Fiestas populares

por Fer Población

Hay cosas que no entiendo, no voy a decir que me pase la vida tratando de descifrarlas, sería mentira, mentir es feo, yo soy niño bueno y no miento. Bueno pues eso, que no entiendo muchas de las fiestas populares que tenemos en España.

Y el motivo de que todas mis dudas me hayan saltado así, de repente, ha sido el post de una niña, valenciana ella, que exaltaba las Fallas y todo lo que ello conlleva. Pues yo no las entiendo. Un año trabajando para quemarlo. Me da pena oye. Luego pensando me he dado cuenta de que en el fondo los cocineros hacen un poco lo mismo. Que se pasan horas preparando algo que nosotros nos vamos a comer en menos que canta un gallo. Siempre y cuando no sea el gallo lo que tienes en el plato, que si entonces se pone a cantar yo, al menos yo, me asusto y claro, por supuesto que no me lo como.

Pero aún así me da cierta pena. Y mira que tengo fascinación por el fuego. En cierto modo todos la tenemos. No conozco a nadie que no se haya pasado un buen rato en frente de una chimenea dejando las horas correr. Si no lo has hecho deberías. Por cierto, sigo queriendo tener una chimenea, es uno de mis sueños que espero poder cumplir algún día, aunque esa es otra historia. Y ojo, que no digo que todos seamos pirómanos y queramos que arda Roma, pero el fuego tiene un punto sensual que nos atrae (fans de 50 sombras de Grey con fuego no eh, que bastante tenéis con lo que tenéis).

Pero no me pasa sólo con las Fallas, que no se me enfaden los valencianos que yo no discrimino eh. ¿La tomatina? Un desperdicio. Con lo que a mí me gusta el gazpacho y ahí están despilfarrando tomate ¿Nadie les ha dicho que con las cosas de comer no se juega? Pues si se lo han dicho se lo han pasado por el arco del triunfo vamos. Lástima de cosecha. El agricultor de tomates pro tomatina debe tener el mismo sentimiento que el constructor de monumentos para las fallas. Bueno hay una pequeña gran diferencia, el tomate se puede comer (o beber en gazpacho mmmm), pero el monumento no. Es curioso pensar que venga gente desde Australia a darse de tomatazos. Señores que son tomates, to ma tes, que recorrer medio mundo para liarse a tomatazos no tiene mucho sentido. Es como viajar a un restaurante de un rincón escondido del Perú… Para tomar un vaso de agua.

Lo de los San Fermines debería estar patrocinado por una de tantas casas de apuestas. Porque eso es una apuesta constante. Apuesta por cuánta gente se puede meter dentro de una ciudad, me comentan que han sido bien asesorados por los chinos que construyen esos hoteles a base de nichos y por los payasos que se meten doce en un seiscientos. Luego apuestas a cuánto tiempo aguantas sin dormir, a cuánto eres capaz de beber, a con cuántas eres capaz de ligar (entre una y ninguna por lo mucho que has bebido)… y lo peor de todo es que el único que gana esa apuesta es tu padre que puede entonar orgulloso el “ya te lo dije” a ver tu lamentable estado a tu vuelta.

Si vamos para abajo la cosa no mejora. Las niñas, estupendas ellas, lucen sus mejores galas, con sus lindos tacones y su mejor maquillaje… Para recorrer las calles de arena y meterse en una tienda de campaña. Grande y con lunares, vale, pero es una tienda de campaña. Después llega lo que a mí más me intriga… Con todo ese despliegue de vestido que más que mujeres parecen mesas camilla… ¿Cómo narices hacen para ir al baño? Hay obras de ingeniería más sencillas que eso. Lo de las mujeres ir de dos en dos al baño nació ahí, porque sino no van dos no hay manera de aliviarse con todos esos volantes, que en la F1 les tienen envidia.

En fin que no entiendo las fiestas populares, al menos muchas de ellas, pero vamos, que me apunto a la que sea, que tampoco entiendo los trucos de magia y no por eso me dejan de gustar.

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