Pido el divorcio

por Fer Población

Ahora que San Valentín está a la vuelta de la esquina, que nos bombardean con bombones, corazones, canciones (y nos tocan mucho algo que también termina en ones), ahora que nos pintan la vida de rojo pasión y la cuenta del banco del mismo rojo, pero con distinto significado… ahora, justo ahora, ni más ni menos que ahora… yo quiero el divorcio.

Lo siento, pero estoy harto. De mí el primero. Estoy harto de discutir conmigo mismo para ganar y perder a la vez, que darle tantas vueltas a todo primero marea mucho y no permite avanzar nada. Estoy harto de verme diferente en el espejo cada mañana y no decidir si sí o si no, si blanco o si negro, si zurdo o diestro.

Me divorcio de esta ciudad. Puede que la culpa no sea tan suya como mía, que no la he sabido entender, mimar, adaptarme a sus necesidades o a su forma de hacer. Sí, seguramente es culpa mía, que se dice fácil, pero llevo cinco años aquí y no acabo yo de pillarle el punto. Pero bueno ya he dicho que me quiero divorciar primero de mí…

Mi relación con Eurastio está en crisis. Más que nada porque siento pura y fea envidia. Todas las mañanas. Cuando salgo por la puerta y pienso que él se queda, pienso en algo tan feo, pero tan español como qué cabrón. Y claro llego a casa con rencor acumulado y cualquier cosita hace que tengamos que discutir.

Mi divorcio con carrerilla continúa con mi sofá. Ya nada es como antes. Ya las horas se marchitan entre sus brazos y yo tengo a otros (sofás) en la mente. Ya no salto a verle, ni es mi primera opción. Se ha convertido en una excusa para matar el tiempo al tiempo que muere la sonrisa.

Quiero el divorcio de mi trabajo, de mi vida, de lo que debo hacer, de lo que nunca hago, de los que sé que no están, de los que no han llegado, de los que miran mal y los que no me miran. Divorcio, pero ya. San Valentín tú no me casas y Cupido métete las flechas en el… carcaj.

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