Bofetadas de realidad

por Fer Población

No lo voy a negar, sé que hay muchos que lo hacen, pero yo no. Cuando llego a casa al salir de la oficina me pongo un rato a ver la tele. La verdad es que no me importa mucho lo que pongas, puedo saltar de cadena o simplemente dejar algo y llegar al punto en el que se me olvida lo que estaba viendo. Realmente lo que busco es esa falsa ilusión de que alguien me habla, de una conversación. Cuando vives solo y sales del trabajo y mil cosas en la cabeza, y cada una de ellas te deja peor cuerpo que la anterior, es mejor cambiar de tema por no tener pesadillas. A falta de una persona a la que hablar… me conformo con la tele.

Pero bueno, que me voy por las ramas… ayer, en ese ejercicio que antes os he descrito, acabé con el Hormiguero. Vaya ego que tiene Motos. Es inversamente proporcional a su tamaño, y mira que yo no soy alto, pero algunas veces que me he cruzado con él por la calle, entre lo esmirriado que es, y las pintas que lleva, te asalta la duda de si pedirle un autógrafo o darle dos euros. Porque es que no hay manera de que el tío haga una entrevista. Lleva a personajes que se venden solos… para no dejarles hablar. Y por otro lado,  tiene su grupo de amigos que aparecen por el Hormiguero tanto, que para mí que ya les ha hecho contrato de colaboradores. Uno de ellos es Ferrán Adriá.

Ferrán Adriá es un genio entre fogones. Su capacidad de innovación en la cocina, su apuesta por nuevos técnicas e ingredientes, su simpleza y cercanía a la hora de trabajar por y para el comensal es un hecho. Un genio, pero entre fogones. Tenemos la absurda idea de pensar que alguien que es muy bueno en algo, lo es en otros campos. Pues no necesariamente, no tiene por qué. Cada uno en su cuadrado. Porque no pienso que Punset sea la mejor opción para preparar una paella para 50, no creo que Amancio Ortega sea un gran conocedor de las moléculas, ni Adriá es la referencia para hablar de empresas. Pero sí que lo hizo, o lo hace, Adriá, por ejemplo ayer.

Lo malo de sacar a alguien de su ámbito profesional es que hay riesgo de meteduras de pata, de que el personaje se sienta como un pulpo en un garaje, o que de lo sublime pase a lo ridículo. Por eso, cuando ves a un personaje al que siempre has respetado y admirado comentando, varias veces, que le gusta mucho el “pograma”… te llevas una bofetada de realidad.

Anuncios