Mi despiste vital

por Fer Población

Soy algo despistado. Lo siento, pero un poco sí que lo soy, no lo puedo remediar, o puede que no quiera hacerlo, eso es algo que nunca me ha quedado muy claro. Sí que es verdad que no me preocupa mucho ser despistado, vivo con ello y lo disimulo bien. Tengo trucos para tratar de reducir mi desastre propio… del estilo de poner alarmas en el móvil, dejar las llaves de casa encima de los papeles que tengo que llevar a la oficina o ponerme delante de la puerta lo que no se me puede olvidar.

Mi primera bofetada me la dieron con 14 años. De esas a mano abierta que te marcan los cinco dedos en la cara. Mi duda es… ¿las mujeres nacéis preprogramadas para saber cruzar la cara o aprendéis más tarde? ¿Quién imparte primero de bofetada… Las madres, en el colegio, las amigas? Porque armáis el brazo más rápido que CR7 la pierna… curiosamente el gesto suele ir rematado con un golpe de pelo, debe ser por la inercia, y una salida por la puerta grande si dejar derecho a réplica.

Lo que decía, mi primera bofetada me la dieron a los 14 años en Irlanda, pero no fue una bofetada importada, más bien exportada, porque fue una aragonesa la que me dejó la cara como un semáforo (en rojo claro, que en verde no tendría mucho sentido). ¿La culpa? Pues mi despiste, ya es lo he dicho. Yo, que estaba en mis mundos de Yupi, estaba hablando de una irlandesa que me parecía muy guapa (sí, guapa, que en esa época yo era inocente). Pues la aragonesa se levantó, cargó el arma y hizo pleno en mi mejilla. Mi despiste había impedido que me diera cuenta que ella quería ser protagonista de esa admiración que yo estaba expresando hacia otra. Vamos que le gustaba.

Años después mi despiste me llevó a otra situación curiosa. Tenía que enviar unos discursos a un profesor de la universidad porque al día siguiente tenía un torneo de debate (sé que suena muy yanqui, que no yonqui). El mail del profesor era eprodríguez, de Emilo Pedro… pero yo, con mis cosas, pues en vez de poner el dominio de la universidad, puse @hotmail.com. Yo soy así.

Lo curioso es que al poco rato recibí un mail, en él una chica que se llamaba Esther Pérez me explicaba que me había confundido, y que quería avisarme porque había visto que era algo urgente. Sigue habiendo gente buena. El caso es que fuimos mandándonos mails y al final Esther y yo vivíamos en Madrid, teníamos edad similar… así que decidimos quedar un día. Lo que pasó ese día es otra historia que debe ser contada en otro lugar.

Mi despiste sigue en mí. Son esas situaciones que hacen que te pares en medio de la calle y te rías. Me ría. Me ría de mí porque me lo merezco, o me lo he ganado. El mundo no es perfecto, nosotros menos, pero son esas pequeñas imperfecciones las que nos definen y nos hacen especiales. Yo os enseño las mías.

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