Patinajes navideños

por Fer Población

Hay cosas de riesgo extremo. Nos jugamos la salud así a lo loco y luego tenemos que aguantarnos con las consecuencias. Pues qué le vamos a hacer. Lo que más me preocupa es los patinazos que solemos dar, o los que nos hacen dar, o los que dan otros. La imagen de la navidad con las familias patinando sobre un estanque helado con bufandas de color rojo es igual de bucólica que irreal. Porque, al menos yo, no la he visto nunca y aparte que por mucho frío que haga no me la juego yo a dar saltitos por encima del hielo.

Pero patinar, patinamos. Esta mañana sin ir más lejos. La combinación de frío mañanero, hojas de los árboles y cuesta abajo es perversa. Si a eso añadimos el sueño de ir a trabajar ya todo se complica. Venir a trabajar es una misión suicida y por más que pido voluntarios por mi casa, Eurastio se hace el remolón y entona eso de cinco minutos más. Y otro cinco, y otros cinco…

Patinamos por las calles, patinamos con algunos regalos, patinamos con algunas personas a las que vemos demasiado, o a las que vemos demasiado poco. Patinamos con más o menos gracia, pero entre desliz y desliz vamos pasando los días.

Porque ya es Navidad, ahora ya sí. Desde que Bea ha puesto su árbol ya es oficialmente Navidad, que la experta en la materia es ella y no se me ocurre llevar la contraria.

Por mi parte, como soy algo torpe, trataré de pedir ayuda con los regalos, intentaré no pisar las hojas, ni los pasos de peatones, ni las alcantarillas de metal, pensaré en una lista de mental de personas a llamar y deberes por hacer. Aún así fijo que patino, pero espero al menos hacer con estilo.

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