Querido 2014

por Fer Población

Esto es sin duda una carta de despedida. Te vas en pocos días y la verdad es que no sé si te voy a echar de menos. Bueno, en realidad sé que no te voy a echar de menos. Vale, te reconozco tu mérito, has sido algo mejor que tu predecesor, pero es que el listón lo tenías tan bajo que era mucho más sencillo saltarlo que pasar por debajo.

Entraste como un elefante en una cacharrería. Poniendo mi vida del revés, me trajiste de vuelta a empellones y me tiraste en Madrid, como el papel del regalo que sufre arrugado en el suelo consciente de que ya no vale, que ya nadie le mira, ya no luce, ya no forma parte del regalo y es sólo un estorbo del que pronto se van a deshacer.

Me metiste con calzador en la que fue mi vida dejando lejos mis muletas para que no tuviera más remedio que cojear. Y dolía. Mucho. Me sentía marcado a fuego, lleno de cicatrices que todos veían, pero nadie se atrevía a preguntar de qué eran. Puede que simplemente lo supieran y prefirieran pasar de puntillas por el tema porque muchas veces parece que si no hablamos de algo lo envolvemos en una oscura cortina que lo hace invisible. O eso nos creemos.

Vale, no voy a ser injusto contigo, no has sido muy diferente de la primera mitad del 2013, pero cuando pruebas el ibérico volver al serrano cuesta, es incómodo. Has tenido tus cosas, tus “sí quiero” y la promesa de una nueva responsabilidad que, lejos de ser una carga, es una ilusión y un orgullo, pero lo siento, las promesas se vuelven mejores cuando pasan a ser realidad. De eso se va a llevar todo el mérito el 2015.

Has pasado sin pena ni gloria, sin picos ni alardes, ni fiestas, ni dramas, sin grandes esperanzas, ni grandes decepciones. Has pasado por mi vida como la cajera de un supermercado, sin más. Sé que soy duro contigo, lo sé, pero después de conocernos durante tanto tiempo (casi un año) creo que tengo derecho a decirte las verdades.

A diferencia de estas fechas del año pasado, cuando ya asomabas por el horizonte, no le voy a dedicar al nuevo una sonrisa. Porque a ti te recibí con los brazos abiertos y esperaba más de ti. Seguramente he sido yo el culpable, por no haber sabido tratarte, o llevarte, o gestionarte. Seguro que he sido yo el que me he perdido sin moverme, esperando un movimiento que no llegó a suceder. Porque el movimiento se demuestra andando.

Lo siento, pero esta vez va a ser diferente, esta vez si el 2015 quiere abrazos que se los gane, que se los busque, que se apañe. Cansado de arco iris de colores prefiero una buena escalera para llegar un poco más arriba. No es tan glamurosa, ni tiene tanto encanto, pero sí que ayuda de verdad a subir un poco más.

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