Los sueños en la cama

por Fer Población

Hoy me he despertado observando los sueños de la noche desperdigados entre mis sábanas. Estaban ahí tranquilos y relajados. Quizá algo molestos por mi poco decoro de haberlos despertado y viendo poco a poco cómo iban pereciendo. Porque los sueños suelen morir al despertarse.

Con torpes movimientos he llegado hasta la noche, quitándome de encima a base de agua y jabón algunas ensoñaciones que aún se resistían a dejarme marchar. El agua de la noche te planta sin remedio en la rutina del día y las preciosas vistas con los ojos cerrados se quedan en el escritorio de windows y te muestran las imágenes grises de tu paseo al matadero.

Como ovejas, como borregos, dando un paso tras otro teniendo muy claro que haces lo que no quieres y sueñas, y ansías lo que no debes. Pero no paras. Un paso, un paso, un paso… porque todos los pasos parecen el mismo, pero cada uno te acerca más al paso final.

Ves en la calle la ropa apagada que hace juego con las caras, mustias de vida y marcadas de intentos de buscar una sonrisa en aquél enorme baúl de los recuerdos que perdiste en alguna mudanza. Perdiste el baúl, perdiste los recuerdos, perdiste las ganas de buscarlos a ambos y te perdiste con ellos.

Estás condenado a sentencia de vida, perpetua de sin sentidos que encima te permiten soñar. Nada más cruel que ponerte el caramelo a un centímetro, pero que siempre esté a ese centímetro.

Y hoy volveré a soñar, volveré a sentir, a pedir, a rogar, a pensar, a imaginar… y volveré a dejar mis sueños muriendo en mi cama, mientras me visto para pasar un día más.

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