¿Y si me dices que no?

por Fer Población

Los dos lo sabemos, los dos nos miramos, nos observamos, nos espiamos y tratamos de entendernos o descifrarnos. Los dos nos intuimos o tratamos de hacerlo. Sin red y sin pistas. Jugamos al mus sin señas, al tute sin contar cartas, al Cluedo sin preguntas. Apostamos a la vida y no sabemos si poner 1-x-2, pero sí sabemos que tenemos que poner algo, decir algo, pensar algo, aportar algo.

Yo voy con lo que soy, con lo que tengo, con lo que te doy. Y el pulso, tembloroso y escondido en el bolsillo se apoya en la risa nerviosa para dar un paso más. Sin saber si lo notas, si lo sabes, si lo sientes, si lo compartes.

La conversación se emborracha con las vueltas de la vida jugando al escondite y sin ganas de correr una maratón, ni media aunque la lleves regulín. Porque giramos en la rueda de la vida tratando de encontrar mi verdad en tus ojos que a veces se empañan o se cierra. Y me pierden, me asustan por ausencia, por dejadez.

Porque cuando quieres decir algo, a veces no te sale nada, porque cuando te sientes pequeño tratas de hincha el pecho con el aliento ajeno. Y quieres pedirlo, quieres tenerlo, quieres sentirlo. Calculas un sí o un no. Te asomas al precipicio y andas tanto por la cuerda floja que se aflojan las ganas de abandonar la cuerda y vives como un estúpido funambulista. Pero de los malos, de los que andan atados y no reciben aplausos. Y la miras cuando te mira por no romper el mirar. Y entre mirada y mirada tratas de entender el morse de sus párpados con menos éxito que un pigmeo en la NBA.

Y sientes que mueres de ganas de darle un beso, pero ¿y si me dices que no?

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