Comienzos de una nueva relación

por Fer Población

Todos, o bueno casi todos, hemos tenido una relación. Cuando hablo de relación no me refiero a algo de un par de días, algo esporádico, sino a algo más serio, algo que haya durados al menos unos meses.

El caso es que cuando tienes una relación vas aprendiendo, vas creando rutinas, te vas acostumbrando a hacer las cosas de cierto modo y no te planteas que haya otros. Y así va pasando el tiempo y tú estás cómodo en tu espacio de comfort.

El problema es cuando la relación se acaba y empiezas otra. Todo cambia, todo se confunde. Las rutinas que tenías ya aprendidas se te van a la mierda y te sientes un completo inútil teniendo que volver a empezar de cero.

A mí me está pasando. En esta nueva relación que estoy ahora empezando, me estoy dando cuenta de lo mucho que me queda por aprender, y de lo torpe y bruto que uno puede ser en los principios. Que vale que es con ilusión, sin mala fe, pero torpe y bruto.

Veréis, tengo que contaros que he empezado una nueva relación… con un iPhone… después de casi dos años con un Samsung ahora me he cambiado. Y lo noto. Estamos en proceso de adaptarnos el uno al otro.

Primero es el idioma. Después de tanto tiempo con samsunés, pasar al ifonés es difícil. Que el corrector me trae loco. Cada vez que pongo algo sin mirar él lo interpreta a su manera y la persona al otro lado del whatsapp se encuentra con un genial diálogo de besugos con poco sentido o menos. Del estilo de aquella poesía de pequeños que decía:

– Buenos días camarada

– No me gusta la ensalada

. Doña liebre está usted sorda

– Usted sí que está bien gorda

– Hay que avisar al doctor…

– Siempre corro sin motor

Luego tenemos el tema de los menús. Te sientes como después de una mudanza. Sabes que está. Lo has visto. Pero no sabes dónde y te vuelves loco abriendo todos los cajones durante horas para encontrar mil y una cosas que son interesantes, pero sin duda no es lo que buscabas. Es un ejercicio de prueba error que te puede convertir en Marta (muerta) Sánchez, vamos que puedes estar desesperada (o desesperado, cada uno que se aplique lo que proceda).

¿Y los sonidos? Esa es otra. Somos auténticos perros de Paulov y lo sabes (y sino que te lo explique Julio Iglesias). Con cada sonidito ya sabes lo que pasa. Silbidito es whatsapp, pitidito es mail, vibración llamada… pues no, ya no. Te quedas delante del teléfono como un padre primerizo oyendo ruiditos de su bebé y gritando desesperado… qué te pasa, cuéntamelo!! Te asustas por las mañanas con un ruido de despertador que no es el tuyo y miras a todos lados a ver si es que alguien se ha colado en tu cuarto. Dejas que suena tu teléfono tan tranquilo pensando que es el de otro. Porque todo va por modas y ya no hay ni politonos, ni canciones ni nada, ahora ya simplemente dejamos el tono que viene por defecto y al final el defecto lo tenemos nosotros que somos capaces de reconocer cada marca de teléfono por su sonido.

Y te dicen que si cambias de móvil no pierdes las fotos, los contactos, los whatsapps… vale, si no cambias de marca de teléfono todo son ventajas y facilidades (mejor que teletienda), pero ay como seas trasfuga al estilo político y pases a dar tus votos (matrimoniales, que a veces tu contrato de permanencia dura más que algunos matrimonios) a otro. Entonces la cosa se pone peliaguda. Vamos que si quieres recuperar tu info ya puedes llamar a Liam Neeson en misión venganza, acompañado de Harrison Ford en plan Indiana Jones (pero hace veinte años), y a pesar de eso tienes menos posibilidades de recuperarlo todo que de ver a Paquirrín leyendo en una biblioteca un sábado a las nueve de la mañana.

Pero pasa el tiempo. Te vas acostumbrando a sus ruiditos, vas creando una historia de fotos, mensajes, videos… poco a poco aprendes sus rincones, sus manías… y a base de roce surge el amor.

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