Cosas que pienso y a pesar de ello digo

No es mi mejor virtud el filtrar mis opiniones

Mes: diciembre, 2014

Superhéroes

Hoy estoy ilusionado, esperanzado, me siento como un niño pequeño en el día de los Reyes. Hoy espero ver a un hombre del que depende mi salud, mi comodidad y, en cierto modo también mi sentido del humor. Qué digo un hombre, su superhombre, un superhéroe. Hoy he quedado con el increíble calderaman. Calderaman en vos confío.

Que hay gente que tiene superpoderes, de verdad, que yo llevo cinco días mirando a la caldera con cara de bobo y lo único que he conseguido han sido ruidos y luces, pero de calorcito nada de nada. Y llega este hombre, da dos toquecitos y hala… a pasear en pantalón corto por casa tan contento.

Vale, reconozco que hay una gran diferencia entre los superhérores de las pelis, o los tebeos, y los de verdad. Los de verdad vienen con taxímetro incorporado. Que los superpoderes los tienen, pero eso de hacer las cosas por el bien de la humanidad parece que no está de moda. Ellos te solucionan el problema por un módico precio, o no tan módico.

Hay gente que es capaz de hacer cosas que a mí me sorprenden. Seguramente porque yo soy bastante torpe y cualquiera que sepa hacer algo con las manos tiene mi respeto y admiración. La gente que sabe dibujar, que sabe colgar un cuadro, que sabe arreglar una bici… yo soy torpe, lerdo, inútil, negado, incompetente. Es más fácil que acabe por estropear todo aún más y cuando llegue el verdadero experto a operar comience a gritar aquello de “lo perdemos, lo perdemos”.

Por eso yo hoy confío en calderaman… porque entre las cosas que antes he citado hay algo que también depende de él: mi masculinidad. Los gritos que llevo dos días pegando por las mañanas al meterme en la ducha no son normales. Mis vecinos deben pensar que me va el sado o algo así… pero claro diciembre y agua fría es una mezcla peligrosa. Por favor calderaman, ven al rescate.

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Sonidos y ruidos familiares

Otra vez, ya estoy harto. El persianazo del bar de abajo con el que arranco el día me pone realmente de muy mal humor. Lo digo en serio. Después de eso, al ratito, ya empezamos con las obras del edificio de al lado, amén de los coches que no paran de pasar durante toda la noche. No hay manera. Me pego cada susto por las noches que un día de estos acabo colgado de la lámpara.

El finde pasado que estuve en Salamanca me di cuenta de cuál es el problema. Hasta los 24 años dormía en un cuarto que daba a un patio interior. Silencio, calma, paz. Y claro las cosas que vives de peque son las que te marcan toda la vida. Bueno, toda la vida a menos que se te aparezca Raúl en sueños y te haga cambiar del Barcelona al Madrid, pero esa es otra historia.

De lo que sí me he dado cuenta es que el cambiar el tono del despertador ayuda. Oye parece una tontería, pero años acumulando odio al mismo pitidito hace que las mañanas las empieces ya cabreado. Oye pues he puesto otro sonido y la cosa ha mejorado. Que vale, que no es que vaya dando saltos de alegría, ni cantando por la calle como si fuera Mary Poppins, que por cierto, si Mary Poppins volaba con su paraguas porqué siempre decimos eso de ¿es un pájaro, es un avión? no, es Superan. Sería más correcto decir es Superman, o Mary Poppins. Vamos digo yo.

El caso es que al final esos ruidos son los que nos van marcando una rutina, hasta el punto en el que si alguno de ellos desaparece o se mete en medio hay algo que chirría, algo que se desencaja. Esta mañana había un portero jugando con un soplahojas. Toma ya. Así, sin pedir permiso ni nada. Los porteros se consideran los pequeños dictadores de sus metros cuadrados. Piden peaje y pleitesía. Bueno y el aguinaldo, aunque esto se empieza a perder. Pero oye, si a mí mi empresa ya no me regala cesta (en realidad no lo ha hecho nunca) pues ellos también se quedan con las ganas. Mal de muchos…

Tengo que confesar que ahora, justo ahora, lo que realmente suenan son mis tripas. Me voy a por un pincho. Abrazos.