Los pequeños de pequeños

por Fer Población

Hoy dando un repaso por mi infancia pensando, que es algo que suelo hacer sin querer, me he dado cuenta de todos los personajes pequeños que nos gustaban cuando éramos pequeños. A ver, que me explico, que es sencillo. Cuando éramos pequeños, jóvenes, tiernos infantes y pueriles seres humanos, la mayoría de los personajes que nos rodeaban tenían un tamaño bien reducido.

Demos una vuelta. Pensemos que teníamos los Snorkels, los Fragels, la abeja Maya, la hormiga Ferdi, David el Gnomo, los Diminutos… pero a ver ¿qué narices les pasaba a los guionistas? ¿qué tipo de complejo tenían esos hombres para tener que hacerlo todo tan pequeñito? Si era pequeño molaba y se quedaban tan anchos. Y encima todo era engañoso, poco creíble, falso. Los niños teníamos la cabeza del revés y así hemos quedado.

Nos creímos que podíamos vivir debajo del agua. Vale, sí que es verdad que en eso no han mejorado las generaciones, que ahora los niños en vez de dormir con peluches, duermen con esponjas, que no digo yo que no sea más higiénico, pero tiene menos encanto. Pensábamos que un bichito de 10 cm (con gorro) podía venir a darnos una paliza porque era siete veces más fuerte que nosotros. Que nadie nos explicó aquello de las comparaciones, las estadísticas, los tantos por cientos… que eso había que interpretarlo, pero los niños siempre hemos sido muy literales. Esos dibujos deberían venir con manual de instrucciones, como las mujeres, pero eso es otro tema.

Sufríamos una gran decepción si nos picaba una abeja. ¿Por qué Maya? ¿por qué me haces esto? Yo era tu amigo, siempre estuve a tu lado. ¿Qué he hecho mal? Suelen decir que la infancia de un niño termina cuando el gordo de rojo y los camellos de oriente se les caen a los pies. No, a los que les picó una abeja se les rompió la infancia mucho antes.

Sí es verdad que nos sentimos muy frustrados cuando comprobamos que nadie nos creía. No mamá yo no he perdido los lápices de colores, se los han llevado los diminutos. Pues nada.

Qué manía con engañarnos, con manipularnos, con jugar con nuestra ilusión. Esos guionistas, incapaces de jugar de tú a tú en el mundo de los adultos, se centraron en el mundo pequeño para ser ellos los reyes. Muy mal.

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