Receta para una gran noche

por Fer Población

Lo he vuelto a hacer. Algún día me van a denunciar por crueldad con los animales. Vale, es verdad que ya está muerto, pero debo reconocer que me recreo que el bicho. Y es que algunos amigos ya saben que a mí lo que de verdad me gusta es tener el pollo más de quince horas en el horno. Me da por pensar que el pollo se asa por indirectas, por pesado, porque a él le da la gana vamos.

Es curioso. No soy una persona que tire de clichés, pero algo de cierto sí que tienen. Cuando conté a dos amigas mi receta de tortura de pollo tuve dos respuestas muy diferentes…

andaluza: eso tiene que estar de arte!!

catalana: y eso no gasta mucha luz?

Sinceramente, nunca me había planteado la electricidad que gasta un horno por hora. Igual tenía que habérselo dicho a mis amigos… os invito a un pollo asado, unas patatitas, unas setas y quince horas de horno, que oye parece que no, pero todo suma.

El pollo entró en el horno legañoso. El pobre a las seis de la mañana no sabía dónde narices iba y me miraba pensando si no estaría mejor en la cama. Después lo saludé en el desayuno y él no estaba tan mal, estaba montando una buena fiesta haciendo largos entre el vodka y el limón… el pobre pensaba que eso era una fiesta y no se vio venir el final. A la hora de la comida la cosa había cambiado. No se encontraba bien, estaba mareado, pálido, con sudores que se caían en su piscinita donde luego, sí o sí, habría de caer algún barco. Ya por la noche estaba rígido (o crujiente), vive rápido y deja un bonito cadáver… pues era precioso.

Y con el cuerpo aún caliente (recién salido del horno), no hubo más remedio que hacer la autopsia. Querido pollo… descanse en paz.

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