Mi mundo

por Fer Población

Mi mundo es peculiar. No digo que sea mejor o peor que el de nadie. En mi mundo, como en todos los mundos, hay grandes logros, grandes derrotas, pero sobretodo hay grandes personas. Mi mundo está hecho a retazos de ciudades y cosido con vivencias e historias. Algunas propias, otras prestadas, pero casi todas compartidas. Es mi mundo. Ni más ni menos.

En mi mundo puedes entrar sin llamar, porque mi mundo no es nada si no estás en él. Porque yo no soy nadie sin ti. Mi mundo es cubista, surrealista, de color pistacho, pintado de azul. Mi mundo se torna cubano, o italiano, o salmantino, o chileno… pero sigue siendo mi mundo. Mi rincón especial donde hacer mil cosas o dejar el tiempo pasar simplemente mirando lo que he construido, o lo que he derribado, según se mire.

Por mi mundo de puertas giratorias ha pasado mucha gente, algunos han querido quedarse, otros entran y salen y otros siempre han estado ahí y espero que sigan. Pero en mi mundo no se exige permanencia. Se regalan terminales libres para fidelizar clientes. En mi mundo siempre hay sitio para uno más y se despide con un abrazo al que sale. Bueno casi siempre. Porque en mi mundo, como en todos los mundos, a veces a que hacer una limpia. Porque no todo el mundo debe estar en mi mundo. Y lo sé, y a veces no me hago caso, pero lo sé.

Al final todos nos definimos por los que nos rodean. Yo soy tan bueno o tan malo como los amigos que me rodean, porque la familia te toca, pero los amigos los eliges .

Mi mundo empezó hace años (35 ya) en Salamanca. Con los alardes de hombre poco apoyados por el sombrajo bajo la nariz. Con ansias de bebernos la vida a grandes sorbos y sin miedo a las consecuencias. Porque no las había, porque nuestro mundo pequeño era cálido, seguro, protector. Y sí, puede que pequeño y limitado. Nos creímos los reyes del mundo cuando nuestro mundo no iba más allá de veinte minutos andando. Cabeza de ratón. Pero era mi mundo, y lo es, o no, ya me han hecho dudar.

Y cambié, por las cosas que tiene la vida. Mi mundo mutó y yo con él. O a lo mejor es que me fui definiendo, creando a mí mismo y descubriendo mis matices, mis rarezas, mis locuras. Porque creo que soy especial. No, no es prepotencia. También creo que tú eres especial, todos lo somos. Vale, puede que ahora estés pensando que si todos somos especiales… en el fondo no lo somos ninguno. Mal pensado. Eres una especie única en peligro de extinción, créetelo porque es verdad. Lo siento, nadie te va a proteger, tendrías que haber nacido lince.

Mi mundo se plantó en Villanueva, en Madrid en Chile… está donde estás tú. Porque te llevo conmigo, porque me acuerdo de ti. Puede que por una canción, puede que por un color, un olor, un soplahojas. Quizá no te lo diga, pero sí que me acuerdo. Que yo no sé andar si no me marcas el camino. Que tienes que darme la mano porque soy torpe, lo sabes. Y me voy a caer, y me voy a hacer daño, y me sangrarán las rodillas que ya tengo marcadas de tantos tropezones. Pero sé que me vas a levantar. Porque sujetas mi mundo, lo pintas, lo llenas.

Porque eres parte de eso que llaman familia y que estoy empezando a entender ahora, porque me has forzado a sentarme aquí delante y contar mis locuras al mundo, porque corres cuando te llamo para darme un abrizo, porque sabes que me gusta salir, beber el rollo de siempre, porque has conseguido meter una lámpara en mi maleta, porque nunca me había sentado a ver las obras de la Plaza Mayor, porque con nuestras dos espaldas no hacemos una, porque el amante cocido en breve estará de luto, porque la vida puede darle un revolcón al jarabil, pero el jarabil puede más, porque las letras que lanzas al mundo las leo como si fueran cartas para mí… por todo esto, por muchas cosas más, porque sí… mi mundo, al final, eres tú

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