Superhéroes

por Fer Población

Hoy estoy ilusionado, esperanzado, me siento como un niño pequeño en el día de los Reyes. Hoy espero ver a un hombre del que depende mi salud, mi comodidad y, en cierto modo también mi sentido del humor. Qué digo un hombre, su superhombre, un superhéroe. Hoy he quedado con el increíble calderaman. Calderaman en vos confío.

Que hay gente que tiene superpoderes, de verdad, que yo llevo cinco días mirando a la caldera con cara de bobo y lo único que he conseguido han sido ruidos y luces, pero de calorcito nada de nada. Y llega este hombre, da dos toquecitos y hala… a pasear en pantalón corto por casa tan contento.

Vale, reconozco que hay una gran diferencia entre los superhérores de las pelis, o los tebeos, y los de verdad. Los de verdad vienen con taxímetro incorporado. Que los superpoderes los tienen, pero eso de hacer las cosas por el bien de la humanidad parece que no está de moda. Ellos te solucionan el problema por un módico precio, o no tan módico.

Hay gente que es capaz de hacer cosas que a mí me sorprenden. Seguramente porque yo soy bastante torpe y cualquiera que sepa hacer algo con las manos tiene mi respeto y admiración. La gente que sabe dibujar, que sabe colgar un cuadro, que sabe arreglar una bici… yo soy torpe, lerdo, inútil, negado, incompetente. Es más fácil que acabe por estropear todo aún más y cuando llegue el verdadero experto a operar comience a gritar aquello de “lo perdemos, lo perdemos”.

Por eso yo hoy confío en calderaman… porque entre las cosas que antes he citado hay algo que también depende de él: mi masculinidad. Los gritos que llevo dos días pegando por las mañanas al meterme en la ducha no son normales. Mis vecinos deben pensar que me va el sado o algo así… pero claro diciembre y agua fría es una mezcla peligrosa. Por favor calderaman, ven al rescate.

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