo a él.

Anuncios