Cuando la fecha no encaja con el ánimo

por Fer Población

Hora el día. Hoy tenía decidido lanzaros a todos mi mensaje navideño. Como todos los años. Y no sé si habría sido algo ñoño (que de un tiempo a esta parte parece que llevo un empacho de nubes de algodón en este blog), o si habría sido algo divertido, o algo irónico… no lo sé. No lo sé porque no he llegado a pensarlo, porque no me he lanzado a escribirlo, porque no estoy con espíritu navideño. El reno Rodolfo ha colgado el cartel de cerrado por vacaciones y ha salido pitando de más de un jersey. De esos que pican y que huelen a naftalina.

Porque en estas fechas la tele, la radio, los carteles, las personas… parecen haberse convertido en una clase de ética que se te cuela hasta en los sueños y vas marcando con lápiz rojo todo lo que has hecho para ver si eres bueno o malo. Pero si con este bombardeo algo te queda totalmente claro, es que es una época para estar con los tuyos.

Desde hace mucho tiempo os he comentado que quizá mi concepto familia es algo distinto al de los demás. Compartir sangre no es un requisito imprescindible. Prefiero a aquellos con los que he compartido vida. Y en ese grupo hay gente con galones. Capitanes generales que destacan entre mis tropas y con los que me alistaría a cualquier batalla. Hasta el infinito y más allá.

Y sé que uno de ellos, con mando en plaza, se enfrenta a una encrucijada. Que está intranquila, nerviosa, asustada. Que su cerebro vuela de punta a punta de la habitación a una velocidad que marea. Que el todo o nada no pinta grises y sí interrogantes.

Para. Deja que las cosas lleguen, que el destino dicte veredicto antes de tener que pensar en mil caminos que fijo no vamos a tener que recorrer, que ya lo dijo el poeta: “se hace camino al andar”. Espera. Pero no esperes sola, deja que ese baúl de incertidumbres nos lo carguemos entre todos a la espalda, que así es más sencillo. Soy el peor ejemplo, lo sé, pero muchas veces ya he comentado que hay que hacer lo que yo digo, no lo que yo hago.

Cuando una de las personas que más me importan está asustada yo no puedo celebrar la Navidad, al menos aún no. Eso sí, cuando lleguen las buenas noticias, que sé que van a llegar, que se prepare el indio que voy a acabar con él. La fecha no me importa, la compañía sí.

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